Las trabas de Moreno pegan en la inversión y el proceso productivo

Por ALCADIO OÑA

Las importaciones de bienes de capital, piezas y accesorios y bienes intermedios representan maquinarias, equipamiento e insumos claves para la actividad productiva. En varios sentidos, también inversiones

Y todo eso, que viene en pendiente desde fines del año pasado, cayó 21 % en mayo respecto del mismo mes de 2011; hasta 30 por ciento en algún caso.

Aquí ha pegado, seguro, el ya ostensible enfriamiento de la economía. Pero mucho más, las trabas que impone Guillermo Moreno en su afán por preservar, a toda costa y al costo que sea, el superávit comercial y las divisas insuficientes.

Como se sabe, las cataplasmas no curan. En este operativo, provocan distorsiones, dejan abiertos agujeros en las líneas de producción y ocasionan faltantes de insumos tan sensibles como los vinculados a la salud.

Ningún sector logra zafar del apretón.

En 2009, la escasez de divisas no era la de hoy ni existían las restricciones de Moreno. Sin embargo, en mayo de ese año el ingreso de equipos e insumos industriales claves se desplomó alrededor del 40 %. Salvo para el INDEC, entonces la economía entraba en un ciclo recesivo.

Presidente del Banco Central en tiempos de Néstor Kirchner y actual diputado por la Coalición Cívica, Alfonso Prat Gay le pone un número a la veda del secretario de Comercio Interior: ahorrarse 17.000 millones de dólares .

Por más que el discurso oficial pretenda que el objetivo es sustituir importaciones por fabricación nacional, en lugar del evidente de cuidar los dólares, las quejas en serie demuestran que esa alternativa no existe . También, que resulta imposible lograrla de un día para el otro.

Ninguna casualidad, las importaciones de bienes de capital, piezas y accesorios y bienes intermedios absorben, aun con las restricciones, casi el 70 % de todas las compras al exterior. Tampoco lo es que en 2011, un año considerado normal, la Argentina haya tenido un déficit de 27.000 millones de dólares en intercambio comercial industrial .

Los datos del INDEC ponen en evidencia grandes eslabones vacíos en la cadena de producción que, inevitablemente, deben ser cubiertos con productos del exterior. Eso que hasta economistas cercanos al Gobierno definen como una estructura muy poco integrada.

El cuadro también revela que “la reindustrialización con matriz diversificada” sigue presente sólo en el relato : ¿de qué matriz diversificada puede hablarse si un 70% de la producción depende del exterior? El 70% de ahora era 79% en 2004, o sea, se avanzó nueve puntos en ocho años: ya lo que hay es considerable y, contrastado con el discurso K, el progreso luce bien escaso.

Sucedió, además, que en la composición de la torta creció fuerte la participación de las importaciones de gas y combustibles. Basta con retroceder apenas a 2010, para advertir que entonces el 70 había sido 72% y comprobar que poco o nada cambió . De paso, en mayo la compras energéticas crecieron 39%.

Ningún país produce todo lo que necesita, ni hace falta. En cambio, es viable desarrollar un entramado de bienes intermedios propios que llene eslabones de la cadena productiva e implantar, así, una sustitución de importaciones selectiva y basada en prioridades preestablecidas. Claro que para eso es necesaria una política industrial , al menos una efectiva.

La industrialización tiene la virtud de generar ocupaciones de calidad, bien remuneradas y un tejido social sólido. Pero ocurre que desde 2004 empleo industrial pierde peso en la composición del mercado laboral y lo gana el público.

Una de las fuentes decisivas en la creación de trabajo son, justamente, las inversiones, que aumentan la oferta y garantizan producción futura. Según relevamientos privados, ese factor empezó a retroceder a partir del tercer trimestre del año pasado y, ahora, en mayo, bajó alrededor del 16 % .

El cerrojo a las importaciones puede mejorar el balance de divisas, aunque, a la vez, resiente el proceso inversor. Es un recurso similar a una manta corta.

Los pedidos de compra entran por la ventanilla de la AFIP. Y si Ricardo Echegaray autoriza pasan al área de Moreno, quien personalmente discute cada caso con los empresarios. Hoy los trámites se amontonan en esa repartición y no existe otro interlocutor.

Casi decorativos, o directamente decorativos, son los papeles del jefe de Economía, Hernán Lorenzino, y de la ministra de Industria, Débora Giorgi: dos piezas que debieran ser centrales en una estrategia semejante. Pero en el Gobierno los cargos no se corresponden con las funciones reales , ni hay quien explique por qué se hace lo que se hace.

Aunque todavía limitados a muy pocos sectores, han empezado a aflorar despidos y suspensiones. En cambio, ya es generalizada la desaparición de turnos agregados años atrás, horas extras y renovación de contratos. Quizás la desocupación no suba, pero el perfil del empleo ha cambiado.

Hay otro rasgo también notable del mercado laboral: ahora cuesta menos encontrar personal calificado. Otra cosa es que sea incorporado, aunque si está disponible fue porque debió salir de otro lugar.

Cualquiera advierte una economía en problemas. El punto es que, en lugar de asumirlos, el Gobierno prefiere cargárselos al mundo que se nos vino encima .

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