Por Cesar Gonzalez Calero |
CIUDAD DE MEXICO.- Cuando Enrique Peña Nieto, el presidente electo de México, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), se siente en su despacho de la residencia oficial de Los Pinos, deberá tomar aire, respirar profundamente y afrontar una realidad nada complaciente: un país asediado por el narcotráfico y con una pobreza que afecta a casi la mitad de sus 112 millones de habitantes.
Pero si el combate al crimen organizado y la erradicación de la pobreza son urgentes, hay otra tarea pendiente y sin cuya resolución no se podrán resolver las dos anteriores: la regeneración democrática.
Muchos mexicanos confiaron hace 12 años en el conservador Partido de Acción Nacional (PAN) para afrontar ese reto. Pero ni Vicente Fox -que desalojó del poder al PRI luego de siete décadas de hegemonía- ni su sucesor, Felipe Calderón, respondieron a las expectativas creadas. Y ese fracaso, junto a la fallida guerra contra el narcotráfico, le costó ahora a la derecha mexicana un descalabro electoral "mayúsculo", en palabras del presidente de esa formación, Gustavo Madero.
Las elecciones celebradas en México anteayer llevaron al PRI al poder después de 12 años en la oposición. Un PRI que insiste en que no habrá "regreso al pasado", en clara referencia a los recelos que inspira en más de la mitad de la población, aquellos que no lo votaron.
En su primera intervención pública luego de la divulgación de los resultados preliminares, Peña Nieto se comprometió a buscar la unidad de todas las fuerzas políticas para acometer ese saneamiento institucional que tanto precisa el país. Habrá que ver si lo cumple.
Sus credenciales políticas como gobernador del estado de México (2005-2011), el más poblado del país, generan muchas dudas al respecto. El líder del PRI no buscó entonces pactos con otros partidos. Y una de sus propuestas más criticadas durante la campaña fue su intención de implantar una ley para que el partido que ganara las elecciones gozara automáticamente de mayoría en el Congreso.
De momento, los resultados en las elecciones de anteayer (en las que también se renovaban las dos cámaras legislativas, las alcaldías y algunos gobiernos provinciales), no otorgan al PRI mayoría ni en la cámara de Diputados ni en el Senado. Según las últimas cifras, Peña Nieto obtuvo el 38% de los votos, seis puntos más que el candidato izquierdista Andrés Manuel López Obrador.
La inseguridad que genera el crimen organizado es hoy la principal preocupación de los mexicanos. Y en la expansión de los carteles desde sus feudos tradicionales (Chihuahua, Sinaloa, Michoacán, etcétera) a otras zonas del país tiene mucho que ver la corrupción, un cáncer que hizo metástasis en todos los estamentos institucionales del país, desde los gobiernos locales a la policía y el ejército.
El reciente tiroteo registrado en el aeropuerto internacional de Ciudad de México es un ejemplo más de esa connivencia entre el hampa y la policía. Tres agentes murieron cuando fueron a detener a varios policías ligados al narcotráfico.
Ni pactos ni tregua
La guerra contra los carteles emprendida por Calderón dejó el país sembrado de cadáveres (cerca de 60.000 desde diciembre de 2006). Su gobierno optó, sin mucho éxito, por militarizar los "focos rojos" del país y luchar cuerpo a cuerpo con poderosas organizaciones, como los carteles de Sinaloa, los Zetas o la Familia Michoacana.
Durante la campaña electoral, ninguno de los candidatos ofreció alternativas convincentes a esa estrategia de mano dura. Ayer, Peña Nieto ofreció algunas pistas sobre sus intenciones. Ni pactos ni tregua al narcotráfico. Es decir: la guerra continúa.
Para el escritor Sergio González Rodríguez, uno de los mayores expertos en narcotráfico en México, el problema de fondo no es criminológico. "Todos los candidatos soslayaron el problema máximo de México: la quiebra del Estado de derecho, la carencia del imperio de la ley. El nuevo gobierno tendrá que replantearse el reto de combatir al crimen organizado y, al mismo tiempo, contener la violencia, la falta de respeto a los derechos humanos por parte de las fuerzas armadas, y desarticular los grandes negocios ilícitos que trae consigo el narcotráfico", señala el autor del libro Huesos en el desierto.
La pobreza es otro de los grandes males de México. Y no para de avanzar. En los últimos años del mandato de Calderón, el número de pobres pasó de 48,8 a 52 millones, un 46,2% de la población.
La relativa estabilidad macroeconómica que logró el mandatario no repercutió en una mejor distribución de la riqueza. Y la pobreza es el suero del que se alimenta el narco.
El déficit educativo de México completa un cóctel explosivo. Una legión de jóvenes sin estudios y con empleos informales conforman la infantería de sicarios de los carteles, que pagan en efectivo y sin recibos de honorarios una buena suma de dólares por cada muerto de una banda rival.
El círculo íntimo
Luis Videgaray
Coordinador de campaña
En el PRI desde hace 25 años, fue secretario de Finanzas del estado de México en la gestión de Peña Nieto; es su hombre de mayor confianza.
Miguel Angel Osorio
Coordinador de estrategia
Ex gobernador de Hidalgo y uno de los mejores amigos de Peña Nieto, tuvo a su cargo toda la operación política de la campaña.
Erwin Lino
Secretario particular
Es uno de los hombres con mayor llegada al presidente electo y fue uno de los operadores políticos más activos durante la campaña electoral del PRI.
Ildefonso Guajardo
Relaciones empresariales
Diputado federal y presidente de la Comisión de Economía de la Cámara baja, coordinó la vinculación empresarial en el equipo de campaña.
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