La transparencia debe ser un buen negocio para todos

Hernán de Goñi

La expectativa de ver una mejora en los indicadores de transparencia con los que se evalúa el desempeño del gobierno argentino se repite año tras año. Sin embargo, enfrentar un resultado negativo ya no sorprende. Años de discrecionalidad no se corrigen fácilmente, especialmente cuando no hay ningún tipo de incentivo a favor de un cambio cultural que invierta este escenario

Nadie en la Argentina percibe hoy que la transparencia es un activo que puede traducirse en beneficios económicos para la población. Por el contrario, la corrupción está instalada en las raíces de la política y de buena parte de las actividades económicas que se desarrollan bajo el paraguas del Estado. Desde el clientelismo que suele guiar la asignación de beneficios sociales, hasta el retorno que los empresarios aceptan pagar para conseguir una licitación pública, son evidencias de que hay muchos que apuestan a sobrevivir dentro del modelo viejo antes que apostar por uno nuevo que ofrezca igualdad de oportunidades. Competir nos obliga a todos a ser mejores. Vivir dentro de un “capitalismo de amigos” es como aceptar que la ventaja siempre la tendrá quien pueda satisfacer los negocios de turno.

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