Algunos huéspedes estaban en sus cuartos listos para salir y otros habían bajado a desayunar. Eran las 8.30 de la mañana cuando ayer el Hotel Intercontinental de Río de Janeiro, un cinco estrellas carioca ubicado sobre la playa de Sao Conrado, fue invadido literalmente por una decena de narcotraficantes que portaban ametralladoras y granadas.
Justo ayer había ocupación plena en el conjunto hotelero –650 personas— por cuenta de un congreso odontológico, lo que en cierto modo tornó la historia más dramática.
Los hechos podrían ser muy contraproducentes para la organización del mundial de fútbol del 2014 y de los Juegos Olímpicos del 2016 . Aunque en Río los tiroteos solían ser frecuentes, no se conocen antecedentes de la toma de un hotel de lujo.
Algunos turistas, que vieron de cerca a los delincuentes, dieron sus testimonios ante la Policía, pero luego se retiraron sin hablar a la prensa. Fueron los vecinos de Sao Conrado quienes contaron y filmaron los hechos con sus celulares. Los moradores se vieron sorprendidos por un intenso tiroteo entre los hampones y las fuerzas policiales. Dicen que el grupo de matones fue interceptado por “casualidad” por un vehículo policial y pocos minutos después llegaron los refuerzos del Bope. “Vi como la banda tiraba granadas y se protegían detrás de un camión de basura. Después secuestraron varios autos,” relató un testigo que vivío con pánico la mañana de ayer.
El enfrentamiento con ametralladoras y granadas involucró al menos a 30 hombres que habrían descendido de la favela Rocinha a cara descubierta, tal vez sin pensar que los agentes irían a interceptarlos. Un vecino, que presenció el tiroteo, dijo que se inició en las avenidas Aquarela do Brasil y Niemeyer. “Estaba afuera del edificio y conversaba con uno de los porteros cuando vimos un Palio color plata que venía por la Niemeyer con las puertas traseras abiertas y con un hombre a cada lado que disparaban con fusiles hacia atrás”. Eran los de la gavilla perseguidos por la Policía Militar (la provincial).
Uno de los habitantes del edificio, un diseñador que dijo llamarse Julio, relató que al oír los primeros disparos saltó de la cama: “Eran tiros de grueso calibre y el estruendo debe haber durado dos minutos”. Poco después, y esto fue posible ver en las filmaciones con celulares, una parte del grupo de traficantes corrió hacia el hotel para refugiarse. Fue allí que tomaron algunos rehenes. Uno de ellos, mozo del restaurante del hotel, dijo que los delincuentes los redujeron en un santiamén. “Nos prometieron que no iba a ocurrir nada con nosotros, que todo iba a terminar bien”. Pero las víctimas debieron permanecer durante dos horas en la sala. “Es cierto que ellos se mostraron tranquilos, sin exaltarse, y decidieron quemar los celulares y una laptop”.
El mozo señaló que la rendición del grupo se realizó frente al presidente de la Asociación de Moradores de Rocinha, que seguramente ofició de mediador. Contó también que antes de entregarse los hombres colocaron las armas en los tachos de basura.
El cuidado de la vestimenta y los cortes de cabello de los 10 detenidos indica que podría tratarse de peces gordos. Más precisamente serían parte de la cúpula de una organización de traficantes, que comercializa droga en la favela
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