Unas 250 familias visitaron sus futuras casas

Son los adjudicatarios del plan Progreso. Lo mismo pasó en Villa Mercedes y Merlo. El 31 le toca al Sueños.

A las tres de la tarde, mientras el sol apretaba fuerte sobre la avenida Fuerza Aérea, ya había muchas familias en la entrada del predio donde se construyen las primeras 500 casas sociales que la gestión de Claudio Poggi destinó para la capital de San Luis.

Una barrera manejada por un par de funcionarios del Ministerio de Inclusión Social y Política Habitacional los separaba momentáneamente de lo que es la ilusión de sus vidas. Esas casas que todavía muestran los ladrillos huecos seguramente les cambiaron el humor, les provocan ansiedad y hacen que se sientan más cerca del sueño que acunaron desde que se conformaron como familias y comenzaron a tener hijos.

Pacientemente formaron filas de acuerdo al número de licitación. Solidarios, los de adelante les indicaban a los que iban llegando en cuál debían ponerse.

La mayoría tenía la carpeta de preadjudicación en la mano y, los más previsores, el mapa del terreno, para saber dónde se está levantando su vivienda. No eran muchos los que tenían el papelito, ganaban en número los perdidos, que preguntaban a todo el mundo por la manzana y la casa que les correspondía visitar.

Cuando abrieron la barrera, parecían chicos que salían al recreo. Se dispersaron en busca del esqueleto de sus casas, sin reparar si estaban bien rumbeados. Personal de Alquimaq, la constructora, los esperaba en la calle interna para guiarlos y evacuar todas sus dudas. Se los indentificaba claramente por sus cascos blancos.

Otros, con amarillos, eran trabajadores que estaban levantando paredes a pesar de ser sábado y feriado.

Las preguntas más frecuentes eran: cuándo estarán listas y de qué manera se pueden ampliar. Hay que tener en cuenta que en el primer llamado se priorizaron las familias numerosas.

Jorge fue solo porque estaba interesado en medir. Con un metro extensible recorrió todos los rincones de su casa, en la manzana 1, a la que sólo separa un alambrado y una calle asfaltada de las Viviendas Productivas. "Si vengo con los chicos no puedo concentrarme. Están ansiosos, corren, tocan todo. Se quedaron con mi esposa", cuenta casi sin levantar la cabeza de sus mediciones.

A su derecha, Natalia Coria toca extasiada las columnas de su casa, que casi no tiene paredes. "La de al lado está más avanzada, pero no importa, los veo trabajar todos los días y avanzaron un montón. Y yo que no pensé que me iba a tocar este año", reconoce, rodeada de Luciana (13 años), Mauricio (8) y Lautaro (5), tres de sus cinco hijos.

Las pequeñas Lourdes (3) y Pía (2) se quedaron con el papá, Federico Montes, en el monoambiente en el que se apiñan, que pronto será parte de la historia.

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