Urbanizaciones: un antes y un después de los vecinos

El Porvenir, San Isidro y Maradona son algunos de esos nuevos conglomerados que surgieron sobre virtuales “villas miserias”. Donde antes había un entramado desordenado de asentamientos precarios, fabricados con todo tipo de material de descarte, hoy los niños corren y juegan lejos del estigma de la pobreza o la miseria, por calles delineadas y prolijas.
Los relatos de vida terminan traspasando indefectiblemente cualquier intento de tergiversar la historia, por eso, conversar con los protagonistas suele ser el mejor método para tener “sin filtros” la percepción, en primera persona, de lo que ocurre en determinadas circunstancias.

El Comercial visitó algunas de las urbanizaciones nuevas de la ciudad, donde se han reubicado familias que antes vivían en asentamientos muy precarios, la mayoría de las veces situados en esos mismos barrios.

El Porvenir, San Isidro y Maradona son algunos de esos nuevos conglomerados que surgieron sobre virtuales “villas miserias” constituidas por asentamientos precarios donde el factor común eran las carencias de todo tipo.

Donde antes había un entramado desordenado de asentamientos precarios, fabricados con plásticos, cartones y todo tipo de material de descarte, hoy los niños corren y juegan lejos del estigma de la pobreza o la miseria, por calles delineadas y prolijas.

Aunque la condición de familias humildes sigue siendo la misma, los “módulos habitacionales”, tal es el nombre de las viviendas, significan la diferencia entre vivir dignamente o estar condenados a la desigualdad social.

Las casillas, los “ranchos”, con sus intrincados senderos, entre pastizales, aguas estancadas, basurales hacia uno u otro lado hoy son un mal recuerdo. “Ni punto de comparación”, dice una de las vecinas, “hoy vivimos muy bien, no pasamos frío, tenemos luz eléctrica segura, no hay humedad, hay alumbrado público en las calles”.

De los relatos de otros tiempos, explican: “Cuando llovía el agua se escurría entre las chapas de cartón, no había forma de atajarla. Pero igual, como el piso era de tierra, si la humedad no entraba por arriba, entraba por abajo”.

En general las urbanizaciones son similares, sin embargo las viviendas se diferencian en mayor o menor medida por modificaciones y ampliaciones que las distintas familias han realizado a partir del salto cualitativo que dieron al convertirse en propietarios de su hogar.

La ornamentación con plantas alrededor de los lugares, el cercado de la propiedad con tejidos, la colocación de carteles identificatorios en los frentes, son señales del empoderamiento, entendiendo el empoderamiento como un proceso político en el que se accede a una mayor justicia social por parte de un grupo marginado de la sociedad.

Virtualmente y mucho mas allá del objetivo inmediato que es el de la vivienda digna, el poder de hacer, de ser capaz, así como de sentirse con mayor control de las situaciones hace que muchos hayan recuperado en gran medida la

iniciativa propia en sus vidas.

“Mis hijos duermen tranquilos, se bañan con agua potable, salen a jugar con sus amigos. Algo que antes era imposible, ahora nos levantamos por la mañana con otro humor” aseguró una de las moradoras.

Una de las vecinas todavía tiene un tanque para juntar agua, fabricado de manera artesanal tirado en el fondo, de las épocas donde vivía sin garantías por tratarse de asentamientos en terrenos fiscales, “Íbamos hasta el fondo del barrio para buscar agua y nos bañabamos con la latona”.

Otro de los vecinos, rellena con tierra el patio para eliminar desniveles en el terreno, tiene su vivienda desde diciembre del año pasado, “Siempre hay cosas para hacer en la casa, uno arregla algo y se encuentra con que falta hacer otra cosa”.

Hay poco o ningún tránsito vehicular, obviamente los autos son un bien de lujo para la mayor parte de los residentes por lo que los chicos van y vienen sin problemas.

Un pequeño comercio ofrece “puchero, pollo entero y trozado”, entre otras ofertas y a pocas cuadras una cubierta puesta a manera de cartel, marca la gomería del barrio, donde se reparan pinchaduras de motos y bicicletas.

Un día mas transcurre en la urbanización San Isidro, El Porvenir o Maradona, sin embargo para sus moradores es un día muy distinto a hace unos años atrás, hoy cobijados de una manera digna en su propio hogar.Delia, empleada doméstica

Delia, empleada doméstica

Delia vive en El Porvenir, una de las primeras urbanizaciones, antes vivía en una “choza” hecha con chapas de cartón y plásticos. Trabaja como empleada doméstica y se había prometido a ella misma no volver ni a la casa de sus padres ni volver a alquilar aun viviendo en el asentamiento. La vida con sus cuatro hijas fue durísima.

Sus niñas un día jugando con velas provocaron un incendio que quemó el lugar donde vivía, afortunadamente ninguna de ellas salió lastimada, sin embargo perdió las pocas cosas que tenía, las ropas, las frazadas, la cama y el lugar precario donde vivían.

Delia fue tentada por organizaciones para acampar frente a la casa de gobierno en reclamo por viviendas, pero ella decidió no hacerlo, eligió esperar.

Hoy esta como otros, en plenas modificaciones y arreglos de su casa. Sus hijas viven como ella misma lo dice “No somos ricos ni mucho menos, pero nuestra casa es un palacio para todos nosotros”.

Una “Santa Rita” enmarca el alambrado y el portón de entrada con algunas flores poniéndole el valor simbólico a “él tesoro” de la casa propia, donde la familia respira tranquilidad.

Gabina, la abuela albañil

Tiene poco más de 60 años y vive en la urbanización San Isidro. Amasa personalmente la mezcla del cemento con que ha modificado su casa y le cuenta a El Comercial sobre las que tiene proyectadas. “Tengo que arreglar unas chapas con membrana para que pueda colocarlas porque ya están viejitas”. Gabina vivía con temor porque su marido era paraguayo y en la época de los asentamientos podían sacarle su terreno. Hoy ya no piensa en eso, sino en la próxima ampliación de su casa.

Sandra, la profesora de Taekwondo

“Hace 7 meses que vivimos en el Maradona, antes vivíamos en la casa de mi suegra y con los hijos de los hermanos de mi esposo éramos un montón.

Ahora no es lo mismo, estamos ampliando para hacer la pieza de la nena en el fondo, tratamos de alquilar un tiempo pero no pudimos porque o era comer o pagar el alquiler” explicó Sandra quien tiene una beba de 1 año.

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