Por Joaquín Morales Solá |Acuerdan bajar la tensión diplomática con Uruguay
La auditoría de Reposo que ni el Gobierno tuvo en cuenta
Un entuerto jurídico que puede salirles caro a los dos países
Brazos abiertos para Hugo Chávez. Tensión con Uruguay, a pesar de la tregua establecida ayer por Cristina Kirchner y José Mujica. El nuevo capítulo de la política exterior argentina vivido ayer dice algo más que un movimiento de sillas en el Mercosur, con la salida temporal de Paraguay y la incorporación de Venezuela. Cristina Kirchner sigue fascinada con su relación política y personal con Chávez, líder de un gobierno crecientemente autoritario. En cambio, ni ella ni su esposo pudieron enhebrar nunca una relación serena con los dos gobiernos uruguayos que les tocó. Uruguay es, quizás, el país de América del Sur que tiene mayor tradición de respeto a las formas y el contenido del sistema democrático.
La nueva ronda de tensiones entre Buenos Aires y Montevideo tiene que ver -cómo no- con sospechas de corrupción. El escándalo no fue promovido por el gobierno de José Mujica, pero un informe reservado del ex embajador uruguayo en Buenos Aires Francisco Bustillo fue investigado y revelado por el Tribunal de Cuentas de Montevideo. El Tribunal de Cuentas uruguayo es un ente totalmente independiente del gobierno y está integrado por representantes de todos los partidos políticos.
Aquel informe de Bustillo indicaba que recibió propuestas de funcionarios argentinos para que ambos gobiernos le concedieran a la empresa Riovia el dragado del canal Martín García a cambio de sobornos. Fuentes uruguayas aseguraron que Bustillo habría escuchado una oferta de un millón de dólares, pero el ex embajador nunca dio precisiones en público.
En la parte que se conoce del informe de Bustillo, éste hace referencia una reunión con el ex vicecanciller argentino Roberto García Moritán que lo llenó de suspicacias. García Moritán lo habría invitado a reunirse, en el Jockey Club Buenos Aires, con un conocido lobbista de la empresa Riovia. Bustillo rechazó la propuesta y se retiró. De inmediato escribió su ahora famoso informe al entonces gobierno de Tabaré Vázquez; después siguió escribiendo sobre las actitudes dilatorias de la Argentina en la licitación del dragado mediante actas que enviaba prolijamente a Montevideo. Las dilaciones en la licitación beneficiaban a Riovia porque ésta ya tenía (y tiene) el mantenimiento del canal Martín García, cuya soberanía es compartida por los dos países. Toda esa documentación cayó en manos del Tribunal de Cuentas uruguayo, que investigó los hechos descriptos por Bustillo.
El tribunal concluyó que el presunto intento de soborno no cuenta con pruebas como para constituir un hecho delictivo, pero que las actitudes dilatorias de la Argentina beneficiaban objetivamente a la empresa Riovia. Fue ese tribunal el que dio cuenta públicamente del hecho, no el gobierno de Mujica ni Bustillo.
En lugar de investigar esos relatos del ex embajador uruguayo, el gobierno argentino se escandalizó primero como una vestal sorprendida en el baño. Podría haberle preguntado, por ejemplo, al ex vicecanciller García Moritán qué sabe él de los hechos relatados por Bustillo. Más tarde, la administración de Cristina Kirchner desmintió todo y culpó al periodismo, como es su costumbre, y, por último, jugó más fuerte que el gobierno uruguayo y echó a Riovia de la licitación.
Inconcluso
El gobierno uruguayo se negó a ese despido porque la investigación no está terminada ni Riovia fue todavía denunciada ante la justicia. Riovia podría impugnar judicialmente la licitación y demorarla. Y lo que le interesa a Uruguay, fundamentalmente, es el dragado del canal Martín García, que le daría una enorme importancia económica al puerto de Montevideo. Esas obras le son indiferentes a la Argentina.
Bustillo fue embajador uruguayo en Buenos Aires durante los peores momentos de la tensión entre los dos países por la instalación de la pastera Botnia a orillas del río compartido, al frente de Gualeguaychú.
Políticos y funcionarios argentinos (muchos kirchneristas de entonces) reconocen en Bustillo a un incansable constructor de escenarios pacíficos o de distensión. "Sin Bustillo en Buenos Aires, tal vez las cosas hubieran sido mucho peores", recuerda ahora un ex funcionario clave de los gobiernos kirchneristas.
Es improbable, si no imposible, que ese diplomático haya escrito informes sólo para perjudicar la relación. También recordaron que Bustillo solía tener una relación diplomática frecuente con el entonces vicecanciller García Moritán. García Moritán era quien llevaba el conflicto por Botnia en la cancillería argentina.
El presidente Mujica prefiere que no le cuenten más cosas sobre la Argentina. "El presidente sabe que hay mucha prepotencia del lado argentino, pero pone por encima de todo los intereses de su país", aseguró ayer un funcionario uruguayo. Los intereses de Uruguay están ahora en el dragado del canal Martín García. Por eso, ayer conversó brevemente con la presidenta argentina y convinieron en sacar el escándalo de la tapa de los diarios. Es lo que quiere Cristina más que cualquier otra cosa. Con todo, Mujica debe enfrentar cada vez con más intensidad las críticas de sectores políticos y empresarios uruguayos, que le reprochan una actitud "sumisa" ante la Argentina. Lo peor es que esa crítica comienza ya a sentirse en la propia sociedad uruguaya.
Bustillo no fue el primer embajador en hablar de presuntos hechos de corrupción argentinos en las relaciones exteriores. El primer embajador fue argentino, Eduardo Sadous, ex representante argentino en la Venezuela de Chávez. Sadous reveló que existió un intenso trapicheo de sobornos entre funcionarios y empresarios de los dos países. Las denuncias de Sadous quedaron en la nada. Los dos gobiernos, el argentino y el venezolano, se abroquelaron en un cerrado desmentido y la justicia no avanzó en ninguna parte.
Ayer, en Brasilia, Cristina Kirchner dio una efusiva bienvenida a Venezuela como miembro pleno del Mercosur, mientras no se había superado definitivamente la tensión con Montevideo.
Venezuela ingresó por fin por la suspensión de Paraguay, cuyo Senado venía postergando la aceptación de Caracas como miembro pleno del Mercosur. Ni a Chávez ni al Mercosur les conviene ese ingreso venezolano por la ventana, contrariando los reglamentos y el espíritu de la alianza de países sudamericanos. El único país que había planteado reparos a esa forma de incorporar a Venezuela fue Uruguay, pero otra vez Mujica prefirió seguir la senda abierta por la Argentina. A pesar de todo, Cristina Kirchner siempre se quedaría con Chávez si tuviera que optar entre él y Mujica. Uruguay es imprevisible: su sistema político, abierto y consensual, nunca podrá ser controlado por la presidenta argentina..





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