La violencia aumenta, se abate sobre la sociedad neuquina como una niebla negra. Asesinatos, violaciones, robos violentos.
Entran a robar a un local comercial disparando a quemarropa. Fusilan al policía Sergio Acuña, que estaba haciendo unos mangos extras trabajando como adicional. Horas después, un millar de personas marcha en Zapala, reclamando más seguridad y más plata para los sueldos de la policía.
El presidente del ISSN, Marcelo Berenguer, se despierta asustado. Tiraron una molotov contra el frente de su vivienda. El fuego es apagado por vecinos que pasaban en auto, vieron las llamas, y corrieron con sus matafuegos. Berenguer hace la denuncia en la policía. Los gremialistas con quienes se pelea todos los días dicen que ellos no fueron y deslizan que es un autoatentado.
En pocos meses, hubo tres atentados con bombas molotov (si se cuenta como uno los múltiples que hubo durante la manifestación del 24 de marzo), y dos con explosivos (uno en las oficinas de LAN, otro en la obra social de los petroleros).
Valen estos apuntes como circunstancias especiales. Todos los días, se acumulan hechos aberrantes: asesinatos, robos, violaciones. Algunos de ellos, muchos de ellos, podrían haberse evitado.
Y la seguridad pública no es parte de la agenda política neuquina.
Está relegada por otras cuestiones. Está distraída por hechos aleatorios.
Los políticos están realmente ocupados en menesteres urgentes, como las internas de los partidos políticos. Si se les pregunta por la tremenda inseguridad que afecta a toda la ciudadanía (pobres, ricos, negros, blancos, hombres, mujeres, niños…muchos niños) les brotan respuestas automáticas.
Prevención, no represión.
Inclusión social.
Solidaridad.
Asociativismo.
Cooperación.
Son consignas. Lucirían bien pintadas en los muros de una ciudad sufriente, como es Neuquén. Brillan en los documentos, en las teorías, en la infinita charlatanería de sociólogos de café, de cigarrillo exprimido en la vereda.
Pero la seguridad pública no está, no figura en la agenda política real, la que se plantea para construir, para ganar elecciones, para llegar al poder, para administrar el dinero de todos, para mejorar la calidad de vida.
No es cierto, me dirá algún político, algún funcionario.
La tenemos presente.
Posiblemente. Pero es un recurso, una respuesta automática. Se saca la receta retórica de un cajón, como quien saca un expediente.
"Estimado periodista…de acuerdo con las circunstancias…léase, archívese".
Mientras tanto, la violencia, la violencia social, sí, porque es social, es humana, avanza como una niebla negra.
Pónganla en la agenda. Que esté ahí, al menos. Que se pueda discutir. Que se convierta en ley. Que haya seguridad pública. No es imposible. No es improbable. Hace falta voluntad. Convicción. Ganas de ver la realidad sin filtros burocráticos. Sin la comodidad del sueldo o de la dieta generosa, del café con bizcochitos que te banca el Estado dispendioso.
Que esté, por favor, siempre, en la agenda política neuquina el tema de la seguridad pública. No es una moda. No es una vez y ya está.
Que esté en la agenda, al menos. Es lo que nos diría que sí, que es cierto, que hemos votado para que nos representen, nos resguarden, nos contengan, nos permitan vivir.
Sin seguridad pública, la libertad es solo un deseo, una insatisfacción permanente.
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