“Urribarri se borró”

Según Walter, hijo del desaparecido Pocho Morales, el gobernador no pisó más San Jaime ni recibió a los familiares.
No es razonable culpar a Sergio Urribarri porque en un pueblo entrerriano de no más de 5000 habitantes hayan desaparecido dos personas en un año y no haya una pista. A nadie escapa que es el poder judicial el primer responsable de esclarecer lo sucedido. Pero ello no justifica que el gobernador no de públicas muestras de que el caso le preocupa y le ocupa, ni tenga gestos personales de contención hacia los familiares. Además, la policía, de la que debe valerse la justicia provincial para investigar, depende del poder político; o sea, de Urribarri.

Los familiares de Sebastián Ortiz y Pocho Morales no han corrido la suerte de otros. No hace mucho, a la madre de Candela, la chiquita desaparecida en Buenos Aires, la recibió la presidente Cristina Kirchner. ¿Será que hay distintas categorías de desaparecidos? ¿Será que influye que ambos fueron borrados del mapa en una pequeña localidad del interior del interior, que eran de edad avanzada, pobres, de andar en bicicleta?

En San Jaime temen que haya un tercer desaparecido. ¿¡Quién puede descartarlo si ya hubo dos y no pasó nada!? También sobran rumores en voz baja. A falta de hipótesis serias, la fantasía popular se dispara en variadas direcciones: el abigeato, el narcotráfico, la mala policía...

Con voz opacada y entre silencios prolongados, Walter Morales lamentó que Sergio Urribarri no se haya acercado a una comunidad que exhibe tan dramático record: dos desaparecidos en un año y "¡en democracia!", enfatiza.

Ni siquiera el anuncio de que en los próximos días llegará un "eco scanner", conseguido "por medio del Ministerio de Justicia de la Nación" según aclara Walter, alcanza para contrarrestar la sensación de abandono y desamparo que se apoderó de los familiares.

"Dentro de poco llegarán Navidad y Año Nuevo y serán las segundas fiestas que vamos a pasar sin papá... Y... nada, está todo tranquilo. Massuh (Jefe de la Policía de Entre Ríos) nunca vino por acá. Rosatelli (Subjefe de la Policía) vino dos o tres veces y no vino más. Nadie, nadie, nadie", insistió Walter, como en una letanía.

Hubo gestiones para que Sergio Urribarri los recibiera. "Hace cuatro meses el gobernador estuvo en Chajarí, reunido con los citricultores por el tema de las heladas, y mi hermano lo encaró. Urribarri le pidió que le diera el número de teléfono a García, que lo llamaba para darle una audiencia en la semana, pero hace cuatro meses de esto y no llamó nunca. El gobernador nunca se arrimó, ni siquiera nos llamó por teléfono", reprochó el hijo de Pocho Morales.

Enseguida recordó otro intento: "Con mi prima le pedimos audiencia el 5 de diciembre, cuando nos reunimos con Massuh, y quedaron en contestarnos, pero tampoco, nunca nos contestaron. Urribarri se borró", sentenció.

"Estuvimos leyendo lo que usted escribió (en referencia a un artículo con mi firma del 6 de diciembre de 2011). ¿No podrá volver a ocuparse del tema?", me suplica una prima de Walter, dejando entrever su reclamo a los periodistas y medios entrerrianos porque también nos olvidamos de Pocho.

Me digo que es poco y nada lo que puedo hacer desde esta modesta columna, pero acepto el desafío. Supongo que eso de la democratización audiovisual que tanto predica el gobierno pasa porque los periodistas del interior nos ocupemos de la desaparición de dos entrerrianos antes que de la fragata Libertad, por ejemplo. Lo mismo vale para las autoridades provinciales: su federalismo debería reflejarse en que prioricen a San Jaime en vez de los actos en Casa Rosada para aplaudir a CFK.

Mientras Walter habla por la radio, un oyente recuerda a un tercer desaparecido en la provincia: Félix Francisco Martínez, de Concordia, alias Gino o Gigino. Nada se sabe de él desde el 12 de enero de 2012. Hay sospechas de que habría sido asesinado por manejos turbios de dineros del narcotráfico, un cáncer de progresiva metástasis en el tejido social entrerriano.

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