La decisión llegó tras varios días de ambigüedades del magnate
La duda ayer era de cuánto sería el respaldo monetario que eso le aportaría a la campaña.
La decisión de Trump, un ex republicano que, hace poco, consideró pelear por la candidatura presidencial, tuvo todos los elementos de sus ya conocidos cambios de opinión.
De hecho, apenas horas antes de que se decidiera por el ex gobernador de Massachusetts, Trump dio pistas de que respaldaría a Newt Gingrich, cuyo discurso combativo y radical es más afín con el suyo.
Pero, finalmente, terminó decantándose por Romney, que, así, suma más respaldos en un momento decisivo para fortalecer sus posibilidades.
Fue un poco de oxígeno en un día difícil para el favorito, bajo fuego cruzado luego de su infeliz expresión en el sentido de que "los muy pobres" no le preocupan.
"¿Es que alguien puede creer que realmente le importan?", lo atacó, con cargada ironía, la incisiva Gail Collins desde las páginas de The New York Times. "¡Ay, no! Habla Mitt", fue el título de su texto.
La página editorial del diario también golpeó al precandidato al considerar que había sacado "las peores lecciones" de su reciente triunfo en las primarias de Florida , al zambullirse en un triunfalismo descuidado.
Del otro lado y presionado ante la necesidad de lograr cuanto antes un triunfo que oxigene su difícil panorama, el radical Gingrich recorría Nevada como impulsado por un motor fuera de borda y visitaba cuanto centro latino se ponía a su alcance.
No le será fácil: las encuestas pronostican que, mañana, en Nevada, Gingrich podría sufrir un palazo parecido al de Florida. Allí las encuestas le dan apenas el 25% de intención de voto, frente al 45% que se le atribuye a Romney, de acuerdo con un sondeo del Las Vegas Review-Journal.
Astuto, Gingrich no cometió el desatino de morder el anzuelo ante las confusas señales de Trump en el sentido de que podría respaldarlo. "No sé nada ni me ha comunicado nada", fue su respuesta cada vez que, en las últimas horas, le preguntaron al respecto.
Como Florida, el estado de Nevada, que registra un desempleo galopante y un mercado inmobiliario devastado, fue duramente afectado por la crisis económica que se ensañó particularmente con el turismo.
Poco a poco, los demócratas parecen empezar a aceptar el escenario de Romney como rival y producen mensajes para atacarlo.
"Les pido a los ricos que piensen en los pobres", clamó ayer el presidente Barack Obama. Lo hizo al defender su mentada reforma fiscal, pero la frase bien parecía hecha a medida para el favorito.
El presidente tuvo esos conceptos al pronunciar una oración religiosa, en la que fundó su llamado solidario en el mandato de "amar al prójimo como a uno mismo"; reflexión que estaba en las antípodas del desinterés por los más necesitados que admitió el favorito republicano.
No es sólo eso. En las últimas horas la imagen de Romney parece empezar a aglutinar fuerzas republicanas. Sobre todo, ante la percepción de que el panorama político se está complicando para los demócratas -con temores de más desempleo- y la conveniencia de explotar esa coyuntura con una candidatura más firme.
Un informe de la Oficina de Presupuesto del Capitolio deslizaba ayer la posibilidad de que el desempleo vuelva a niveles del 9% poco antes de noviembre. Eso implicaría una suba de medio punto respecto del 8,5% en que se encuentra ahora y, en términos de campaña, una muy mala noticia para las aspiraciones de Obama..



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