Cualquier pequeño problema se transforma en un desastre apocalíptico. Este miércoles se rompió un colectivo, y como demoraron increiblemente en moverlo unas dos horas, se produjo un atolladero de varios kilómetros en las rutas 22 y 151.
En Cipolletti, la calle Pacheco, que va desde el cruce ferroviario en el que nace la calle Mengelle hasta la rotonda de las rutas 22 y 151, quedó totalmente cubierta de vehículos. La ruta 151, que comunica Cipolletti con Cinco Saltos, registró a los pocos minutos una cola de vehículos de entre 6 y 7 kilómetros. Igual, la ruta 22 que recibe el tránsito que viene desde todas las localidades rionegrinas del Alto Valle.
Como lamentablemente siempre sucede en estos casos, la actuación de la empresa concesionaria del peaje fue nula. Durante unas dos horas el colectivo siguió detenido en medio del puente obturando el tránsito, sin que se lo sacara de allí. El tránsito se “congeló”, con un evidente malestar de automovilistas, choferes de colectivos, camioneros y toda la variada gama de sectores que transita en las primeras horas de la mañana.
La situación, evidentemente, es un síntoma apenas del colapso. No va más el tránsito, como está, entre Cipolletti y Neuquén. No se entiende por qué -más allá de las lógicas razones económicas de las empresas- no se desvía el tránsito pesado por el puente Cinco Saltos-Centenario. Menos aun, por qué increiblemente se continúa demorando la habilitación del tercer puente entre Cipolletti y Neuquén, trabado por exclusiva responsabilidad del gobierno nacional y Vialidad Nacional, después de una muy cuestionada amnistía sobre la responsabilidad de esa obra que se le concedió desde el Estado a la empresa concesionaria del peaje.
Comentá la nota