Los vecinos de distintas zonas de Yerba Buena padecen o han padecido durante los últimos días irritantes interrupciones en el servicio. Son esclavos del tiempo: si llueve, el suministro mejora.
Calor, consumo elevado, la consecuencia de meses sin lluvias, cortes de luz y tormentas repentinas y potentes. Todos estos factores se combinaron para hacerles vivir jornadas complicadas a los habitantes de distintas zonas de Yerba Buena. Por ejemplo, en El Corte la pasaron mal (ya volvió el suministro) y en varios barrios del sector norte también padecieron la falta o las interrupciones en el servicio. Si bien la situación se va normalizando, hay algunos vecindarios, como el de Patricia, en el que hasta ayer apenas salía un hilo de agua por las canillas.
Durante varios días lo que soportó Patricia fue increíble: cada mañana, luego de los desvelos para lavar ropa, platos y pisos, se iba a la casa en la que trabaja como empleada doméstica en El Corte. "Como tampoco había agua, usábamos la de la pileta para todo: para limpiar, para el baño... para todo", contó dentro de la gruta de la Virgen de Schoenstatt, que está cerca de la casa de sus patrones y que ella mantiene ("no soy devota, pero a veces me ayuda", explicó). A las 12.30 partía para su otro trabajo, en Aconquija al 1.600, donde se las tenía que ingeniar, porque ahí tampoco había agua. Regresaba a su casa, en el barrio Castillo, a las 17.30. Ahí debía esperar hasta la medianoche para arrancar con las tareas domésticas. Por ahora, el problema en El Corte parece estar resuelto. Pero al calvario aún lo padece en su casa.
Es que en Yerba Buena hay personas que dependen de la voluntad del tiempo: tienen agua si llueve. Por la falta de precipitaciones, baja la cantidad de líquido que hay en los pozos de los cuales se abastece la ciudad. Las tormentas ayudan a acercar una solución, pero no siempre es inmediata.
Solo apariencias
A Ramiro Juliá lo rodea un paraíso verde, húmedo y mucho más fresco que el resto de Yerba Buena. Pero su caso es la prueba de que las apariencias engañan. Este farmacéutico vive con su esposa y sus dos hijos (de tres y un año) en El Corte. "Nos acaban de dar el suministro otra vez. Pero estuvimos más de 20 días sin una gota de agua. A los chicos los bañábamos en la casa de mis padres. Cada tanto venían los empleados de la SAT (Sociedad Aguas del Tucumán) con un camión y nos llenaban la cisterna", relató.
Ramiro vivió durante cinco años en Salta y decidió regresar a la provincia para iniciar un emprendimiento independiente con su mujer. Su mamá le prestó la casa que habita con su familia. "Pero estamos pensando en irnos a otro lado. Porque hay que decir la verdad: sin agua no podés vivir. La venimos pasando muy mal. Ahora nos están brindando el servicio, ¿pero hasta cuándo?", se preguntó el farmacéutico.
Cuidado con mamá
Mucho más cerca del centro de Yerba Buena, en Salas y Valdés y Salta (a tres cuadras de Tucumán Rugby), los hermanos Juan Luis y Raquel Castillo no pueden dejar de vigilar a su mamá. Haydée tiene 91 años y se empeña en llevar de un lado al otro los baldes pesados y las palanganas llenas de agua que están repartidas por la casa. Se trata de las reservas que acumulan para atender algunas de las necesidades. Conviven siete personas de todas las edades: la más chica tiene 10 años y la mayor es Haydée.
"Pasamos 15 días terroríficos, porque no salía ni una gota de la canilla. Ahora, de a ratos, sale un hilito de agua. Pero no alcanza para llenar el tanque ni la mochila del inodoro. Con eso por lo menos podemos cocinar y llenar algunos baldes para usar durante los cortes", explicó Raquel mientras señalaba una palangana metálica. Estaba junto a la reja verde del jardín y debajo de una canilla blanca. Sobre la mesada de la cocina había un recipiente de plástico -de esos en los que antes se vendían cinco kilos de helado-. Y en el pasillo, un balde de pintura de 20 litros. Todos contenían agua.
"Estamos pensando en poner una cisterna para tener otra reserva además del tanque. Pero realmente nos parece injusto. Pagamos las boletas como corresponde y creo que nos merecemos un servicio digno. A mamá no la podemos dejar sola. Aunque ya es grande, ella quiere ponerse a lavar la ropa o a llenar las mochilas de los inodoros y una mujer de su edad no puede andar cargando baldes tan pesados", renegó Juan Luis.
Las lluvias les dan una esperanza: los hermanos Castillo quieren dejar de llenar baldes; Patricia espera encender el lavarropas a cualquier hora y dormir toda la noche.
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