A tres días de su internación CFK enfrenta la crisis más vergonzosa en su provincia

La situación política desatada en Santa Cruz, a partir de los malos manejos que realizaron practicantes políticos de la agrupación La Cámpora, pusieron al gobernador Daniel Peralta y a la presidenta Cristina Fernández en un ring side donde quien tiene la fuerza es la presidenta y quien marca los tiempos de la pelea es Peralta.

Hasta donde se sabe el gobernador sigue en Río Gallegos, diagramando el nuevo gabinete que se le desmembró a partir de la renuncia de varios funcionarios, ordenada por la fracción política liderada por Máximo y Rudy. Así planteada la situación, todo hace pensar que el gobernador, lejos de calcular su renuncia, iniciará su nuevo mandato apoyándose en quienes sostienen su gestión y, obviamente, no quieren ser parte de un aparato destituyente en Santa Cruz, como lo es La Cámpora y sus ideólogos.

La presidenta, en tanto, descansa en El Calafate, preparando su cabeza para encarar una situación tan traumática como la delicada operación a la que se someterá el día 4, pero con el agravante de verse en la obligación de resolver un tema crucial en su provincia: si apoya o no al actual gobernador Daniel Peralta, luego de la crisis que se desatara como producto de la presentación de los proyectos de ley de ajuste.

El intríngulis que enfrenta Cristina no es menor. Por un lado el gobernador fue una pieza clave para cumplir un mandato suyo, como el de enviar los proyectos de emergencia económica y modificación previsional a la Cámara de Diputados. Peralta también fue la espada que utilizó Cristina para convencer a diputados e intendentes de la necesidad de hacer viables estos proyectos y accionó a través de La Cámpora, para sostener argumentativamente las leyes, a fin de convencer a los legisladores que aún tenían serias dudas sobre el costo-beneficio que le acarrearía a la población y al sector político provincial, su aprobación.

De esta manera, Peralta se transformó en una pieza clave para los logros de la presidenta y al gobernador le blandía la espada de Damocles en la cabeza, pues si no era aprobado el paquete, Cristina lo había amenazado de cortar la ayuda financiera. Para tal fin y a través del empresario espontáneo, Rudy Ulloa Igor y su hijo Máximo, formaron una línea delantera de funcionarios que llegaron al gobierno de Peralta con aires de auditores y un lápiz rojo bajo el brazo. Pero las intenciones reales eran otras.

La verdadera intención de La Cámpora fue instalarse en el gobierno provincial, en sitios claves, para operar desde allí en favor de los estamentos afines a este grupo de patriotas que dentro del PJ provincial, ni siquiera son un sello de goma. La Secretaría General de Gobierno a cargo de Francisco Anglesio, le aseguraba a la agrupación de jóvenes maravillosos, el manejo discrecional de la pauta y que todos los asuntos de gobierno pasaran por las manos de un funcionario leal a la causa, pero extremadamente incompetente en la función pública.

La intromisión de Liliana Korenfel en la Caja de Servicios Sociales, apuntaba a controlar la mayor obra social de la provincia y desde allí el aparato de salud. Korenfeld, sin embargo, no tenía otro galardón que haber acompañado a Néstor Kirchner por 14 años y haber dejado al organismo sin balances durante más de 11.

Luego hay una funcionaria a destiempo, como Paola Knop que pasó de controlar precios a manejar la seguridad de la provincia y en la primera intervención resbaló junto al enérgico jefe de Policía y se cargaron 21 heridos civiles, en una operación simple como era la de proteger a los diputados, de lo cual ya existen antecedentes en Río Gallegos, por si la Ministro de Gobierno hubiera querido enterarse, repasando la historia reciente del largo conflicto social del 2007.

Es decir, básicamente La Cámpora pretendió empujar al gobernador al abismo, previendo que quitándole el apoyo político y los funcionarios claves, el mandatario capitularía y rápidamente Mauricio Gómez, a quien impusieron (no ocasionalmente) como vicepresidente 1º de la Cámara, tendría el campo expedito para estrenar el cargo de Gobernador, algo que a estas alturas cualquier santacruceño sabe que le quedaría no solo holgado, sino ridículo.

Quiero hacer una pausa en este análisis para transcribir una acertadísima descripción que de la agrupación La Cámpora, hace en su portal Urgente 24, el colega Edgard Mainhard, quien en medio de un artículo sobre lo sucedido en Santa Cruz y una solicitada de la agrupación de Máximo, escribió:

Sin duda, una demostración de que La Cámpora entiende poco de política partidaria: la organización no tiene ni personería jurídica ni statu-quo político sino que es una creación ad-hoc dentro del sello Frente para la Victoria Santacruceña, que utiliza la infraestructura del Partido Justicialista.

Por lo tanto, integrarse a la lista que lideraba Peralta era la única forma que tenía La Cámpora de participar del comicio y lograr que sus candidatos fueran elegidos, a menos que, tal como sucedió en La Pampa, utilizara la personería jurídica del Partido Humanista u otro, algo muy complicado en Santa Cruz por el bipartidismo vigente: FpVS/PJ vs. UCR.

