Por Carlos PagniCristina Kirchner debería reconsiderar su fobia a las reuniones de gabinete. Incomunicados, los ministros se enredan en trabalenguas para defender al Gobierno. Aníbal Fernández y Julio De Vido, por ejemplo, no lograron combinar las coartadas del escándalo Bonafini-Schoklender.
De Vido desmintió a Fernández. Dijo que Schoklender montó una bicicleta financiera y que tapaba los agujeros con los anticipos para construir casas. Citó el caso de Tartagal. Allí se evaporaron $ 12 millones enviados por el secretario de Obras Públicas, José López. Corolario: Bonafini y Schoklender desviaron fondos públicos.
Fernández y De Vido coincidieron, eso sí, en un vaticinio: el juez Oyarbide demostrará la inocencia oficial. Prodigiosa clarividencia, que atraviesa el secreto de sumario..





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