De las bodas al robo de identidad de un muerto
El caso de "A" -LA NACION no revela su identidad- ilustra lo que les ha ocurrido a numerosos argentinos indocumentados que, una vez que se fueron de Estados Unidos, no pudieron regresar y buscaron, con el penoso resultado a la vista, el truco para poder hacerlo. "Uno puede sobrevivir como inmigrante indocumentado. Pero, si te vas, sonaste. No podés volver", dice Mónica Franco, una argentina indocumentada.
La llegada de argentinos tuvo un pico enorme en lo peor de la crisis de 2001, cuando se podía ingresar con la llamada "visa waiver" que, en los hechos, implica ausencia de sello. Esto es, el poseedor de un pasaporte argentino podía entrar y permanecer en el país por tres meses sin necesidad de visa. Luego, eso se terminó.
"Con eso, se cerró el chorro de la gran entrada de argentinos", recuerda Franco. Las autoridades argentinas admitieron que, por entonces, llegó a haber no menos de 300.000 argentinos en situación de indocumentados sólo en Florida. Muchos de ellos regresaron luego a la Argentina. De ellos, un buen número intentó volver una vez más a Estados Unidos. El caso de "A" es uno de ellos, pero no el único.
En su caso, pagó el intento con semanas de prisión en el Federal Detention Center, de esta ciudad. Según pudo reconstruir LA NACION, algunos de esos días los pasó en el "chute", o celda de castigo, aislada de sus otras dos compañeras de desventura, con las que nunca llegó a cruzarse.
"Ni siquiera tener un hijo norteamericano sirve para acceder a la residencia", contó a LA NACION el abogado Rick Méndez. En el caso de "A", ella tiene un hijo de esa nacionalidad y, sin embargo, espera la deportación.
Otros, dentro del país, intentan recursos desesperados para quedarse. Entre ellos, tramitar un matrimonio por interés; esto es, acordar por una suma de dinero un enlace con un ciudadano norteamericano, de modo de acceder a la ciudadanía.
"No es tan sencillo. No porque sea caro [puede costar cerca de 10.000 dólares], pero sí es complicado sortear el interrogatorio de migraciones y luego, las complicaciones que pueden venir si la persona con la que uno se casa niega el divorcio o exige más dinero", se explicó a LA NACION.
A otros se les ofrecieron trucos peores. "A mí me propusieron que me quedara con la identidad de un muerto", contó un argentino indocumentado. "Me vendían otra identidad. Tenía que cambiar mi nombre y usar el del muerto y seguir mi vida bajo su identidad", explicó.
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