Traiciones reveladas

Esta semana, la sputza que crea en su accionar Gustavo Arnaldo Pulti comenzó a exudar su olor a toda la comunidad. No se trata ya de rumores, dichos de terceros o meras especulaciones: la traición está instalada en medio de una realidad política que claramente impone sus términos.

Durante la toma de las secretarías de Desarrollo Social y Salud (en Los Andes y Balcarce) por parte de "piqueteros" de Chacho Berrozpe, mujeres, hombres y niños acamparon allí, durmieron allí, cocinaron y por qué no destruyeron los baños de por sí más que precarios del lugar.

Mis fuentes sostienen que el miércoles a la noche falleció un bebé en el lugar. Hay más de un interrogante al respecto, ya que no se sabe si ocurrió por muerte súbita o falleció aplastado, posiblemente por el cuerpo de su madre.

Buscando evitar el escándalo y la consecuente acción penal, los funcionarios de Pulti, Fernando Gauna y Alejandra Urdampilleta, habrían acordado con Berrozpe tapar el episodio. No obstante, la situación, por su gravedad, produjo rápidos y secretos cabildeos. Todo intentó hacerse en el más completo mutismo, de forma expeditiva: el municipio proveyó el cajón para el bebé (lo hizo el jefe del depósito municipal Luis Truviano), pero inmediatamente se suscitó el problema de que la morgue no entregaba el cuerpito porque se trataba de una muerte dudosa. Una situación, sin dudas, de una ruindad que no debería quedar impune.

Insisto: las traiciones están al orden del día. Llegan a las redacciones mails de la casilla de Santiago Bonifatti -elevado por Pulti al carácter de presidente de Acción Marplatense, sin el consenso del partido- producto de la vulneración de sus correos personales con su hermana, expuesta hoy como una pieza de valor en la investigación periodística desatada a partir de la divulgación de los contenidos de esa correspondencia. Nadie ignora en la política local la existencia de un pacto entre Antonio Gilardi, secretario general del sindicato de los municipales, y Pulti. Una lectura de los incorporados a planta deja ver nítidamente la ruta de los acuerdos, aunque el caballito de batalla del otrora concejal hoy intendente fuera la necesidad de transparencia en los nombramientos y la indispensabilidad de los concursos.

Las denuncias a las que damos curso en la investigación central de la presente edición ubican como principal responsable de la distribución discrecional de recursos públicos entre amigos del poder a Agustín González, vinculado familiarmente a la esposa del intendente, Lucila Branderiz. Y ya hay nombres destacados dentro de la fuerza local cuya cabeza es el intendente, que hoy no ocultan su decepción ante lo que está ocurriendo en términos de intrigas palaciegas y de festivales de derroche. Es el caso de Marcelo Artime, de Débora Marrero.

Estos datos son apenas la punta del iceberg de la debacle interna que atraviesa una organización política que presumía de ser el cambio, cuando no está pudiendo ser otra cosa que más de lo mismo, e incluso peor que todo lo ya visto. Marchas, contramarchas, inversiones paralizadas, una ciudad a la deriva sólo sostenida por las transferencias de recursos nacionales y provinciales sin articulación de un programa propio, son algunos ítems para subrayar de esta zozobra.

Los reclamos de los concejales de paralizar nuevas incorporaciones hasta que se aclare el episodio de los emails entre los hermanos Bonifatti deberían estar acompañados por una carga enjundiosa que coloque a la política del lado de los vecinos, seriamente. Es mucho lo que hay que cambiar en Mar del Plata, y está tan a la vista, que no hace falta que nadie revele conversaciones privadas disfrazadas de acciones periodísticas de investigación. Una traición es sólo eso: una traición. Y los traidores apestan tanto como su “revelación”.

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