La tragedia de Bariloche y el miedo por Neuquén

La muerte de un chico, la protesta, la represión, la inestabilidad política. Son todos elementos concatenados, que hacen explosión de pronto. El drama social regional es la pobreza, que se agazapa detrás de la fachada de prosperidad. Aquí, un humilde llamado a la reflexión.
Ya había, en la mañana de este viernes, tres muertos por heridas de armas de fuego en Bariloche. La primera de estas muertes, la de Diego Bonefoi, de 15 años, había provocado el jueves una convulsión social en la ciudad de los contrastes más crueles en Río Negro. La situación era delicada, imprevisible, y podría tener consecuencias políticas muy directas sobre las expectativas concretas del actual gobernador, Miguel Saiz.

Bariloche, como bien saben los ciudadanos de la región, es una ciudad grande, y de grandes contrastes. Sobre el lago Nahuel Huapi descansa y goza la Bariloche del turismo, del viejo cliché que le mereció el mote de la Suiza Argentina. Son pocas cuadras de ancho para esa franja de bienestar.

Para arriba, subiendo los cerros, alejándose de la costa del lago, crece la miseria, la carencia, los problemas sociales. Unas pocas cuadras hacia las alturas bastan para entender que Bariloche es contraste entre riqueza y pobreza. Entre una población que sufre cada invierno y otra que lo aprovecha y lo traduce en pesos, en dólares, en euros.

Fue un hecho cotidiano el que –por lo que se sabe hasta ahora- provocó lo que algunos medios titularon “pueblada”. Unos chicos que huyen de la policía. Un policía que dispara, en circunstancias aun no esclarecidas. Un chico de 15 años que muere.

En Bariloche, la delincuencia juvenil es un drama apabullante que nadie ha solucionado, y que no deja de crecer en los últimos 20 años.

Tiene que ver con esa enorme brecha entre un sector de la ciudad que vive bien, y otro que vive muy mal. Tiene que ver también, seguramente, con otros factores. La anomia argentina. El dejar hacer justificado en la culpa propia. La distancia entre gobernantes y gobernados. La decadencia de la educación. Habrá muchos factores, seguramente.

Ninguno de ellos explicará la muerte de Diego Bonefoi, 15 años.

Ninguno explicará el miedo que ahora atrapa a gobernantes, funcionarios municipales, comerciantes prósperos, comerciantes no tan prósperos, gente, gente común.

Ese miedo llega hasta Neuquén.

Neuquén también es una ciudad de contrastes. Aquí también la geografía urbana ha delimitado la zona rica y la zona pobre. Aquí también la policía debe caminar por una delgada cornisa entre lo legal y lo ilegal, entre el deber de actuar y el abuso de autoridad. Aquí también se ataca a comisarías cada vez que alguno de los chicos de los barrios pobres es atrapado haciendo “alguna macana”.

Cuidado. Bariloche y Neuquén están muy cerca del desastre.

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