La delegación La Rioja del INADI repudia los actos de violencia y discriminación de género que vivió la joven Daniela Magalí Esterlión Santander.
“Vimos como en este caso en particular, la joven además de los actos de violencia y discriminación de género, por su condición étnica, sufre una vulneración aun mayor de sus derechos”, informó la delegada del INADI La Rioja, Alejandra Romero.
“Desde el INADI creemos que hablar de violencia de género es una cuestión primordial. Este tema es uno de los ejes prioritarios para trabajar durante este año, de manera que podamos reforzar las políticas públicas que se vienen desarrollando por el Gobierno Nacional desde 2003 tendientes a revertir este flagelo”, sostuvo la delegada local, Alejandra Romero.
“Siguiendo la Ley Nº 26485, de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que éstas desarrollan sus relaciones interpersonales, entendemos por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal”, destacó Romero .
“Como lo señala el informe Buenas Prácticas en la Comunicación Pública elaborado por el Instituto sobre la temática, la violencia contra las mujeres a lo largo de todo su ciclo vital (niñas, jóvenes, adultas, adultas mayores) por motivo de su género es un fenómeno que se registra en todo el mundo y que hoy recibe una creciente atención por parte de los Estados. La violencia contra la mujer es el delito más común pero el menos castigado, y el menos registrado”, subrayó Alejandra Romero.
“El informe destaca que, los roles y estereotipos de género se sostienen a través de las estructuras e instituciones sociales, y naturalizan la desigualdad entre mujeres y varones en todos los ámbitos (familiar, educativo, sanitario, laboral, político, gremial, cultural, comunitario, religioso, sexual, etc.). En el ámbito privado, la violencia machista suele ser invisible y en general no se cuenta con testigos imparciales.
Las víctimas se encuentran en entramados emocionales- familiares que habitualmente las paralizan o les impiden tomar conciencia de la situación. Una mujer víctima de la violencia puede tardar años en enfrentarse a quien la ejerce sobre ella, a causa del miedo, la culpabilidad, falta de claridad, falta de sustentabilidad económica, y redes de apoyo para buscar la salida a las situaciones de violencia. En el ámbito público, en las instituciones, en el trabajo, en las fuerzas de seguridad, en los servicios de salud o educación, ha sido tradicionalmente invisibilizada como problemática o banalizada”, difundió.
“En este sentido consideramos que es clave el diseño de mecanismos de articulación entre los distintos organismos del estado y de la sociedad civil tendientes a efectivizar las medidas integrales de prevención, asistencia, protección y seguridad necesarias para garantizar una vida sin violencia y discriminaciones”, finalizó Romero.
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