La justicia citará a empleados municipales en la investigación por el comercio de restos humanos. Los sepultureros quedaron imputados.
Los sospechosos, cuyos datos se mantienen en reserva, fueron filmados con una cámara oculta, material que una vez más confirma que una imagen vale más que mil palabras. “Ponélos en la riñonera” o “cuidado con los controles”, son las recomendaciones que los sospechosos le dieron a los falsos clientes.
Mientras un equipo de antropólogos analiza los restos óseos secuestrados en el allanamiento de anteayer, el fiscal Fernando Cartasegna y su equipo de instructores trabaja en la prueba testimonial y en esa línea “no se descarta llamar a declarar a funcionarios municipales”, explicó Cartasegna, quien aclaró que “aún no se determinó” si las citaciones “serán como testigos o procesados”.
Uno de los aspectos que más llamó la atención fueron los precios de venta de los restos humanos. En la filmación se ofrecen fémures a ochocientos pesos, otras piezas menores por ciento cincuenta pesos, aunque por un esqueleto completo la suma ascendía a cuatro mil pesos.
Los huesos eran acopiados en una tumba ubicada en la parte trasera de la casa de los sepultuteros.
Otra de las luces de alerta que se encendió en la investigación abierta es la posibilidad que se trate de un caso que esté “relacionado con el tráfico de órganos, si bien es prematuro, no lo descartamos”, explicó el fiscal Cartasegna ante la consulta de este diario.
La cámara oculta en la que se ve a los sepultureros en plena transacción comercial de huesos llevó al fiscal Cartasegna a pedir la orden de allanamiento avalada por el juez de Garantías Juan Pablo Masi.
Un llamado anónimo a la línea de emergencias 911 advirtió que en el Cementerio de La Plata se vendían huesos de cadáveres.
Comentá la nota