Por Jaime RosembergDesde ambos búnkeres aseguran que la unidad es inevitable, y que tarde o temprano sellarán un acuerdo y enfrentarán juntos las cruciales elecciones presidenciales de 2011.
"La cosa está fría", definió hace unos días un dirigente cercano a Macri. Es que, a pesar de los gestos conciliatorios de uno y otro lado, la desconfianza pareciera ser el denominador común entre ambos líderes del espacio de la centroderecha. Cerca de De Narváez prevén que los problemas judiciales de Macri terminarán impidiéndole llegar con chances a las presidenciales.
En la jefatura del gobierno porteño, en cambio, afirman que De Narváez insistió demasiado en su candidatura presidencial a pesar de haber nacido en Colombia, de padres extranjeros. Y vislumbran que el diputado bonaerense podría terminar jugando dentro de la interna que necesita el ex presidente Néstor Kirchner para legitimar su candidatura presidencial.
Además, Felipe Solá, el tercero en aquella foto triunfadora del 28 de junio del año último, está hoy embarcado en su propio proyecto presidencial, bastante lejos de sus dos ex socios
La decisión -salvo imprevistos- de De Narváez de competir por la gobernación de la provincia de Buenos Aires distendió los ánimos en el macrismo. Pero Macri piensa caminar la provincia de Buenos Aires como "candidato presidencial de Pro". Y De Narváez inaugurará mañana tres locales en territorio porteño, de la mano de José Scioli y Daniel Amoroso. La lucha está abierta, aunque un final de vuelta a la unidad sea lo más probable a estas alturas.






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