En una tierra de nadie, muchos buscan quedarse hasta con la traza de la calle. Una familia denuncia cómo viven amenazados, asediados y dañados constantemente por los más violentos.
Los ocupas han tomado la traza de una calle, y parte de las tierras de otros vecinos, sin que medie ningún órgano del Estado, ni fuerzas de seguridad, pese a que el reclamo ha sido reiterado.
La Comisaría Primera ya ni quiere tomarle la denuncia a las familias que son víctimas de amenazas, tiroteos, agresiones, y promesas de muerte y venganza. Quizás porque son vecinos de nacionalidad boliviana o paraguaya, quizás porque son pobres, analfabetos y apenas dominan el castellano.
Quizás porque todos, unos y otros, son ocupantes ilegales aunque hayan pagado miles de pesos para vivir en un bañado. Quizás porque saben que al final, en la Justicia todo será archivado, y entonces para qué hacer tanto papeleo.
Confesamos desde la Redacción que era tan penoso el relato de visicitudes, que no sabíamos por dónde comenzar, cuál -de tantos hechos aberrantes- era exactamente la noticia, el hecho más relevante, o más grave, o más espantoso. Por eso comenzamos con la muerte de la bebé.
RELATO
La historia es la misma que se repite en todo asentamiento: había una tierra inundable, no apta para el asentamiento humano, que fue siendo ocupada por oleadas de vecinos humildes y sobre todo, de inmigrantes de países vecinos. Con un tesón envidiable, palada a palada de tierra rellenaron el bañado, y construyeron sólidas casas de material, ya que son familias de profesión albañiles.
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