Tamse regularizará durante la mañana su servicio. La UTA amenaza con paro general.
Un cachetazo a un chofer por parte de una mujer fue suficiente para que las líneas R5, R11 y R12 resintieran desde la tarde todos los servicios. A medida que el enojo creció entre los trabajadores, se armó en punta de línea de la Tamse una asamblea que interrumpió la salida de los coches. En un intento de solución, los directivos de la empresa estatal intentaban anoche en la cartera laboral firmar un acuerdo con los colectiveros para que se levantara la medida. Las bases, mientras tanto, decidían los pasos a seguir.
“Si no tenemos todas la garantías, los muchachos no van a salir (hoy a trabajar); las bases lo van a decir”, le dijo a Día a Día Bruno Sánchez, delegado de Tamse. Desde la cúpula del sindicato le aclararon al secretario de Transporte, Raúl Merino, que tiene un plazo de 48 horas para que se normalice la distribución de cospeles o el pago con tarjetas. En caso de que haya pasajeros que paguen en efectivo y siga la falta de fichas, la UTA ya anunció un paro en Tamse, Coniferal y Ciudad de Córdoba para el miércoles.
Merino le dijo a Día a Día que intentará buscar una alternativa de pago para hoy, pero que “de las 450 mil fichas que ingresan a diario al sistema, sólo hay 300 mil circulando”. Ello implica que alguien están reteniendo 150 mil cospeles. El intendente Daniel Giacomino barajó ayer la idea de que se puedan liberar 30 mil tarjetas para descomprimir la situación. También podría firmar un decreto para que, en forma excepcional, los choferes reciban dinero.
Cachetada y toma de colectivo por los usuarios. La bomba que ayer desató, otra vez, el enojo de los choferes y terminó con un paro en varias líneas de la Tamse, se activó cuando una mujer que abordó un colectivo en Villa Retiro y le asestó una cachetada al colectivero que no quiso cobrarle el viaje en efectivo.
Los pasajeros de esa unidad ya venían “calentitos” porque habían tenido que esperar casi una hora en la parada. En medio de la gresca, el colectivero se vio obligado a acatar las órdenes de los enojados usuarios, siempre según la versión de los delegados de la Unión Tranviarios del Automotor (UTA).
Un grupo pidió que el ómnibus desviara, y por medio de amenazas, terminó en un villa, donde más de 10 pasajeros se subieron sin abonar el boleto. Una vez liberado, el chofer fue a la punta de línea de General Mosconi y comunicó a sus delegados lo sucedido: de inmediato se activó un “parate” en las R5, R11 y R12. La cúpula de la UTA también denunció en la Secretaría de Transporte ataques menores a colectiveros de Coniferal y Ciudad de Córdoba.

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