Obama y CFK se reunirán en el G20 de Cannes. Tres especialistas analizan el nuevo vínculo. Del Club de París y los créditos congelados, al avión que incautó Timerman.
Argentina tiene deudas pendientes con el Club de París, los tenedores privados de bonos y las empresas que obtuvieron una compensación en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi). Si bien es probable que con el tiempo las solicitudes de préstamo sean aprobadas –Estados Unidos no tienen suficientes votos en el Banco Mundial o el BID como para bloquear la financiación–, el voto de la Casa Blanca es una clara señal de que la Argentina no es vista en Washington como miembro “bona fide” del G20.
Los 7.000 millones de dólares de deuda con el Club de París –de propiedad de los gobiernos– se encuentran en mora. Para saldar la deuda, se requeriría el uso de 7.000 millones de dólares de las reservas. Pero lo más complicado es la obstinación del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner hacia el Fondo Monetario Internacional (FMI). Argentina es el único miembro del G20 que se negó a aceptar el Artículo IV que fija una visita anual del Fondo para analizar el presupuesto y la agenda.
El Gobierno está en una situación difícil, debido al deterioro del frente externo, la fuga de capitales y las presiones hacia la depreciación de la moneda.
Ha habido una creciente preocupación en los círculos políticos de los Estados Unidos por la presión judicial en la Argentina sobre los analistas económicos independientes y los bancos y casas de inversión que atienden las cifras de inflación. La opinión generalizada es que la inflación en Argentina oscila alrededor del 20%; pero las cifras oficiales están en el rango de un solo dígito. Desde la destrucción del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) ha sido muy difícil para los inversores o analistas tomar en serio las proyecciones del Instituto. Pero no se trata sólo de la capacidad y voluntad del Gobierno para neutralizar el Indec; también se observa la forma en que el gobierno de Kirchner destruyó el Banco Central de la Argentina durante un conflicto con su presidente, Martín Redrado, en torno a la transferencia ilegal de las reservas del Banco al Gobierno central en el período 2009-2010. Otras decisiones, como la nacionalización repentina e inesperada de los fondos de pensiones del país, indicaron una falta de voluntad para reconocer la integridad de las instituciones nacionales.
La estrategia del Gobierno o el enfoque de gestión de la economía se basan en una serie de supuestos precarios. Un alto impuesto a las transacciones financieras, grandes subsidios a los sectores de energía y transporte, controles de precios, controles de exportación e importación crean incertidumbre y limitan a largo plazo el desarrollo financiero. En el futuro previsible, el Gobierno seguirá dependiendo de los altos impuestos de exportación, el impuesto a las transacciones financieras y las transferencias de utilidades del Banco Central y las reservas de recursos adicionales.
Si el mercado brasileño se contrajera para las exportaciones argentinas o si hubiera una caída general de los precios mundiales, en combinación con un aterrizaje suave de la economía china, la economía argentina podría sufrir. La reversión de las condiciones muy favorables del comercio podría afectar negativamente el crecimiento, los ingresos fiscales y las cuentas corrientes del Gobierno.
En el corto plazo, los Estados Unidos tienen muy poca influencia sobre la política del Gobierno argentino. Los analistas especializados de Nueva York y Washington escriben con frecuencia sobre los subsidios, la falta de transparencia en las cifras de inflación, la pérdida de independencia del Banco Central, la fuga de capitales y la depreciación de la moneda. Pero pocos observadores, si no ninguno, ven un “plan B” por parte de la administración Kirchner en caso de que la relación de intercambio se deteriore repentinamente.
Los Estados Unidos no esperan que Argentina sea un participante constructivo en los debates del G20 sobre la nueva arquitectura financiera. Argentina juega un papel marginal, en el mejor de los casos, en las negociaciones comerciales o en las conversaciones sobre el cambio climático. No es vista como un jugador global emergente como Brasil en el contexto de los países BRIC. Su papel en otras organizaciones marginales, tales como el Banco del Sur, es, en efecto, marginal. Aunque las relaciones bilaterales seguirán siendo correctas en los próximos cuatro años del gobierno de Fernández de Kirchner, el viaje del presidente Barack Obama al Cono Sur este año no incluyó una escala en la Argentina. Veremos qué ocurrirá en la reunión que mantenga con la presidenta argentina esta semana en Francia.



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