El triunfo de Gingrich altera toda la interna de los republicanos

MIAMI.- Con su contundente victoria en las primarias republicanas de Carolina del Sur , el conservador Newt Gingrich dio vuelta la campaña para elegir al adversario de Barack Obama en las presidenciales y amenaza con prolongar por varias semanas la puja que, hasta hace pocos días, se daba por definida en favor del ahora tambaleante y moderado Mitt Romney .
"Sólo yo soy capaz de vencer a Obama", se apuró a decir Gingrich, un viejo zorro de la política, tan hábil, egocéntrico y cambiante que despierta tanto temor entre el establishment republicano como entusiasmo en las bases más radicales, que ven en él el retorno de la prosa patriótica y combativa contra el "ateísmo anárquico" de los demócratas.

La popularidad del moderado Romney, en cambio, se viene desinflando. Y si bien arranca otra vez como favorito para la cuarta ronda de primarias que se desarrollará el 31 aquí, en Florida, le está pasando lo peor que le puede ocurrir a un candidato: que se hable más de un adversario que de él mismo. "Por lo pronto, lo que está claro es que la carrera puede prolongarse varios meses más, hasta entrada la primavera boreal", que empieza el 21 de marzo, diagnosticó ayer The New York Times, en una impresión ampliamente compartida por otros analistas locales.

Hasta anteanoche, cuando el triunfo de Gingrich lo dio vuelta todo, se pensaba que la coronación del candidato republicano podría estar definida, como mucho, a fines de febrero y a favor del moderado ex gobernador de Massachusetts. Ahora, sostener eso es una apuesta riesgosa.

"Ahora hay por delante largas semanas de debate para ver qué tipo de propuesta quieren hacer los republicanos para enfrentar a Obama en noviembre", sintetizó ayer quien fue titular del partido hasta enero pasado, Michael Steele.

Con todo su maquillaje populista y su prosa encendida, Gingrich apaleó a Romney en la conservadora Carolina del Sur por una diferencia de 13 puntos, mucho más de lo que proyectaba cualquier encuesta. Lo hizo con escasos recursos y gastando cinco veces menos dinero de campaña que el favorito.

Para muchos, fue poco menos que un milagro. Pero, en todo caso, es un milagro que puede continuar. Gingrich ya ni siquiera habla de Romney; mira hacia adelante y se dedica a castigar a Obama, de quien ya se considera el adversario natural.

"Es un presidente tan pusilánime que hace que [el ex presidente James] Carter parezca de temperamento decidido", disparó. "Yo no pienso en una campaña republicana, yo pienso en una campaña nacional para ganar la Casa Blanca", añadió, diferenciándose de los otros candidatos.

Astuto, incorpora en su enojo parte del discurso del Tea Party -habla de "valores" y de recortar el gasto- y también de los "indignados" de Wall Street, y carga contra el "establishment de Washington y de Nueva York", que "sólo piensa en beneficiarse a sí mismo y no a la grandeza de Estados Unidos". Con pinceladas de ese tipo, la estructura del partido tiembla, pero las bases lo adoran.

Romney, en cambio, apareció ayer derrotado y obligado a ceder, finalmente, a la presión de quienes le venían exigiendo que presentara su declaración de impuestos. "Tal vez me equivoqué al demorar tanto este tema", admitió, al anunciar que la presentará mañana.

Las sospechas por supuesta evasión fiscal y desvío de fondos hacia las islas Caimán ensombrecieron su popularidad en los últimos días y poco ayudó su reticencia a aclarar las cosas, en una actitud que ahora se ve forzado a cambiar.

Estratégicamente, Romney mantiene una enorme ventaja en dinero y organización, pero enfrenta un dilema. Gingrich resucitó su campaña con un perfil combativo en los debates, en los cuales casi mostró desprecio por Obama y los medios de comunicación. A Romney, cuyo perfil nunca terminó de seducir a las bases republicanas, le encantaría neutralizar esto reduciendo el número de enfrentamientos de ese tipo.

Hasta hace pocos días, parecía que los activistas republicanos se conformarían con Romney, pero ahora el partido no podrá evitar una puja encarnizada y quizá prolongada en busca de la candidatura presidencial. Será una profunda toma de conciencia interna para dirimir propuestas e ideas.

"Podríamos estar embarcándonos en una de las campañas electorales más largas de la historia", advirtió el politólogo Paul Sracic a la CNN. "No me disgusta para nada la idea de una larga carrera. Eso dará paso a un debate vigoroso y a un electorado más convencido", coincidió la referente del movimiento conservador Tea Party, Sarah Palin.

Presiones internas

Un problema para Gingrich es que compite en la misma franja electoral conservadora con el también aspirante Rick Santorum, que obtuvo un nada despreciable 17 por ciento en Carolina del Sur. "Tenemos una larga carrera por delante", dijo el ex senador por Pensilvania, dando a entender una vez más que, pese a sus escasas posibilidades, no piensa bajarse del caballo todavía.

Sin embargo, es probable que en los próximos días empiece a enfrentar presiones internas para que ceda a favor de Gingrich y se retire, tal como lo hizo días atrás el gobernador de Texas, Rick Perry.

Lo otro que tiene que vencer Gingrich es la desconfianza interna en su partido. No pocos recuerdan que si bien en 1995 se convirtió en un entusiasta titular de la Cámara de Representantes, cuatro años después tuvo que abandonar el cargo ante una "rebelión" de los propios republicanos, que ya no lo toleraban.

"Si Gingrich es el tipo más listo dentro de una habitación, mejor salirse de esa habitación", fue la gráfica descripción que hizo Joe Scarborough, un viejo compañero de partido que ahora presenta un programa en la cadena Msnbc.

Entre un moderado que no termina de convencer y un apasionado que genera temor entre los suyos, la disputa republicana está más interesante que nunca. El próximo paso será en Florida, convertida en la cuarta ronda electoral interna, que difícilmente sea definitoria.

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