Edgardo AlfanoCristina Kirchner parece no estar dispuesta a tolerar que sus disciplinados funcionarios se salgan de la fila en estos tiempos donde algunas nubes de tormenta se mueven en lo alto del poder.
El escándalo en torno a Amado Boudou y a la ex Ciccone Calcográfica mostró que la presidenta no tolerará que le hagan el vacío o cuestionen a un funcionario que es de su propia creación.
Boudou llegó al Ministerio de Economía por la insistencia de CFK frente a la resistencia de Néstor Kirchner y luego a la Vicepresidencia de la Nación por su exclusiva decisión.
Por eso decidió respaldarlo todo lo que pueda y ese límite sólo podría ser trazado por la justicia.
Así es que salió a poner en línea a quienes osaron, en público o en privado, defender al juez federal Daniel Rafecas por su allanamiento al departamento que le pertenece a Boudou y que le alquiló al empresario Fabián Carosso Donatiello, cuyo servicio de cable y alguna expensa pagó el misterioso Alejandro Vandenbroele, director de la ex Ciccone, quien dijo no conocer al vicepresidente.
Esa es una de las pistas para poder determinar si Boudou favoreció la llegada de The Old Fund a la imprenta que se va a encargar de un negocio millonario en dólares para imprimir billetes que necesita el Banco Central.
Rafecas era uno de los jueces federales más elogiados por la Casa Rosada y no le perdonan que haya avanzado sobre Boudou al dar vía libre al pedido del fiscal Carlos Rívolo.
Por eso ahora van por su cargo en el Consejo de la Magistratura aprovechando errores que el juez cometió en el manejo de la causa Ciccone, como los mensajes de texto que envió al abogado del amigo y socio de Boudou, José María Nuñez Carmona.
Ese enojo también se extendió al ex jefe de los fiscales Esteban Righi por no haberle puesto límites a Rívolo y sus decisiones de avanzar en esa investigación.
Quizás por esa razón CFK le habría dado vía libre a Boudou para que hiciera público una denuncia que guardaba en su escritorio desde hace mucho tiempo y descargara un mar de sospechas sobre el estudio jurídico que fundó el propio Righi.
Denuncia sobre un supuesto tráfico de influencias que salpicó a la mujer y al hijo de Righi, que forman parte de ese estudio, y también a la mujer del ministro de Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, que es una abogada y socia de ese lugar.
Eso llevó al límite el nivel de tolerancia de Righi a su punto máximo ya que, después de la muerte de Néstor Kirchner, su relación con Cristina tenía algunos problemas difíciles de solucionar, a pesar de lo cual fue un fiel cumplidor de sus deseos.
Ironías del destino, un hombre de origen liberal, que comulgó con los postulados de la Ucede de Álvaro Alsogaray, terminó por llevarse puesto a uno de los símbolos vivientes del camporismo de los 70.
Sin duda que Righi cosechó respaldos dentro del gobierno y el corazón del kirchnerismo, pero muy pocos se atrevieron a levantar su voz temerosos del castigo presidencial.
Todavía resonaba la molestia de Cristina por los elogios a Rafecas que hicieron la ministra Nilda Garré, que tuvo que salir luego a respaldar a Boudou, y uno de los intelectuales más K, Ricardo Forster, que también habló muy bien de Righi.
Lo que parece estar en claro es el mensaje que el gobierno está dando a todo el Poder Judicial.
Si van por Rafecas y se llevaron puesto a un histórico como Righi, que le puede esperar a otros jueces y fiscales que se atrevan a pronunciarse con medidas que afecten al gobierno o a funcionarios, sobre todo si se trata de causas vinculadas con hechos de corrupción.
Para Cristina Kirchner y para sus fieles seguidores, cuestionar o denunciar a Boudou y dudar de su honorabilidad es atacarla a ella porque no solo es su creadora sino también su protectora.
En esa línea hay que entender la designación de Daniel Reposo como Procurador en lugar de Righi.
Cristina parece esperar que sea mejor soldado que el camporista y que discipline a los fiscales díscolos.
Por lo pronto, el paso de Reposo durante la Sindicatura General de la Nación, la SIGEN, fue satisfactorio para el gobierno. Desde allí se alineó con el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, en sus ataques a Papel Prensa, de la que es síndico.
Aunque hay un dato que no de
be pasar desapercibido. Reposo siempre fue hombre de Boudou.
Así pasó por la ANSeS y por el ministerio de Economía, hasta recalar en la SIGEN.
En definitiva, lo que vuelve a estar en discusión es la independencia real que tiene en la Argentina el ministerio Público Fiscal.
En medio de todo este panorama, el que no tendría que llamarse a engaño es el propio Boudou.
Su futuro político depende exclusivamente de la presidenta porque los cuestionamientos internos en el kirchnerismo, lejos de desaparecer, crecieron a partir de este escándalo.
De todas formas, Boudou parece estar convencido de que será, como lo prometió, el mejor vicepresidente de la historia.
La misma historia que lo juzgará si antes no lo hace algún juez de la Nación.










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