Aun en la ausencia del gobernador saliente, Juan Schiaretti, y de su sucesor, José Manuel de la Sota, Unión por Córdoba dijo presente en el acto.
Aun en la ausencia del gobernador saliente, Juan Schiaretti, y de su sucesor, José Manuel de la Sota, Unión por Córdoba dijo presente en el acto donde la mandataria fue protagonista excluyente. Lo hizo con funcionarios de peso como el actual ministro de Salud y futuro hombre fuerte del gabinete de De la Sota, Oscar González, los legisladores Sergio Busso y Carlos Alesandri, el ministro de Desarrollo Social, Juan Carlos Massei, y con el vicegobernador Héctor Campana, a cargo del Poder Ejecutivo, aunque su rol fue básicamente institucional.
La inhabitual presencia de algunas de las espadas de De la Sota en el heterodoxo comité de recepción que acompañó a Cristina hasta el escenario central, fue precedida por una llamada telefónica del gobernador electo al secretario privado de la Presidenta, desde Portugal. En ella, De la Sota se excusó por su ausencia en el acto de ayer, y aseguró que de no estar en Europa, la habría acompañado “como lo hizo en Morteros”, según indicaron fuentes delasotistas. Schiaretti también había hecho su descargo por el faltazo, vía carta.
No se trata sólo de cortesía y protocolo. Ni De la Sota ni Schiaretti comulgan con la Presidenta, pero ambos necesitan (para terminar o empezar el gobierno) que la Nación mande los fondos que adeuda a la Provincia, que según el ministro de Finanzas Angel Elettore ascenderían a fin de año a 1.700 millones de pesos. Además, en el peronismo cordobés creen que Cristina puede hacer una elección récord el 23 de octubre (“más cerca del 60 que del 50 por ciento”, afirmó un delasotista) y, como diría el I Ching, el momento no es propicio para cruzar las aguas.
Con todo, sin sus jefes, el Partido Justicialista no movilizó, y esa falta dejó en evidencia el módico poder de concentración del Frente para la Victoria cordobés y de las organizaciones K puras. Aún con la ayuda de caciques peronistas como Olga Riutort y Ricardo Moreno, o de los gremios K, el acto no congregó a las diez mil personas que esperaba el intendente Daniel Giacomino, anfitrión y organizador. Algunos observadores calcularon que no hubo más de cinco mil personas.
En el Frente para la Victoria, la jornada de ayer dejó en claro que la peronista disidente Olga Riutort asciende de aliada táctica a referente del espacio, por la fuerza de los votos propios que mostró en las elecciones municipales del 18 de septiembre. La concejala se codeó con los principales funcionarios del gobierno y con los kirchneristas históricos y fue incluida en el selecto comité de recepción, donde no estuvieron algunos dirigentes que otrora eran sinónimo de kirchnerismo en Córdoba. También hizo podio el empresario Euclides Bugliotti, mentor de Riutort e integrante de la nueva delantera K, alumbrada a la luz del crecimiento electoral de Cristina. Bugliotti tuvo más presencia en el acto de ayer que todos los dirigentes allí reunidos juntos, incluidos los candidatos a diputados nacionales. “Tati” fue mencionado por sus inversiones en Córdoba por el locutor oficial y luego por la propia mandataria, a quien le obsequió una “manta de lana tejida del siglo XIX”.
Entre tanta heterogeneidad, no sorprendió la presencia de la rectora de la UNC, Carolina Scotto, a quien se vio charlar tanto con los funcionarios nacionales de la comitiva oficial como con Riutort y la diputada nacional Carmen Nebreda.
Sentada entre un satisfecho Giacomino y un incómodo Campana (fue silbado por las barras de Moreno y Riutort, y la Presidenta no le dirigió la mirada), Cristina se mostró más distendida y liviana que en la anterior visita a la ciudad de Córdoba, en abril. Se acercó al público, levantó bebés, se dejó fotografiar, se subió a las vallas para que la gente ubicada más atrás pudiera verla. Se detuvo, con paciencia y buen talante, a disfrutar del contacto con la gente, como una presidenta recién electa y en plena luna de miel.








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