Los futuros bromatólogos produjeron alimentos, los comunicadores los difundieron y los martilleros los remataron. Fue en una exhibición en la que participaron 300 estudiantes.
Debieron trasladarla al primer piso, que resultó medio chico para albergar una docena de stands y más de 300 estudiantes, familiares y docentes. Pero el resultado fue un éxito, superando incluso al del año pasado.
En los mostradores se degustaban grisines, empanadas, bondiolas, suplementos dietarios, energizantes naturales y licores destilados a base de aloe vera, entre otros emprendimientos de los estudiantes de Bromatología.
A su vez, cada uno de estos productos y sus envases fueron diseñados y publicitados por los de Comunicación Visual.
Y sobre el cierre de la velada, los futuros martilleros subastaron los remanentes, obteniendo muy buenos precios para el dulce de leche de cabra, el deleite de coco y las bebidas espirituosas. “Es increíble todo lo que te puede hacer comprar un martillero”, confesó la tía de alguien, que se volvió a su casa con un surtido de comestibles y bebestibles.
Lo original y lo previsible. Esta muestra anual es parte de las actividades de cierre del ciclo lectivo. Es una herramienta eficaz y original destinada a promocionar los “terciarios” del “Monse”, a saber: Tecnicatura Superior en Bromatología; Comunicación Visual; Martillero y Corredor Público (ver La preciada salida laboral).
La interactuación de tesinas le permite, al futuro egresado, incursionar en el terreno práctico y medir las ventajas de la competitividad.
En la noche del lunes, algunos alimentos eran más requeridos que otros, no sólo por el paladar sino por el atractivo de la cajita o envoltorio. Y por el “verso” que armaron sus promotores o promotoras.
El entusiasmo de Nadia, Natalia, Lucrecia y Julia al colocar un tubérculo peruano capaz de convertir a un simple mortal en un guerrero inca, era francamente contagioso.
En cambio, el perfil de los stands , la folletería y el mensaje audiovisual, transitó dentro de lo previsible.
La tendencia nutricional ya no se aparta de lo natural y orgánico. Y los comunicadores siguen apelando a la sensualidad de la música y el movimiento para promover desde recursos acuíferos y conductas sustentables hasta queso de cabra o fitoesteroles.
Simulacros empresariales. “El simulacro de montar una pequeña empresa o una línea alimenticia es muy estimulante”, coincidieron Alejandro (20), Mateo (22) y Diego (36).
Los tres son del interior, ninguno hizo el secundario en el Monserrat y la vocación, o la necesidad de decidir una, los llevaron a inscribirse en Bromatología.
Para la muestra, estos condiscípulos urdieron su propia fórmula de palillos ricos en fibras vegetales.
Los cocinaron en una panificadora familiar, y los empaquetaron de acuerdo a las sugerencias de los que cursan Comunicación.
Se mostraron muy conformes con la carrera, porque, según dijeron, “permite trabajar en una repartición pública o en una fábrica de alimentos, además de la posibilidad de instalar una”.
La legislación actual favorece a los bromatólogos, ya que es prácticamente imposible tener un negocio del rubro sin la vigilancia y capacitación de estos técnicos.
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