La tradicional celebración religiosa y folclórica que se realiza anualmente en Lavalle congregó a fieles mendocinos y a visitantes de San Juan, Chile y Uruguay.
En esa jornada, con bastante calorcito, se celebró el último de los tres días que duró la fiesta en honor a la Virgen del Rosario. Con la participación de unas 25 mil personas, entre feligreses y visitantes, se llevó a cabo esta tradicional celebración que en sus comienzos -allá por el siglo XIX- era pagana y hoy conjuga religión, música, baile y comida.
El jueves a la noche empezó a llegar gente para poblar el lugar. Con el clásico asado -y también chivito y sopaipillas-, los mendocinos que nunca faltan a la festividad que congrega, sobre todo, a los devotos de la Virgen cuyo templo es una construcción histórica, se instalaron con carpas y toldos.
Es que la Capilla del Rosario existe en el árido lugar desde hace siglos, cuando por allí había agua, cuando las lagunas (de las que hoy sólo queda su nombre) eran contenedoras de ese elemento vital de la naturaleza.
Y no sólo habitantes de todos los puntos cardinales de la provincia se acercaron a ese distrito de Lavalle. También desde San Juan, Chile y Uruguay llegaron, bien para cumplir alguna promesa, bien para simplemente disfrutar de este encuentro que hoy puede definirse como cultural. También turistas europeos han participado otros años de la festividad. Es que, tal cual cuentan los lugareños, a los extranjeros les atrae mucho saber "cómo se vive en el campo".
En ese sitio lavallino viven unas 200 familias; la mayoría son huarpes o descendientes de ellos. Hay una escuela, un centro de salud, un salón comunitario municipal, un pequeño museo y, gracias a los avances del hombre y la tecnología, también agua potable.
Además, para estos tres días que dura la celebración se acomodan, por donde van encontrando espacios libres y cómodos, puestos de comidas típicas e improvisados toldos para vender todo tipo de cosas; desde artesanías hasta ropa.
Así, las más de 20 mil personas que participaron del evento se trasladaron en camioneta, en auto, en moto, en casilla rodante y hasta a caballo. Y fueron tanto para agradecer a la Virgen como para reencontrarse con amigos, familia y compadres.
"Venimos todos los años, no faltamos ni uno solito. Unos meses antes de que llegue octubre vamos juntando la platita para poder cumplir las promesas que le hacemos a la Virgen de las Lagunas del Rosario", contaron Antonio, Ana, Margarita y Tomás, miembros de una familia que vive en Guaymallén y que asiste a la celebración desde que tiene memoria.
Mientras hacía un chivito a la parrilla, Tomás Quiroga contó a Los Andes: "Antes se venía en camión. Llenitos de tierra sabíamos llegar.
Mi papá era huarpe y vivía en esta zona. Mi familia pescaba, en ese entonces se vivía de la pesca que era abundante en las lagunas. Hoy existen otras comodidades pero nosotros nunca dejamos de venir, ya es casi una promesa. Haga frío, calor, corra viento a lo que sea, acá estamos para esta época".
A unos veinte metros de los Quiroga se instalaron tres familias provenientes de Villa Tulumaya. "Somos unas veinte personas entre grandes y chicos. No venimos por una promesa a la Virgen, sino simplemente a pasear", resumió Gabriela Muñoz, que junto a sus amigas preparaba las infaltables sopaipillas para la media tarde y que, amablemente, convidó un vaso de gaseosa fresca a esta sedienta cronista.
Peregrinación gaucha
El homenaje a la Virgen empezó el viernes a la mañana. Tempranito, a las 7, y desde la ciudad cabecera departamental partió la peregrinación gaucha que llegó a la capilla para participar de la novena, la misa y la procesión de antorchas que tuvo lugar ese día.
"Esta cabalgata se realiza desde hace unos 27 años. Además de los gauchos, vienen en sus caballos niños, mujeres y adultos mayores. Son promesantes, muy devotos de la Virgencita", comentó Claudia, que llegó en moto y se instaló en carpa a disfrutar de los festejos.
En tanto, el sábado además de otra novena y otra misa se realizó la ornamentación de los santos (también tradicional) y hubo bautismos, confesiones y bendiciones. Por la noche, el espectáculo con la actuación de Juanita Vera, Juanón Lucero y otros destacados artistas del lugar reunió a la gente que, entre copas, comidas y bailes, no paró de aplaudir y celebrar el encuentro.
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