La población de la localidad cordillerana aumentó 148% por año desde 2001. En temporada alta, colapsa el suministro de agua y luz. Hay un sólo cajero y cuesta conseguir garrafas.
Tanto es así que, según un estudio realizado en el Instituto de Geografía de la UNCuyo (ver aparte), se calcula que en el período 2001-2010 la población creció anualmente, en promedio, 148,14%, contando hoy con 9.000 habitantes. A esto se le suma el aumento de la presencia de turistas (1.200 plazas hoteleras formales) y de la circulación de camiones por el Corredor Internacional, que ronda los 1.000 por día.
El problema es que este desarrollo tan importante no ha sido acompañado por la infraestructura de servicios necesaria. Tanto los pobladores como personal de la Municipalidad de Las Heras admitieron que en los picos de la temporada alta -generalmente durante el invierno-, colapsan el abastecimiento de agua, lo que se advierte en la baja presión, y de la energía eléctrica, con cortes reiterados. Por otro lado, el hospital Luis Chrabalowski -el único de la Alta Montaña- no da abasto por la falta de insumos y hasta se complica encontrar efectivo, porque el cajero automático de la zona se queda sin fondos.
Estas carencias son reconocidas por el recién asumido delegado municipal, Ángel Colaiacovo: "El crecimiento de estos últimos 10 años ha sido impresionante y lo notamos porque mucha gente tiene intenciones de venir a invertir. De todas formas sabemos que falta mucho por hacer y lo consideramos un desafío", dijo el funcionario a Los Andes.
Con respecto al agua potable -que se extrae de pozo y luego se potabiliza-, sus colaboradores observaron que no es suficiente: "El agua es un problema porque está pensada para la mitad de la población. En el tiempo de Obras Sanitarias no se hicieron inversiones de ningún tipo, pero creemos que con Aguas Mendocinas el tema va a mejorar", deslizó Mohamed José, de la Oficina de Administración de Tierras Fiscales de la Municipalidad.
En lo relativo a la luz, los consultados hablaron de la falta de inversión provincial, lo mismo que sucede con el gas: "Desde el Gobierno descartaron traer la red de gas natural hasta acá porque sería muy caro, pero estamos planteando la posibilidad de incursionar en lo que se llama el ?gas virtual'. Lo que se hace es transportarlo en camiones a una planta y desde allí se distribuye en la red domiciliaria", precisó Jorge Leiva, coordinador del área de Patrimonio.
Un inconveniente que se deriva de este último punto es la dificultad para conseguir la garrafa social de 10 kilos, que cuenta con un subsidio nacional y debería costar $ 16: "Cuando llega el camión se agota inmediatamente y después hay que comprarla en los negocios que la venden casi $ 10 más cara", expuso María Delia Medina, secretaria del delegado.
Otra de las preocupaciones que desvela a los pobladores de Uspallata es la presencia de un basural a cielo abierto al pie del Cerro Siete Colores, que está siendo progresivamente eliminado.
"Antes toda la basura del valle iba a parar allí, pero ahora hemos contratado una empresa privada para la recolección que todos los viernes se lleva los desechos a Mendoza Capital", recalcó Colaiacovo, quien destacó las otras acciones que se están realizando para limpiarlo: "Nuestro personal está sacando las bolsas que están enganchadas con la jarilla, es un trabajo minucioso que se hace a mano y la idea es sacarlo todo", manifestó el representante comunal.
Auge turístico
A partir del año 2001 visitantes de distintos puntos del país comenzaron a vislumbrar a Uspallata como un lugar perfecto para unas vacaciones de relax.
"Antes era solamente una ciudad de paso hacia Chile, ahora la gente la elige para descansar. Tenemos un promedio de estadía de entre 3 y 4 noches en verano y 7 en invierno porque vienen a la nieve", señaló Germán Lisandrini, vocero de la Asociación de Comercio y Turismo de Uspallata.
Según informó, cuentan con 1.200 plazas formales entre hoteles y cabañas y unas 250 plazas informales que son pequeñas viviendas que construyen sus pobladores en sus propios terrenos y las ofrecen a los viajeros.
"En estos últimos 5 años se duplicó la oferta hotelera y gastronómica, realmente estamos notando un cambio", contó Lisandrini, dueño de una chocolatería en la zona.
"Lo único que nos falta es mayor promoción turística provincial en la Alta Montaña, porque muchos eventos no llegan hasta acá arriba", agregó.
Un complemento que ayudó a incrementar los visitantes del valle fue la inclusión de la ciudad en los programas de Turismo Social PAMI. "Es la primera vez que venimos a Mendoza y nos encanta por la tranquilidad y el paisaje. Ayer fuimos a Puente de Inca y hoy vamos a hacer un recorrido por el valle", relataron Irene Bartivos y Nicolás Grancheli, dos jubilados de Río Negro que viajaron con un grupo de la obra social mientras paseaban bajo el sol del otoño que por estos días le da un color particular y bello a Uspallata.
Vivir en el valle
"Hace un año y tres meses que decidimos venirnos a vivir acá. Más que nada por la tranquilidad y la seguridad de nuestros hijos", comentó Daniel, dueño de Almacén de Altura, una tienda que vende artículos de bazar tanto a los habitantes estables como a los turistas.
"Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, pero a nosotros nos gusta mucho", destacó el hombre, quien señaló como principal falencia y preocupación la falta de profesionales en el hospital de la zona. "El pediatra viene dos veces por semana, si mis hijos se enferman cuando no está nos enfrentamos ante un verdadero problema", subrayó.
Otra es la historia de Ítalo Traslaviña, quien vivió toda su vida en Uspallata: "Tengo una gomería desde hace 50 años a la que le agregué un comedor para camioneros", comentó. "Noto un desarrollo muy interesante desde el punto de vista del turismo, creo que la gente elige venir por la belleza del lugar, en las épocas pico faltan plazas", expresó el comerciante.
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