Las Tribus del CUC, medio siglo de un sentimiento

 Las Tribus del CUC, medio siglo de un sentimiento
Se trata del centro de estudiantes que enfrenta a Huarpes y Pehuenches. La organización -coinciden quienes pasaron por ella- fomenta el compañerismo.
El "¡Arriba los Huarpes, los Huarpes, los Huarpes!" -y su versión para Pehuenches también- cumple en 2012 medio siglo. Quienes egresaron o estudian en el Colegio Universitario Central ya habrán entendido de qué se trata ese cantito (y hasta lo habrán leído con la entonación correspondiente). Para quienes no lo hayan hecho va dirigida esta explicación: las "Tribus" del CUC celebran sus primeros 50 años en el histórico establecimiento ubicado en calle San Martín 290 y lo hacen durante todo el día de hoy con una jornada que incluirá un torneo de fútbol y una cena para egresados.

Más allá de la celebración y la efeméride en sí, en esta nota se intenta reconstruir la historia de este fenómeno que "es mucho más que un centro de estudiantes", que introduce a los adolescentes en el ejercicio cívico y democrático del voto desde hace cinco décadas, que los lleva a comprometerse y luchar por lo que quieren y que los ?cuqueros' viven y recuerdan como algo único e irrepetible en sus vidas. Y desde donde se originaron grandes cambios como, por ejemplo, el rechazo estudiantil masivo a la Ley Federal de Educación de la década del '90 y al modelo neoliberal de esa época.

Los Andes convocó a seis "caciques" (uno representando a cada década de historia de las agrupaciones) para que, en base a sus vivencias reconstruyan la historia de Tribus. Además, el aporte de la actual directora y de un grupo de alumnos que está trabajando en el libro que se editará sobre la historia de Tribus también contribuyeron para esta nota.

Sus orígenes en los '60

A comienzos de la década del '60, cuando el CUC aún estaba en el viejo y reducido edificio de la calle Rivadavia y 9 de julio, un grupo de estudiantes comenzó a organizarse con el fin de darle un lugar de esparcimiento y un espacio para que todos los jóvenes pudiesen practicar deporte. Así fue como, desde el principio, se dividieron en Huarpes y Pehuenches para participar y competir entre sí en campeonatos de fútbol, handball, softball, rugby y hasta truco. Quizá sin saberlo, con esta simple decisión, los adolescentes estaban dando inicio a una tradición incomparable.

"Esto creaba compañerismo, respeto. Al armarse los equipos nos mezclábamos y nos conocíamos más entre todos. Fomentábamos no sólo el deporte, sino el compañerismo y una rivalidad que quedaba en el juego, porque cada tribu tenía su barra: la Huarpe y la Pehuenche", rememora Néstor Granero, cacique Huarpe del año 1969 y el séptimo en la línea sucesora.

"Recuerdo desde el momento en que fuimos elegidos por los compañeros junto con Oscar Pessina (cacique Pehuenche). Fue algo muy emotivo. Todo lo que fue Tribus yo lo viví muy intensamente: la confección de distintivos, programar las actividades. ¡Y todo sin descuidar el estudio!", prosigue emocionado el ingeniero electromecánico de 61 años que cursó hasta tercer año en el viejo edificio y en 1966 fue uno de los que inauguraron el actual establecimiento.

Por aquellos años el juego de la asociación estudiantil (porque quienes han participado coinciden en que es más que un centro de estudiantes) todavía no se abría a lo social y cultural.

Lo que tampoco estaba definido aún eran los colores de cada tribu (rojo, para los Huarpes; azules, para los Pehuenches) ni los símbolos específicos (el cráneo de un carnero para los azules y un águila para los rojos). "En esa época el símbolo era uno sólo: el búho. Y estaba en Huarpes y Pehuenches. Creo que la pertenencia y el orgullo que sienten los alumnos y ex alumnos del CUC se lograron desde un principio inculcando todos esos valores y el compañerismo. Y eso no se ha cortado, ni se va a cortar, lo que lleva también a que los egresados nunca pierdan esa pertenencia”, sentencia.

