Más de 300 mil ancianos volvieron al mundo laboral. Cubren puestos precarios que ponen en riesgo su salud.Pese a que se elevó el haber mínimo a $1.434, los jubilados salteños Reclaman una ayuda de emergencia de $500.
Cumplir horarios, estar frente a la computadora, manejar máquinas o limpiar se mantiene como parte de la interminable rutina de 158.676 hombres, mayores de 65 años, y de 182.828 mujeres, que cumplieron los 60 años en todo el país, según el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa).
El merecido descanso quedó en suspenso y ahora salen a buscar más dinero para afrontar los costos de remedios, alimentos y servicios: suman, en definitiva, unos cuantos pesos para sobrevivir.
“Tengo 66 años, me jubilé como profesora de Matemática. Con mi edad doy clases particulares para poder solventar mis gastos porque con lo que cobro no me alcanza ni para cubrir los remedios”, aseguró Silvia Figueroa, una jubilada salteña, a El Tribuno. La respuesta de Silvia la repite otros cientos de jubilados que en Salta tienen que salir a trabajar, aunque aportaron al Estado durante toda su vida activa.
“Los sectores que presentan mayor precariedad en el sistema laboral son los jóvenes y los mayores cercanos a ingresar a la edad pasiva. Por lo general terminan realizando tareas que pertenecen a un mercado de trabajo más informal”, describió Walter Neil Bühler, abogado especialista en Derecho Laboral.
La informalidad lleva a trabajos sin cobertura y mal pagos. Para su edad, los oficios presentan gran peso y pone en riesgo la salud. El estrés está a la vuelta de la esquina.
“No me queda otra que trabajar. Con un poco de ahorros me compré el auto para que funcione como remis. Aunque tomo recaudos y sólo trabajo hasta las seis de la tarde” afirmó Roberto Quipildor, exempleado administrativo de una empresa local. En la actualidad, a sus 67 años, el volante mejora su economía familiar.
Una cuestión de salud
“Los profesionales se resisten a la jubilación. A ellos les resulta más difícil buscar otro trabajo. Así, es menester un buen manejo del tiempo libre para no caer en situaciones de depresión”, aconsejó el médico Adrián Alvarez Bueno.
El jubilado que pretende regresar al trabajo se encuentra con muchas dificultades, que debe resolver para continuar. La balanza no le favorece y cada vez tiene menos posibilidades de adquirir el ritmo que demanda una jornada laboral: la concepción de una buena calidad de vida, entonces, se aleja.
Las alternativas se reducen al trabajo en negro. Y el reconocimiento para la clase pasiva sigue siendo una deuda pendiente.
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