El valor de las palabras en el mensaje político

La importancia de los medios de comunicación y su enclave en el seno de la sociedad hace que los políticos se dejen llevar por la tentación de hablar por radios, televisión, diarios, páginas web, etc, sin medir ni analizar a conciencia qué dicen, cómo lo dicen y el valor y consecuencias del lenguaje en los receptores del mensaje.
El lenguaje nunca es neutro. Quien habla lo hace desde su propia historia, su personalidad, su experiencia comunicacional y si cumple una función política en representación de sus funciones e ideología partidaria.

El actual gobierno tiene una singular manera de comunicar. Hay escasez de ideas, antagonismo entre protagonistas y mediocridad. Quizás aún no se entendió el valor de las palabras en el mensaje político.

Alberto Weretilneck descalificó a los militantes ambientalistas que se oponen a la explotación minera con utilización de cianuro despreciando el reclamo con el argumento de que los mismos usan relojes, teléfonos y gas en sus casas y “también contaminan”. No es propio del gobernador. Una declaración desafortunada que ni siquiera puede pasar inadvertida en un intendente.

Néstor Kirchner, en el conflicto del campo con la recordada resolución 125, habló de los piquetes de las 4x4 y perdió las elecciones legislativas del 2008. Se trataba del político con mayor peso político del país.

Quizás el mandatario pecó en exagerar su alineamiento con el gobierno nacional en el tema minero y resultó “más papista que el Papa” para obtener otros beneficios. Una dosis desmedida de obediencia debida con la presidente de la Nación y su ministro de Planificación.

Y aquí el valor de las palabras, quién lo dice y cómo. El mandatario podría haber convocado al diálogo a los ambientalistas y abrir un debate para explicar y convencer sobre los alcances de la actual política minera. Sumarlos a un estudio medioambiental que analice los beneficios y las consecuencias negativas. Conducir es persuadir, decía Juan Perón.

Un gobernador gobierna para todos, sin exclusiones, no sólo para sus iguales. La razón y el diálogo deben primar, salvo que se esquive el consenso por ideología y estilos heredados.

Pero también es propio señalar que la personalidad de Alberto Weretilneck no se condice con el mensaje a los ambientalistas y pareciera lejos de reacciones destempladas o “ninguneos”. Quizás en el ex gobernador Carlos Soria se podría comprender.

Pero recordemos que cuando el mandatario habló del “microclima de Viedma”, inmediatamente salió a formular declaraciones el senador Miguel Pichetto, que si bien alertó sobre “miradas valletanas” contrarias a la capital provincial, puso paños fríos y desligó al gobernador de cualquier actitud en ese sentido.

Este accionar medido y sereno del senador se expresa también en su hijo, Juan Manuel, que se distingue de otros funcionarios de igual juventud que han hecho de la prepotencia su hacer cotidiano.

Basta mencionar la respuesta de Julián Goinhex a la legisladora Magdalena Odarda, sobre un pedido de informes relacionado con el despido de empleados en Canal 10. Fue insolente e irrespetuoso y con una pésima actuación de alter ego del extinto Carlos Soria. ¿Estas inoportunas declaraciones fueron realizadas en representación de su cargo o como representante del sorismo en el gobierno?

No entendió este funcionario que el exgobernador fundó su personalidad en 40 años de historia política y fue votado mayoritariamente por los rionegrinos.

Nuevamente aparece el lenguaje y las características del enunciador. Este mensaje tiene valor en si mismo, aún cuando se reconozca que se oculta la verdad. En una oportunidad Soria respondió enojado a un periodista que lo interrogó sobre el futuro de los agentes estatales que “me tienen podrido con los empleados” prometiendo no echar a nadie salvo a los ñoquis y vagos. El devenir de los hechos demostró todo lo contrario y el exgobernador lo sabía, pero hizo uso de su personalidad de enojo fácil para salir del paso e incluso convencer a muchos.

De esto están lejos muchos funcionarios que deben entender que no son Soria. Que las malas copias son frágiles y pocos creíbles.

José Pablo Feinmann escribió que “la política es un juego delicado entre lo que se puede y lo que no se puede hacer”. También es sabido –dice el filósofo nacional- que “si hay algo imperdonable en política es la falta de oportunidad, que es el criterio político por excelencia…”.

Hoy la comunicación es un tema para el gobierno y por supuesto para los periodistas, no sólo por el ahogo económico que se ejerce sobre los medios en las pautas publicitarias, sino porque desconoce que la mayor parte de la información que circula no es producida por el periodismo. Debe saber que en la producción noticiosa intervienen activamente otros actores, especialmente los interesados en difundir por los medios. En este tema hay “ruido en la línea”, antagonismos, áreas que se superponen y mucha prepotencia.

Una investigación de Schmidt-Lierman, Lavalle y Rovere sobre los obstáculos que encuentran los periodistas con la información oficial, señala que las áreas oficiales pertinentes en lugar de facilitar el acceso a la información la entorpecen por negativas a brindar datos, demoras, incompetencia de los voceros y oficinas que no producen información o es incompleta.

Es posible que todo esto el actual gobierno lo sepa y tenga una política comunicacional para desinformar y mantener concentrada la información en un esquema cerrado. Si es así, al menos tendría que reconocer el valor de la palabra en el mensaje político y cuidar el lenguaje.

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