Toda corte tiene su bufón

La frase, aunque corriente, le viene bien al eje de este texto, principalmente porque su territorio es Formosa y sus actores formoseños, con la carga política que ambos aspectos incorpora.

Ni los propios hombres del poder ignoran que Formosa se transformó en un feudo, una especie de corte medieval, donde uno gobierna con poder absoluto y los demás, organizados socialmente en estratos jerárquicos establecidos por sus ingresos y su vínculo con el poder político, se limitan a observar pasivamente. Salvo algunos detalles, es lo que ocurre en esta parte del país.

Y como toda corte, esta tiene su bufón. Siempre se llamó bufón al pícaro o gracioso que con sus palabras, acciones y payasadas tenía por oficio hacer reír a los poderosos.

Se piensa que los bufones son exclusivos de la Edad Media y comienzos de la Moderna, pero lo cierto es que siempre ha habido cómicos que han vivido de sus gesticulaciones, chistes, muecas o bromas para la corte real y su entorno.

La identidad le cabe justo al intendente de El Colorado, Mario Brignole, permanentemente proclive a impugnar la paja en el ojo ajeno y rigurosamente discreto cuando está en el propio.

De tanto en tanto sorprende con alguna declaración periodística, como revelando una patológica necesidad de mostrarse en la inmensidad del circo político provincial que jamás parece reservarle un lugar que no sea más que el de su pueblo.

Brignole tiene salidas que parecen apuntar al “quinto piso”, pero ellas no consiguen traspasar las barreras de algunos micrófonos abiertos legítimamente o medios gráficos que ven en él a un intendente gracioso, cuya iniciativa le aportará un tinte atractivo a la publicación del día siguiente.

A diferencia del bufón de antaño al que se le pagaba y mantenía algunos beneficios superiores con la complacencia del rey, su par formoseño ejerce el mismo rol pero no queda claro que en ello haya una complacencia gildista. Este es un bufón sin rey, desesperado por conseguirlo, aunque lo tiene bien identificado.

En su devenir reciente salió solitariamente a exigir un cambio en la fórmula justicialista de caras a los comicios del 2011, pero como ha ocurrido permanentemente con sus disparates esta vez tampoco recogió aliento. Y como todo comunica, su choque con el silencio no hizo más que confirmar su quijotesco objetivo.

Pero como todo bufón este es insistente. Recientemente volvió a las andadas con Adriana Bortolozzi: primero fustigo la decisión de la parlamentaria justicialista de dar quórum para que finalmente Marcó Del Pont asumiera la presidencia del Banco Central y luego rechazó el alejamiento de la mujer del vicegobernador formoseño del bloque oficial en el Senado.

Como un calco del episodio anterior, todo terminó con el mismo silencio.

Aunque los bufones siempre fueron mirados con el desafecto natural a un oficio que, muchas veces, conducía a un favoritismo de baja estofa o germen de malas acciones, el que aquí se retrata no deja de ser uno que apela a todo recurso por hacerse notar, pero parece no conseguir siquiera una sonrisa del que conduce la corte formoseña.

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