Sapag emite la misma deuda que emitió Sobisch. A Neuquén hace más de cuatro años que no le alcanzan los recursos más que para pagar sueldos y mantener dificultosamente los servicios. Dos universos paralelos. En uno habita el MPN. ¿Y en el otro?
En concreto, lo que se le está planteando a los diputados es un cambio de eje significativo. De repente, para el gobierno dejó de ser prioridad el desendeudamiento, o la queja por el costo de las deudas que arrastra el Estado.
Ahora, lo importante es avanzar sin postergar más obras, e incluso hacer nuevas. Es un cambio cualitativo de política presupuestaria. Implica dos cambios de estrategia: primero, pasar de una posición de permanente defensa (el rol de víctima por cuestiones heredadas, situaciones de crisis internacionales y nacionales, etc.), al ataque y la política más “proactiva”, como se gusta decir en estos días; segundo, asumir que lo que no se haga con plata propia, es probable que no se haga nunca, es decir, dejar de depender de las promesas recicladas del gobierno nacional.
Neuquén, así, está llevando adelante una política de Estado asumida a regañadientes, de manera culposa y hasta engañosa. Lo objetivo, sin embargo, sale a la luz con una claridad prístina: Sobisch emitió bonos, al final de su tercera gestión, por 250 millones de dólares para concretar obras. Fue impiadosamente criticado, por su propio partido y por la oposición. Sapag, al final de su primera gestión, hace ahora lo mismo, incluso por la misma cantidad. Está casi cantado que será igualmente criticado, no por los mismos que criticaron a Sobisch (aunque algunos sí serán los mismos), por lo parecido de la circunstancia.
Lo más importante a considerar aquí es que en sólo cuatro años Neuquén emite 500 millones de dólares en deuda. El mensaje es clarísimo: los recursos no alcanzan para hacer obras importantes, porque apenas alcanzan para pagar los gastos propios de funcionamiento del Estado y de los servicios que presta; Nación tampoco las hace, esas obras importantes; por lo que Neuquén ha vivido agregando unos 125 millones de dólares anuales a su deuda pública, en autofinanciamiento para gestionar.
O, lo que es lo mismo, ha vendido de manera anticipada lo que queda de gas y petróleo.
Con estas decisiones ya tomadas y en parte ejecutadas, lo que queda para la situación política es evaluar los resultados de tales decisiones de Estado. ¿Han servido para mejorar la calidad de vida de la población? ¿Han sido o serán eficaces para impulsar economías opcionales a la mera extracción y producción de energía?
Son preguntas que darán vueltas retóricas en los discursos de los candidatos rumbo al año electoral 2011. Es decir, algunos les darán respuestas favorables; otros, críticas. La tarea para el periodismo y los ciudadanos de a pie, será dilucidar si conviene seguir por el mismo camino, o pegar una curva y apuntarle a otro destino.
Evaluando la cuestión desde lo más simbólico, o lo que es lo mismo, desde lo más político, puede decirse sin temor que Jorge Sapag está achicando la brecha que lo separó circunstancialmente de Jorge Sobisch, tanto en imagen como en aplicación de políticas. Sapag está más parecido a Sobisch, justo cuando se acerca el momento en que ambos confrontarán por la candidatura del MPN.
Esta rara característica de la coyuntura, tal vez es posible porque la actividad de Jorge Sobisch no solo no disminuye, sino que se acrecienta. El presidente del MPN multiplica su gestión partidaria y ya no quedan dudas que mientras alienta la “creación de cuadros políticos” y busca “los nuevos líderes” que le hacen falta al partido, está cimentando una campaña que por ahora tiene un eje principal: prometer que será un dique de contención que cortará el avance del poder de los sindicatos estatales sobre las decisiones del Estado.
Como sea, lo esencial de los dos meses que le quedan al año todavía queda pendiente, porque no se sabe cuándo serán las elecciones, más allá de que se especula con que serán en junio. En este contexto, la atención se mantiene sobre el MPN y sobre los dos referentes que marcarán su destino: Sapag y Sobisch.
El tercer elemento que juega en la situación neuquina es Néstor Kirchner, y su esposa Cristina, la actual presidenta. Ellos tienen el poder de inclinar la balanza. Ellos son los que pueden darle una mano a Sapag. Si no se la dan, se la estarán dando a Sobisch, que persiste en afirmar, sin tapujos, que “los Kirchner son unos bandidos”.
Es sugestivo, en este contexto, que aparezca como precandidata del peronismo la senadora y hermana del secretario general de la Presidencia, Nancy Parrilli. Es sugestivo que la UCR vaya camino de una posible fractura, con el quiroguismo pensando en presentar partido propio. Es sugestivo que UNE esté cada vez más inclinado a alinearse en una postura de creciente crítica hacia los K.
La política, en Neuquén, tiene universos paralelos. En uno, hay uno solo partido, que es el MPN. En el otro, el alternativo, el partido provincial solo es una leyenda, y vive agitadamente la ambición de una oposición compleja, diversa, y contradictoria, que todavía no ha decidido si seguir con sus conquistas territoriales, o animarse a conquistar el premio mayor.



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