No todo vale con tal de ganar

Por: Ricardo Roa.

Mal que les pese a los más conservadores, es un adelanto y una expresión de diversidad que en la Argentina se discuta el matrimonio gay. Se puede estar a favor, como votó Diputados. En contra, como la Iglesia. O en alguna posición intermedia, como la que prevaleció en una comisión del Senado. El debate es complejo y cruzado por profundas convicciones religiosas y la defensa de las libertades individuales.

Después de sonoras derrotas parlamentarias y en medio del escándalo por las presuntas coimas con Chávez, el Gobierno precisa cambiar la agenda política y cree haber encontrado una veta en una nueva pelea con la Iglesia. La Presidenta, que viajó a Tucumán para esquivar a Bergoglio, terminó ayer por desairar también al obispo de esa provincia y no asistió al Tedeum.

En los otros actos por el 9 de Julio, Cristina dijo que mientras el kirchnerismo tuvo el control del Congreso “jamás se le negó un trato igualitario a ningún ciudadano y mucho menos a las minorías”. Fue colocar el matrimonio gay en los extremos: el que no lo aprueba es un discriminador.

Lo cierto es que la sanción en Diputados no habría salido sin votos de la oposición: es un proyecto que divide aguas dentro de los mismos bloques. Y antes, el Congreso siempre votó como el kirchnerismo quería. Ahora, que está en apuros, apela a un nuevo método: en el viaje a China que inició ayer, Cristina se llevó a una senadora y estaba en danza otra, ambas de su bloque y que iban a votar contra la posición del Gobierno. En el Senado los números están muy apretados y cualquier ausencia puede inclinar la balanza para un lado o para el otro.

La politización del tema es inevitable. Lo que se puede evitar es su banalización. O pretender ganar de cualquier manera

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