Los bogotanos se volvieron a inclinar por un representante del progresismo colombiano. Si le va bien con la gestión, Petro es firme postulante a la presidencia en el próximo período.
La elección del ex guerrillero Gustavo Petro como Lord Mayor de Bogotá volvió a mostrar que a pesar del escándalo que protagoniza el ex alcalde Samuel Moreno –del progresista Polo Democrático Alternativo (PDA)– por su presunta participación en actos de corrupción, los bogotanos siguen inclinados hacia las fórmulas socializantes. De otra manera no hubieran elegido a alguien como Petro, al que la derecha quiso demonizar, convirtiéndolo en un “cuco”, apoyándose en un pasado guerrillero.
Varios analistas señalaron ayer que la “gran derrotada” de los comicios del domingo fue la dirigencia el PDA, que de tener la alcaldía de Bogotá y dos gobernaciones pasó a no tener nada. Sin embargo, otros ponen primero en la lista al ex presidente Álvaro Uribe (2002-2010), una figura que aparece cada vez más comprometida con graves violaciones a los Derechos Humanos, la promoción del paramilitarismo y causas de corrupción. De siete aspirantes que contaron con el apoyo decidido de Uribe, cinco perdieron.
El segundo cargo más importante del país después del presidente, entonces, ya tiene dueño. Un hombre que nació hace 51 años en el caribeño departamento de Córdoba, quien desde adolescente mostró su inclinación por las ideas de izquierda que lo llevaron a enrolarse a los 17 años en el luego desmovilizado grupo guerrillero Movimiento 19 de Abril (M-19). Casi 23 años después de la entrega de armas del M-19, el Movimiento Progresistas, creado por Petro hace apenas siete meses, lo elevó a la alcaldía del distrito más importante del país –por su presupuesto y sus 8 millones de votantes– y, para muchos, un trampolín que puede llevarlo a la lucha por la presidencia.
Con el 32,16% de los votos, el alcalde electo logró remontar el escenario político tras vencer a viejos partidos, como el Liberal y el Conservador, y a superar su propia antigua pertenencia al PDA, que gobernaba Bogotá desde hace ocho años, en medio de escándalos de corrupción. Petro nunca fue un desconocido en la política, pero su imagen fue ganando peso desde que se lanzó a la riesgosa tarea de denunciar a varios dirigentes políticos tradicionales ligados a las mafias de la droga y al paramilitarismo.
Lo que para muchos parecía erigirse como un arma en contra –el haber pertenecido al M-19–, Petro logró convertirlo en una herramienta para llamar al “perdón” y al “amor”. Así lo afirmó en su primer discurso tras los comicios, al decir que “Bogotá no cayó en la trampa de la política del odio y la guerra eterna”. Ante la decisión de los bogotanos de seguir por el camino del progresismo, el politólogo Alejo Vargas aseguró que los resultados de las elecciones en la capital reflejan el deseo de los ciudadanos de “luchar contra la corrupción”, y Petro proyecta justamente eso, “la imagen de alguien que ha luchado contra la ilegalidad y aparece como un salvador”. <


Comentá la nota