Por Jorge RosalesLa agenda política de la semana estará diversificada y se desarrollará en diferentes escenarios. Uno de ellos será Washington, donde la presidenta Cristina Kirchner participará en la cumbre mundial sobre seguridad nuclear. Lo único que puede generar cierta trascendencia -más allá de importancia de la cumbre- es si logra la ansiada reunión bilateral con el presidente estadounidense Barack Obama. Hasta anoche la Argentina no figuraba en la agenda del presidente norteamericano.
Otro de los escenarios será el Congreso. La peligrosa parálisis en la que ingresaron las cámaras de Diputados y de Senadores podría provocar, esta misma semana, una novedad importante. Algunos de los senadores aliados al kirchnerismo, que hasta ahora no se sentaron en sus bancas para sesionar, estarían dispuestos a sumarse a las filas de quienes quieren sesionar a toda costa. Les permitirían a la oposición alcanzar el preciado quórum. Una mala noticia para la estrategia del kirchnerismo, que ha resuelto demorar la normalización de la actividad parlamentaria.
Las idas y vueltas en el Congreso ya cansan a la gente común. Quienes pedían un cambio de aire en la política sólo respiran hoy un clima viciado.
Pero la responsabilidad no es sólo del oficialismo. La oposición ha hecho esfuerzos para regalarle al kirchnerismo el escenario actual. ¿Qué es, si no, el fracaso de la sesión en Diputados de la semana pasada?
El deterioro del poder de compra de los salarios, limados por el aumento de la inflación aumenta el malhumor social. Si por cualquier razón se interrumpe el servicio de colectivos o de trenes los trabajadores pierden el presentismo, una parte importante de sus salarios. ¿Qué pasa con los legisladores que no van a trabajar?, se preguntan. De eso, también, se tomó la oposición para embestir contra el kirchnerismo y Cobos no dudó un minuto en ordenar que las dietas de los senadores que falten a las sesiones sufrirán un descuento del 20%.
Será otra semana de tironeos. La novedad importante sería que el engranaje parlamentario comience a funcionar. Y, por supuesto, la foto con Obama.


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