El vacío de la oposición cordobesa

En Córdoba, la gestión de Juan Schiaretti cuenta con la gracia de tener una de las oposiciones más débiles desde el regreso de la democracia. Roberto Battaglino.

En tiempos en que la lupa se posa sobre la oposición nacional, en Córdoba la gestión de Juan Schiaretti cuenta con la gracia de tener una de las oposiciones más débiles desde el regreso de la democracia.

Sus antecesores pactaron (de manera explícita o reservada) con sectores de la oposición, pero siempre tuvieron alguna voz de peso que le hacía señalamientos.

Hoy, por diversos factores, se ha diluido el peso de la oposición provincial, con una gestión que todos los días ofrece un flanco nuevo.

Como ocurre en el país, en Córdoba la diáspora de los partidos ha generado un vacío que afecta cada vez más el funcionamiento institucional.

La democracia de referentes, que reemplazó a aquel debilitado y cuestionado sistema partidocrático, ha comenzado a desnudar sus falencias. Se advierte en el Congreso Nacional paralizado y se nota en la Provincia, cuyas principales figuras opositoras están actuando -precisamente- en el Parlamento.

Luis Juez y Oscar Aguad, muy posibles candidatos a disputar la sucesión de Schiaretti, tienen desde hace varios meses una agenda exclusivamente nacional. Y está bien que así sea, porque fueron elegidos como senador y diputado, respectivamente.

El tema es que su acción no tiene correlato en Córdoba. Juez casi no tiene partido (en su espacio, todos los días hay una nueva deserción) y el radicalismo sigue siendo menos que la suma de sus partes; no logra una acción política homogénea (el Comité Central se pasó varias semanas discutiendo horas y horas si debía intervenir o no un circuito que es controlado por los radicales K).

En la Legislatura, juecistas y radicales han ido perdiendo espadas de peso. Más allá de la cómoda mayoría del justicialismo, casi nada que haga el resto de las bancadas logra incomodar a la Casa de las Tejas. Los bloques opositores tienen hacia su seno una marcada dispersión interna, lo que simplifica la acción del oficialismo.

La oposición cordobesa no tiene articulada ninguna acción que le permita poner en jaque al Gobierno provincial en los cada vez más puntos débiles que exhibe.

Un sistema sanitario colapsado, crisis energética, crisis hídrica, no parecen ser suficientes para la reacción de las fuerzas no gobernantes.

Otras instituciones intermedias (ONG, cámaras empresariales, colegios profesionales, sindicatos) no tienen tampoco una postura claramente crítica hacia el Ejecutivo provincial.

Es así como se da la paradoja de que el gobernador menos votado desde la restauración democrática es el que menos resistencia encuentra para su gestión.

Mientras tanto, para que el futuro aparezca como más sombrío que el presente, los que aspiran a suceder a Schiaretti no han mostrado a un solo cuadro técnico que opine con autoridad de los temas estratégicos de Córdoba.

Lamentablemente, nos estamos acostumbrando a que lo peor está por venir.

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