En la época de la dictadura

La década del ’70 quedará marcada para siempre en la historia del país y no precisamente por acontecimientos felices. Más bien lo contrario, fue una época nefasta marcada por el temor y el terrorismo de Estado. Sin embargo, ni en esta adversidad el espíritu de las Tribus cuqueras se modificó ni caducó.

“El colegio mismo (directores y profesores) se encargó de que nosotros tratásemos de sufrir lo menos posible todo lo que estaba pasando en el país. Creo que muchos de nosotros éramos muy pichones, más allá de que había chicos que eran utilizados por los dos bandos. Tuvimos algunos profesores que desaparecieron y eso nos golpeó”, cuenta Claudio Bravín, cacique Pehuenche de 1976, año en que se instauró la dictadura militar en el país.

Entre los buenos recuerdos de Bravín permanecen aún quien era el director, Pedro Rodríguez Varas (“se lo demonizó mucho, pero era un tipo al que respetaba mucho”) y la vicedirectora, Irma Suárez. “Ella nos protegió mucho para que no nos usaran ni la izquierda ni los militares, era como una madre superiora que estaba siempre para nosotros”, rememora Bravín, quien no quiere dejar afuera de la lista de referentes a los profesores, preceptores y al jefe de ordenanza del colegio, “Don Ortiz”. “Era gente muy comprometida y preocupada”, reflexiona.

El de Claudio Bravín es un caso único en la historia de Tribus: fue cacique dos años consecutivos (1975 y 1976). “En esa época, el CUC estaba intentando hacer un curso piloto para que los chicos egresaran en quinto año, pero no prosperó. Hubo una sola promoción que egresó con cinco años y los otros quedamos. Entonces eso llevó a que yo me presentara en el ’75, cuando había pasado a quinto, y en el ’76 ya en sexto. Y gané las dos veces”, destaca.

Ya durante su gestión el abanico se había expandido y las actividades no se limitaban sólo a lo deportivo, sino que se habían incorporado acciones sociales y culturales (coprogramáticas para los sábados y talleres, entre otras).

“Jamás voy a olvidar las primaveras en la escuela Pouget, los juegos que hacíamos, a mis grandes amigos Hugo Cabezas y Antonio Luis Curi, que hice ahí. Tribus fue la mejor época de mi vida, de mi juventud”, agrega.

La hiperinflación y el búho

Con la vuelta de la democracia como hito máximo, la década del ’80 estuvo marcada por otro hito para los alumnos del CUC: la confección del emblemático mural del búho (símbolo del colegio) y la adaptación de sus nuevos colores, algo que dio mucho que hablar.

Facundo Giménez fue cacique Huarpe en el ’88 y, desde San Juan (donde vive actualmente) se hace un espacio entre sus memorias para recordar esos años.

“Fui cacique con Luis Fontana y algo novedoso que hicimos fue que pintamos el búho que está en la escalera, hasta el ’88 no había nada ahí. “Huguito” Lavandaio y Pablo López, de la promoción ’89 dibujaron el mural y dirigieron todo, los caciques sólo conseguimos los permisos y la pintura. El director era Tito Salomone y, literalmente, me dio las llaves del colegio y de la preceptoría para que estuviésemos cómodos. Queríamos sorprender a todo el colegio cuando entrara el lunes, por eso pintamos entre el sábado y el domingo. Me emocionó”, relata Facu, para quien “transitar por el CUC es una experiencia para toda la vida, te abre la cabeza y te anima a sentir que todo se puede, que podés todo”.

Un año después, en 1989, llegó el turno de Fernando Marsonet, quien sucedió a Facundo como cacique Huarpe y no la tuvo fácil: tuvo que lidiar con la híper inflación.

