Lo reveló un estudio realizado con fondos de la Organización Internacional del Trabajo. Padecen enfermedades respiratorias y dermatológicas, y repitencia escolar, entre otras consecuencias.
También quedó en evidencia otro factor que hace sostener en el tiempo el trabajo infantil en los hornos ladrilleros: que sus padres desarrollan sus tareas en una informalidad tan severa que no reciben ninguna clase de derecho social, como el registro de trabajadores, tener vacaciones o cobertura social. De los 174 hornos concentrados en la zona, solamente seis desarrollan su actividad en blanco.
La Subsecretaría de Trabajo de Mendoza reconoció que el poder de policía que tiene no produce aún en resultados positivos ( ver aparte).
Cómo se hizo el estudio
El análisis fue financiado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que aportó U$S60.000 para conocer de manera sistematizada la situación de los chicos.
El seguimiento fue realizado durante agosto sobre 28 familias que accedieron a ser entrevistadas sobre vivienda, escolaridad y acceso a los servicios como transporte, agua y luz.
De esta primera fase surgió que por vivienda viven hacinados al menos seis niños argentinos, cuyos padres son, en el 90% de los casos, de nacionalidad boliviana y que les cuesta mucho llegar a la escuela y al centro de salud más próximos por falta de transporte. En todos los casos, tampoco tienen agua potable y por eso los chicos padecen graves cuadros de gastroenteritis e infecciones dermatológicas.
Dora Balada, directora de Empleo de la Provincia, aclaró que la muestra puede proyectarse a todas las familias del lugar, alrededor de 270, ya que viven en condiciones de precariedad muy similares.
La escuela
De todos modos, la muestra sobre la asistencia a la escuela se hizo con estas familias, pero agregando las consultas realizadas a los docentes de los colegios más cercanos a los hornos de ladrillos.
De ahí surge que el 30% de los 600 alumnos de Primaria trabaja todos los días en esta actividad, aún cuando sus progenitores no consideren trabajo ocuparse de la totalidad de las tareas hogareñas y hacer ladrillos a la par de ellos.
De igual modo, la muestra señala que los padres hacen un gran esfuerzo por llevar a sus hijos a la escuela, por una parte, porque reciben el beneficio de la asignación universal por hijo del Poder Ejecutivo nacional y la ANSES.
El próximo paso, según la funcionaria provincial, será coordinar con las entidades de bien público que ya colaboran con los padres o los chicos del Algarrobal, para focalizar todos los esfuerzos en disminuir el trabajo infantil.
La funcionaria Dora Balada se comprometió a levantar un centro de contención para estos chicos, que comprometen seriamente su vida y también su salud trabajando en estos lugares, que se multiplican “como hongos”, según autoridades oficiales.
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