A más de un año del fatal choque de San Miguel, ocurrido el 16 de febrero de 2011, fuentes que conocen de cerca el funcionamiento de las formaciones aseguraron que “así no se puede seguir trabajando” y que las locomotoras “no deberían correr” en las actuales condiciones.
En efecto, las falencias en materia de seguridad de las formaciones, son tan frecuentes como la falta de repuestos, de mantenimiento de las vías (ya no se ven los “zorreros” reparando durmientes o cambiando clavos y ganchos) y, en síntesis, de un servicio eficiente. Así, un maquinista juninense, que conoce de cerca la problemática, pero que prefirió mantener su nombre en reserva por temor a represalias, sostuvo que “fallan los frenos”, que los vagones y el material rodante son “obsoletos, no hay repuestos y de los cuatro motores, funcionan dos”.
Destacó el trabajo que hacen los mecánicos y técnicos para “no parar” el servicio. Y expresó: “Es un problema, porque si el tren no corre, los usuarios se la agarran con los maquinistas, te dicen que sos ‘un vago’, que no querés trabajar… Después nosotros somos los asesinos, pero la verdad es que estamos trabajando en condiciones en las que no tendríamos que trabajar”.
Quejas de los usuarios
“Viajo en tren porque es mucho más barato que el micro, el boleto sale $ 25, contra alrededor de $ 100 del colectivo”, comenta José Tripicchio, de 21 años, estudiante, que este jueves, a las 23.30, acababa de bajarse de la formación en la estación de nuestra ciudad. “Lo limpian, pero como están rotas muchas ventanillas, entra tierra y pasto”, aseveró.
En la misma vereda, Gastón Viola, un docente juninense de 44 años, que usa frecuentemente el servicio, afirmó que los problemas de higiene son muy comunes. “Llegás con el pelo teñido como para una actuación, lo primero que hago cuando llego a mi casa es bañarme”, graficó, molesto con la precariedad del servicio. Y añadió: “En general, llegan en horario a destino, pero los vagones son un desastre, los baños están inutilizables y hay tableros electrónicos de la misma formación sin las correspondientes tapas o aislamientos, con los consecuentes riesgos de electrocución. Igual nos conformamos con que llegue”.
Evelyn, estudiante, de 18 años, afirmó que la limpieza no es la adecuada, pero puso el acento en la seguridad y el respeto al pasajero en los vagones: “Hace dos semanas viajé en el tren y había gente fumando marihuana, y el guarda pasaba y nos les decía absolutamente nada”.
Las vías, sin
mantenimiento
Otro tema son las vías, que presentan múltiples deficiencias. De hecho, los trenes de Junín a Retiro corren a un promedio de entre 40 y 45 kilómetros por hora (ver aparte), y a la vuelta, entre 50 y 55.
En la época de Ferrocarriles Argentinos, en la década del 90, corrían a 70 kilómetros por hora, y si las vías estuviesen en buenas condiciones, el tren -explicaron los especialistas consultados- podría viajar a 120 kilómetros por hora.
También suele fallar –averiguó este diario- la comunicación con los guardas, a través del sistema de handy, ya que al estar en mal estado hay problemas de emisión y recepción. Es que el guarda es el que “despacha” la formación y muchas veces se producen demoras, justamente, porque el conductor no alcanza a oírlo.
Fundamentalmente en verano, los cañadones al costado de la vía también tornan peligroso el viaje, y provocan0 que los pasajeros tengan que mantener las ventanillas cerradas para evitar lesiones o roturas del vidrio.
Todas estas situaciones pintan un cuadro angustiante, que deja en evidencia los más de 30 años de desmantelamiento de un servicio tan caro a los sentimientos de los juninenses, como necesario. En efecto, esta ciudad creció al ritmo del desarrollo del ferrocarril y no es difícil escuchar en Junín frases como “mi abuelo trabajó en el ferrocarril”, “mi padre fue ferroviario”.
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