Triple alianza anti K

Por: Alfredo Leuco.

La Presidenta identificó enemigos y va contra ellos. Sola, porque su compañía está tierna aún. Soldados y riesgos.

¿Cuál es la lógica que llevó a Cristina a desatar una guerra temprana contra los tres principales aliados que tuvo Néstor Kirchner? Esta es la pregunta que se hacen los poquitos dirigentes que hablan con ella. El ataque a Clarín, Daniel Scioli y Hugo Moyano es una triple confrontación que apunta a cambiar sus alianzas estratégicas y castigar las prácticas corruptas de las corporaciones mediática, política y sindical. La Presidenta pretende apropiarse de Papel Prensa, parir el kirchnerismo auténtico con Gabriel Mariotto y sin el gobernador bonaerense y dividir para reinar en la CGT con el mismo esquema que la CTA: una oficialista conducida por el mecánico Ricardo Pignanelli y otra opositora, con Moyano a la cabeza.

De acuerdo con el punto de observación, puede ser una batalla entre la obsecuencia y la rebeldía o entre la lealtad y la ingratitud. ¿Es el momento de afrontar semejante pulseada? ¿Justo cuando en 2012 lo único que van a crecer son los ajustes?

Máximo, el heredero presidencial, cree que hay que acelerar. Tal vez con razón, dice que Cristina nunca tendrá tanto poder como ahora. Con un verano caliente de conflictos con los pobres y tarifazos para la clase media, casi naturalmente su imagen positiva empezará a derretirse. Los más críticos piensan que Ella, tal vez encandilada por haber entrado a la historia grande como la primera mujer electa y reelecta por el voto popular, dilapida demasiado pronto y en forma innecesaria su capital político. Eso está por verse.

El manejo de los tiempos es la diferencia entre un presidente y un estadista. ¿No hay riesgo de que reaparezca el fantasma de la 125 como símbolo de una fractura social que perjudicó al Gobierno? Peor aún: ¿Es posible que la historia del infantilismo setentista se repita como tragedia? Las condiciones objetivas y subjetivas no son las mismas. Pero resucitaron demasiadas palabras que hablan de aquellos tiempos de sangre y fuego: Guardia de Hierro, fachos, imberbes, entrismo y Montoneros. Mientras, todos se autodenominan soldados, los que levantan la mano son de Moyano, y los que no son gorilas son de CFK. Quedó lejos el acto en el Luna Park, donde la juventud sindical y los jóvenes camporistas compartieron tribunas. Los dos hijos en jefe, Máximo y Facundo, intentarán enyesar lo que su madre y padre, respectivamente, fracturaron.

Vale la pena encender una luz roja en el tablero para advertir que algo se está gestando. Y para que la Presidenta tenga mayor información. Dijo que no quiere poner un diario, pero ya tiene varios. Son diarios de Yrigoyen y con un subsidio a los ricos llamado pauta oficial. Ocultan todos los temas conflictivos y así perjudican al Gobierno que quieren beneficiar. Porque después le estallan los conflictos en la mano. Si existiera aunque sea un mínimo debate puertas adentro del kirchnerismo, si sus periodistas militantes tuvieran el módico coraje de marcar algún problema de vez en cuando, tal vez Cristina hubiese dispuesto cortarle hace mucho la cabeza a Sergio Schoklender, antes de que dejara pegada como cómplice a Hebe de Bonafini en locuras y perversidades. Pero desde el primer momento, los medios K atribuyeron todo a una conspiración. Lo mismo pasó con la bronca en ebullición en la CGT. Para negar lo evidente, los periodistas subsidiados responsabilizaron al mensajero por fomentar la pelea entre Cristina y Moyano. No era una realidad, era una construcción de la corpo. La verdad es que cruje el propio moyanismo simbolizado en la figura de sus dos hijos: Pablo es el que desde el peronismo pide más leña contra Cristina y Facundo, desde el cristinismo, es el que reclama no tirar demasiado de la cuerda. Es que más allá de sus propias intenciones y deseos, la táctica ofensiva de CFK agrupó en el mismo rincón a Clarín, Scioli y Moyano. Nada es para siempre, y mucho menos cuando el peronismo y el poder mueven sus piezas en el rompecabezas. Pero hoy esos tres nombres son los únicos límites que encuentra el kirchnerismo.

Este nuevo mapa produce situaciones impensadas. El flamante ex senador Nicolás Fernández visitó a Moyano para contarle su desilusión porque Cristina lo castigó con severidad por sus errores en La Pampa. TN fue el único canal de cable que mantuvo el discurso de Moyano en Huracán mientras el resto saltó a las palabras de Cristina. TN más Moyano. No los une el amor. Pero los enemigos de mis enemigos son mis amigos. Luis Barrionuevo (CGT duhaldista) y Pablo Micheli (CTA progresista), cada uno en su medida y armoniosamente, elogiaron partes del planteo de Moyano e imaginaron un camino de “unidad en la lucha”. Para Julio Piumato, Omar Plaini y Juan Carlos Schmid fue un sapo duro de tragar que Moyano haya celebrado la “liberación” de Juan José Zanola. Ese grupo al que se podría sumar a Héctor Recalde y a Facundo Moyano es el que tiene el desafío intelectual más importante. Tienen como conductora política a Cristina, pero como líder sindical a Moyano. Coinciden con los reclamos del jefe, pero dudan de la metodología elegida. Schmid le confesó a un amigo que le dolió mucho escuchar a la Presidenta hablar de extorsión y chantaje. El ni siquiera le hizo juicio al Estado ni buscó cobrar la indemnización por el despido y la persecución que sufrió en la dictadura. Se dio por satisfecho con la reincorporación a su empleo. Y sin embargo, el día que el consejo directivo de la CGT le llevó el reclamo por el “impuesto al trabajo”, Schmid le mostró su propio recibo de sueldo para que observara los descuentos por ganancias y el comentario de la Presidenta fue: “Usted gana más que yo”.

Cristina no le debe a nadie ni uno solo de los 12 millones de votos. Está en su derecho de navegar hacia donde quiera. Pero parece que lo hace desde un lugar de mucha soledad y con cierta improvisación e impericia política. Identifica quiénes son sus enemigos y los quiere reemplazar. Pero el grupo que la acompaña es demasiado tierno todavía. Por orden jerárquico: Máximo, Boudou, Abal Medina, Mariotto y los “chicos bien” (Moyano dixit) de La Cámpora no tienen trabajo, estructura ni construcción territorial.

Son dirigentes bendecidos por Cristina por su lealtad. No son premiados por la organización popular que supieron generar ni por su nivel de representatividad. No tienen votos propios. Sepultar lo viejo es un buen objetivo. Pero es peligroso si no se tiene algo nuevo para reemplazarlo. La política repudia el vacío.

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