Siguiendo con la encrucijada que se le presenta a Cristina, digamos que el Gobernador fue su compañero de fórmula y siempre ha referido en sus discursos estar alineado con la política de la presidenta, reafirmando que es necesario “profundizar el modelo”, cuestión que lo pone en una situación poco cómoda ante los gremios que reconocen como eje de esa “profundización”, el ajuste.

De tal manera, ¿Cómo hará CFK para desentenderse de la responsabilidad que le cabe y traicionar a su propia tropa?. La presidenta duda entre apoyar la administración provincial, a pesar del traspié político que significó esta marcha atrás de los proyectos de emergencia económica o soltarle la mano a quien le ha facilitado (y justificado) su política de obra pública sobrevaluada (viviendas a través del IDUV y caminos a través de Vialidad) y el drenaje magnífico de dineros públicos canalizados a través de la pauta oficial de la nación (OPI ha publicado lo que cobran los medios locales por pauta del gobierno nacional), obras como la megausina, el sostenimiento a pérdida de una empresa como YCRT, el sobrevaluadísimo Interconectado y los megaemprendimientos hidroeléctricos La Barrancosa-Condor Cliff, entre otras cuestiones donde el dinero nacional corre por cuerda separada de la caja provincial y es condición sublime de Planificación Federal, que nada de eso se toque, si el gobierno de la provincia la quiere pasar bien. Para Cristina, más allá de sus rabietas justificadas, es una situación que la avergüenza, la enoja profundamente y la coloca en el antipático papel del verdugo.

En base a lo referido, digamos que en Santa Cruz se pueden presentar los siguientes escenarios:

1. La renuncia del gobernador Peralta que por estas horas estaría descartada.

En caso que operara esta renuncia, la propia presidenta quedaría envuelta en la maniobra destituyente y al ser Santa Cruz donde nació políticamente y teniendo como triste antecedente los golpes de Acevedo y Sancho, protagonizado por Ulloa y Cia a instancias de su esposo, la opinión pública del país comenzaría a repensar si el progresismo que proclama el kirchnerismo, se corresponde con la nueva política.

2. La continuidad del gobernador sin “apoyo” nacional.

En virtud del desfasaje financiero que Santa Cruz arrastra desde hace 15 años atrás, es lógico entender que la presidenta no necesita enviar a sus esbirros para bajar al gobernador. Solo con negarle los fondos necesarios para pagar sueldos y los impresionantes desfinanciamiento de las Cajas (SS y PS), la situación de la provincia se complejizaría tanto que Peralta no tendría otra opción que dejar el gobierno. Sin embargo, quienes consideran esta posibilidad, sostienen que “no se iría como Acevedo”, hecho que abre un interrogante en cómo y de qué manera el Gobernador plantearía ante la opinión pública nacional y la gente que lo votó, la imposibilidad de gobernar. Se supone que en este caso abriría los sellos y se dispararía un enrome escándalo político e institucional, debido a la información que como administrador de esta provincia por casi seis años, posee. Esto, obviamente, sería altamente nocivo para CFK, porque, además de denudar los desmanes de la política kirchnerista aplicada durante tantos años, emitiría un alerta, siendo que Néstor Kirchner se cansó de poner a Santa Cruz, como ejemplo de una provincia ordenada.

3. La presidenta apoya al gobierno y permite la gobernabilidad

Este caso, que sería el más sensato, abriría un tiempo de espera en el cual seguramente habrá cortocicuitos, pero ambos (nación y provincia) podrán buscar una salida consensuada a los problemas y hasta diagramar alguna estrategia conjunta para debatir con los gremios y con las organizaciones sociales, la necesidad de reformular la economía y resolver algún tipo de ajuste en sectores que no sean, precisamente, los trabajadores públicos o bien refundar la idea de buscar el financiamiento en el aumento de los cánones a las mineras, subir al máximo las regalías, pactar nuevos acuerdos con las petroleras y hasta aplicar fuertes impuestos al juego, que en el último proyecto, dejaba afuera a los Casinos, por ejemplo.

Concluyendo, la presidenta por estas horas difíciles en lo personal que le toca vivir, deberá resolver un hecho político de gran magnitud porque sucede en su provincia y está bajo la lupa de todo el país. De cómo la mandataria resuelva el problema de Santa Cruz, dependerá la superviviencia del actual gobernador Peralta, su compañero de fórmula y sostenedor de su modelo político. Lo de La Campora, ya no importa; es solo una anécdota de un grupo que pretende el poder usando viejas artes y creyendo que construyen una nueva ideología peronista. Lo importante, realmente, es lo que haga la presidenta de aquí en más y cómo se pare ante la crisis política que se desató en Santa Cruz a instancia de actores reñidos con la ética y con escaso sentido de servicio hacia el pueblo que el 23 de octubre los eligió para que representen la voluntad popular. (R. Lasagno/OPI Santa Cruz)

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