A las demandas de pavimentación y cordón - cuneta se agregan mayor iluminación en las calles, la llegada de la red de gas natural y la recolección de residuos. Declaran sentirse estigmatizados ante los hechos de inseguridad donde se involucra al barrio, al tiempo que demandan una mayor intervención desde Acción Social.
Pero esta carencia es sólo un indicio de problemáticas más profundas que aquejan a los habitantes de ese sector de la ciudad. Basta sentarse a charlar un rato con los vecinos, quienes enumeran una serie de limitaciones a sus derechos más elementales, para darse cuenta cómo impacta este golpe en sus autoestimas hasta llevarlos a considerarse una especie de kelpers, en el momento que se derrama mucha obra pública sobre la planta urbana y más allá también.
Además del pedido de cordón - cuneta y de asfalto, se suman un semáforo en un sector sumamente crítico para el tránsito, la recolección de residuos y la llegada de la red de gas, también quedan expuestas con gran crudeza las barreras que imponen la inseguridad, la falta de iluminación en la vía pública y el desamparo generado por la demanda habitacional, que parece crecer exponencialmente año a año.
"Discriminado del todo está este barrio. Margarita Arregui vino acá a una reunión en 2005 y nos prometió el asfalto pero ya pasaron seis años de eso. Entonces la gente se cansa de que no cumplan y ya no va a las reuniones porque está quemada de espanto", agrega Claudio para explicar las razones que impidieron reunir a un mayor número de vecinos.
Y las comparaciones entre la zona norte de Olavarría con otros sectores de la ciudad surgen en forma inevitable para explicar que "no se puede vivir más así, cuando llueve no se puede entrar en las casas. Cómo puede ser que en el barrio San Vicente levantaron un asfalto y les hicieron otro gratis, y acá nunca un buen entoscado siquiera", preguntar para entender por qué a unos tanto y a ellos tan poco.
Desidia
Aclaran que en las calles existen algunas mejoras producidas por la inquietud de los "propios vecinos", quienes "en algún sector del barrio se encargan de rellenar las cunetas pero eso no puede ser, tiene que haber otra solución". Ante la llegada de la camioneta de EL POPULAR Medios, un vecino se esperanza al ver al fotógrafo hacer unas tomas de las zonas más comprometidas y grita: "¡Qué lindo, por fin van a arreglar las calles porque esto es una vergüenza!", como si esa sola acción fuera una garantía para concretar las ansiadas obras.
Apuntan a la desidia de los funcionarios para resolver su situación y critican los métodos poco efectivos empleados hasta el momento. "Y cómo soluciona el problema el Municipio, simplemente echando un poco de granza y pasándole la máquina después. Pero cada vez que llueve pasa lo mismo, hasta cuándo van a seguir haciéndolo".
Uno de los principales motivos de ese estado calamitoso de las calles, donde la sucesión de pozos hace imposible esquivarlos a todos, es la circulación de vehículos de transporte. "Esto se soluciona de otra manera, los camiones no deberían circular por acá, tendrían que estar en otro lugar, o en la playa de camiones", sostienen.
Sin embargo, reconocen una tibia intervención desde la esfera oficial que no sirve para paliar la situación. "Hoy a la mañana (por el viernes) estuvieron trabajando las máquinas de la Municipalidad, pero rellenar con granza es como poner tierra negra, con los pozos que hay, estas calles necesitan piedra, un tipo de entoscado".
Como una extensión de las dificultades para transitar por esos caminos de tierra en época de lluvias, "las veredas tampoco existen, es lo mismo que las calles. A la calle le pasan la máquina y nada más, no se nivela ni se busca darle alguna inclinación para que se vaya el agua".
Al mismo tiempo para reducir el avance de la inseguridad, "también hacen falta luminarias, hay lugares que parecen la boca del lobo, sobre todo en calle 13, a la altura de Grimaldi y de Fassina", detallan.
Estigmatización
En ese sentido, encuentran grandes incoherencias entre su experiencia diaria y la realidad que se describe desde otra esfera de la sociedad con poder de decisión para cambiarles la vida, ya que "después vienen los políticos al barrio y se llenan la boca diciendo que el tema de la seguridad está arreglado y no es así. Puede ser que el barrio esté más tranquilo pero no se acabaron los tiros, como dicen", refutan.
Ante la sucesión de hechos delictivos en esa zona, "a la noche los remiseros no quieren ni entrar en el barrio porque los chorros venían acá a tirar los remises robados; el límite parece ser la avenida Alberdi y de ahí no quieren pasar". Pero esa estigmatización compromete a los ciudadanos comunes: "¿Y quiénes son los perjudicados por esto? Las otras noches no quisieron entrar a buscar una vecina embarazada que ya había roto bolsa y la pobre se tuvo que ir al Hospital a la una de la mañana", manifiestan con bronca.
Por si fuera poco, el panorama se vuelve más complejo "en esta época, que hace mucho frío", dado que queda al descubierto una desigualdad, "también se nota lo que es no tener gas de red porque algunos tenemos para reponer una garrafa pero hay gente que no". Ante la ola de frío polar que se extiende desde mediados de semana, "hay vecinos que prenden fuego gomas de auto para tener un poco de calor pero eso es un peligro... y hay chicos también. Los trámites para traer el gas ya están hechos pero a pesar de eso no sale la obra", reniegan.
Y enseguida afloran los inconvenientes causados por la emergencia habitacional, "como no hay más barrios, la gente está empezando a ocupar terrenos", aseguran. "A pocas cuadras de acá hay una señora con dos chiquitos que se armó una piecita con bloques, unas maderas y una lona, y viven ahí con este frío. Se los ayuda todo lo posible pero en Acción Social hay gente a la que le pagan para esto pero se quedan sentados detrás de un escritorio y no vienen nunca", denuncian.

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