“Como se hacía todos los años, con la fiesta del bautismo queríamos recaudar plata para tener fondos y organizar cosas durante todo el año. Pero por ‘la híper’ tuvimos que abrir un plazo fijo a siete días y lo renovábamos todas las semanas, sacando la plata justa y necesaria, porque si no perdía el valor. Para que te des una idea de la inflación, la entrada para ir a la fiesta del bautismo, en marzo de ese año, salió 35 australes. La de la fiesta del Día del Egresado salió casi 1.000 australes y fue en octubre”, resume Marsonet, reconociendo que la inflación los tenía atados de pies y manos, pero, así y todo, se hicieron muchas cosas: ayuda a comedores, a escuelas apadrinadas de Lavalle.

Hubo dos anécdotas distintivas que quienes estaban en el CUC aquel año de seguro no olvidarán más sobre la HP 4, lista que integraba Fernando. La primera fue la construcción de una pirámide gigante en el patio de la bandera durante la semana de campaña.

“Hicimos un triciclo gigante, con dos bobinas de cable como ruedas y lo soldamos nosotros mismos. Un día llegamos los dos caciques arriba del triciclo, habíamos avanzado diez metros y se vino abajo todo. No sé como ni por qué, el Chango Díaz (uno de los ordenanza históricos del CUC) tenía una soldadora y nos pusimos a arreglarla en el mismo colegio”, cuenta el ingeniero en computación. Ésa es la segunda anécdota.

El rechazo a la Ley Federal

En 1997, los colegios dependientes de la UNCuyo fueron los primeros en aplicar el sistema Polimodal, se implementó en octavo y noveno año, y el CUC perdió uno de sus estandartes: el sexto año. Esta decisión convulsionó el ambiente y llevó a que ese mismo año los alumnos protagonizaran una toma en los establecimientos que se prolongó durante más de un mes y medio.

Gabriel Guzmán ingresó al colegio justamente en ese año y comenzó a participar de tribus en el año 1999 como delegado de Comunicación Social de la lista “Kichichientos 1” (o K-1). En 2001, Gabo fue electo cacique Pehuenche representando a la HP Huellas.

“Desde la primera vez que participé en tribus conocí y encontré mucha variedad de gente. Recuerdo que en el ’99 nos juntábamos todas las semanas a planificar cosas, a hacer los carteles que pegábamos en el bufet con los cumpleaños y a fines de ese año empezamos a planificar la otra lista: la HP Mayo. Si bien no llegamos a ser Tribus, en esa lista aprendimos a laburar en serio. Buscamos gente, lugares para trabajar, material, pintura, reciclamos cosas inservibles para usar en la campaña, caminamos en busca de sponsors para las revistas y remeras, íbamos al colegio en vacaciones. Ahí aprendí todo”.

Al igual que todos los que estudian (o estudiaron) en el CUC, Gabo destaca la amistad y los valores que le dejó Tribus. “La impotencia a veces de no poder hacer y cumplir todo lo que querés, el esfuerzo. Como cacique aprendí a luchar por las cosas que creo justas, a hablar frente a mucha gente. Esto te queda para toda la vida, te deja un sentido de pertenencia que no te lo olvidás más”, agrega.

Como anécdota inolvidable, Gabo siempre recordará el año en que le fue “infiel” a su sangre Pehuenche. “Fue en 2000, con la HP Mayo. Teníamos escasez de Huarpes en la lista y fui como Jefe de concejo Huarpe en la lista”, se sincera.

La nueva generación

Delfina Viancarlos tiene 17 años, está en tercero del Polimodal de Ciencias Naturales y es la actual cacique Pehuenche del CUC, electa con la lista HP Marimba.

“Tribus abarca gran parte de mis tiempos y me encanta que así sea, invertir mi tiempo en ello. En lo personal he crecido muchísimo, aprendí a organizarme como persona y también me he dado cuenta de que Tribus somos todos, no sólo una lista o los que estamos en algún puesto. Pienso como líder”, se confiesa la joven.

La pertenencia también es algo que acompañará por siempre a Delfi y eso lo tiene bien claro. “Vivís cosas muy fuertes, aprendés mucho. Y eso de encontrarte con un egresado y lo primero que le preguntás es si es Huarpe o Pehuenche, son cosas son muy lindas”, sentencia.

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