Unas 4 mil personas rechazaron en Rosario el matrimonio homosexual

La Red Familia de Rosario, que agrupa a organizaciones católicas y evangélicas, entre otras, cerró ayer su acampe en la plaza Pringles junto a unas 4 mil personas y con el diagnóstico de que el inminente tratamiento en el Senado de los proyectos de unión civil y matrimonio entre personas del mismo sexo tiene "final abierto". El arzobispo de la ciudad, monseñor José Luis Mollaghan, fue de la partida aunque le puso un manto de silencio a la controversia que marca el pulso de la Argentina.
La despedida de la plaza elegida por la red para iniciar el miércoles pasado un acampe y recolección de firmas comenzó al mediodía con un locro por el 9 de Julio. Sobre las 16, la Pringles comenzó a poblarse con familias completas, adolescentes y adultos mayores, casi todos luciendo remeras o pecheras naranjas. El mismo color de los muchos globos repartidos y de los círculos de cartón colgados de los árboles con tres siluetas estampadas en blanco: las del padre, la madre y el hijo.

Según los organizadores, durante las jornadas de acampe la red entregó 15 mil folletos en mano y juntó más de 25 mil firmas. Números que, a su entender, contrastaron con la encuesta difundida ayer por La Capital, que reflejó que seis de cada diez rosarinos están a favor del matrimonio gay.

Pero la denominada "ola naranja" hará su última movida el martes, cuando marche al Congreso de la Nación, a un día del debate en el Senado, para hacer oír sus consignas, entre ellas "Quiero un papá y una mamá", en rechazo al matrimonio homosexual.

Tras el despliegue de una bandera argentina de unos cien metros de largo, y desde un escenario montado en el nacimiento de la peatonal Córdoba sobre Paraguay, de cara a una plaza que no estuvo llena (y controlada por varios policías con, sólo por azar, pecheras naranjas), los voceros de la red ratificaron que "la familia es la célula básica de la sociedad" y resaltaron la "necesidad de salvaguardar los derechos de los niños".

Luego, Juanjo Cura se despachó con una zamba y un tango (Chiquilín de Bachín). El cantante y director coral arengó al público: "¿Saben lo que están defendiendo?". Y arremetió con Honrar la vida, de Eladia Blázquez (también popularizado por Marilina Ross). Antes, la payasa Pepa había instado a "abrir el corazón para entender la familia".

La carta abierta de la red dedicada tanto a los senadores nacionales por Santa Fe, los justicialistas Roxana Latorre y Carlos Reutemann y el socialista Rubén Giustiniani, como al resto de sus pares fue leída por Nicolás Mayoraz y familia (esposa e hijos). Uno de los chicos dijo que "los niños no son instrumentos para satisfacer los deseos de los adultos".

El texto hizo hincapié en que "el matrimonio responde a un dato fundamental de la realidad humana: su condición sexuada". Y que, al defenderlo como unión permanente de un hombre y una mujer, "no se discrimina a nadie porque la ley establece los mismos requisitos y límites para todos".

Antes de subir al escenario, y en sintonía con otros referentes de la red, Mayoraz había reconocido que el debate legislativo tiene "final abierto". También instó a los senadores a "no dejarse presionar por el gobierno" y no descartó un "castigo en las urnas" en caso de que el matrimonio homosexual devenga en ley.

La presencia de Mollaghan (quien no asistió al Tedeum por el Día de la Independencia) frente al escenario no fue menor. Como tampoco su decisión de apurar el paso por Córdoba, rumbo al Arzobispado, cuando este diario quiso obtener su balance del acto. O el bajo perfil de la principal referente del movimiento, Verónica Porcelli de Baró Graf, quien un día antes había cuestionado el rol del periodismo frente al matrimonio homosexual al advertir: "Sigan alimentando la hoguera, alguno va a morir en esto".

El debate por el matrimonio gay, toda una confrontación de fuerzas, ya entró en la cuenta regresiva.

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