Por: Ricardo Roa.La sexualidad en un pueblo chico puede siempre derivar en un infierno grande. Todo se sabe, se comenta y se ventila en el altar de los chismes, las acusaciones y los estigmas.
El estupro fue replicado en celulares como si fuese una película porno y contemplado sin demasiadas precauciones por mucha gente. Después se lo subió a Internet. Sexo y machismo como espectáculo y perversión: hacerlo y además mostrarlo. Y pavonearse abiertamente sin medir los costos: las imágenes llegaron a la mujer de uno de ellos. Lo echó de la casa.
En cambio, la del otro involucrado participó el jueves junto con amigos y familiares de una marcha en defensa de los tres abusadores. Reclamaron justicia, como si fuesen víctimas y no victimarios. ¿Qué pretenden: que sea legal abusar? Defienden un delito tal vez creyendo que es tan solo una inocente transgresión.
El tío de uno de ellos fue más lejos: "La acusación hay que probarla", dijo, aunque en el video se ve claramente todo. Y encima afirmó que no estaba avergonzado por lo que había hecho su sobrino: "Vergüenza deberían sentir los padres de la chica". Es demasiado, incluso para un tío.
La gente de Villegas está dividida: preparan una contramarcha a la del jueves. El escándalo crece pero el juez aún no detuvo a nadie. Y como si fuese la culpable, la chica debió irse del pueblo.
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