Como pocas veces, padres y profesionales de la salud se unieron para desenmascarar un problema de larga data que está consumiendo la vida de las familias.
Hace sólo algunos días, el Padre hizo fuertes declaraciones sobre la droga que está instalada en las escuelas cercanas a su parroquia, en una radio local. EL LIBERTADOR quiso ampliarlas, en un contexto profundo, intentando no ser parte de quienes buscan ahondar en la cuestión para criticar a un Gobierno; ni tampoco acallar esto, para no dañarlo.
"Vengan a sacarse una foto con la Virgen de Itatí. Pase, pase", invitaba Pini a otro grupo de personas que bajaban por una escalera contigua, quienes celebraban bautismos; contrariamente a lo que se acostumbra en otras Iglesias.
Así pareciera ser él: distante a veces, pero cerca. Serio pero agradable. Sin medias tintas. Tiene claros sus pensamientos y así los exterioriza.
Camino a la secretaría -donde fue la charla- hay una imagen de la Madre Teresa de Calcuta que dice: "Ama hasta que duela. Si duele es una buena señal". Sin embargo, la que quizá le siente mejor al sacerdote sería: "Lo lograrás; no es tiempo todavía; nunca en el breve término de un día madura el fruto ni la espiga grana. No son jamás en la labor humana vano el afán ni inútil la porfía. El que con fe y valor lucha y confía, los mayores obstáculos allana…".
Es que él sabe que hoy son más las dificultades en su lucha, que un camino allanado. Pero no se detiene. No teme, no escatima esfuerzos.
Así fue la charla con EL LIBERTADOR, sin pausas, sin enmiendas de conceptos:
EL LIBERTADOR: se anima a hablar de un tema todavía tabú en muchas partes, ¿la droga hace estragos en esta zona de la ciudad?
Padre Pini: creo que es un tema que preocupa a toda la ciudad de Corrientes, y el Interior. Hablo de la realidad que se habla acá. Por ejemplo, el domingo pasado tuve la situación de madres que se acercaron preocupadas porque denuncian en la policía que están vendiendo drogas en la cuadra, y lamentablemente no se toma ninguna acción.
Algunos ponen como ejemplo en el tema de drogas, el caso de Ciudad Evita en Buenos Aires. Nosotros no tenemos que ir a Ciudad Evita ni a la Villa 31, ni al Fuerte Apache. Es una realidad que está cada vez más creciendo en esta zona, en las esquinas. Y uno dice ¿dónde están los padres de los chicos que están padeciendo este flagelo? Evidentemente no han llegado a tomar conciencia de esta realidad, o a qué le tienen miedo. Porque la verdad que están destruyendo la vida de sus hijos, y no estamos hablando de adolescentes, sino de niños, como el caso de una escuela aquí cerquita de donde estamos, donde chicos que van al jardín pasan por la vereda donde adolescentes se están drogando ¡A dónde hemos llegado!
Y estamos viviendo situaciones donde la familia está totalmente desintegrada y la contención no está. Entonces (en la familia) es como que el lugar está abierto; es decir, liberado para que la droga eche aún más raíz en la situación de pobreza, en la falta de proyección hacia el futuro. Pobreza que trae también vivir sin fuentes de trabajo, vivir de los planes sociales. La inflación cada día va ahogando más a la gente. No le alcanza para vivir, entonces vive disparando de un lado a otro. Todo eso genera stress en la familia y a la larga, los padres como que dicen no me interesa, no me preocupa, o tomá esto y andate (le dicen a los hijos).
¿Eso pasa acá?
-Sí. Hoy se hablaba en la charla del tema del alcohol en los jóvenes. Es como que durante el día ve pocos niños y pocos jóvenes. Pero durante la noche es como que comienza a emerger toda esa vida que debería estar contenida en la familia, en el hogar, en la casa. Pero el tema de la droga no es un tema de alguien que vino drogadicto, en la zona todos saben quienes venden y quienes compran.
Con agrado vemos que esto no queda en la homilía. La Iglesia misma está movilizada contra este flagelo, ¿cómo nace la iniciativa de contener a las familias con escuelas de padres y otros proyectos puestos en marcha?
-Nace a raíz de esto que hablamos. Traemos profesionales para que enseñen a tomar conciencia, para que iluminen más con otras palabras. Siempre les digo a los vecinos: no van a ser dueños ni siquiera de salir a la vereda. Es grave.
Es cierto que la droga produce la felicidad. Es la felicidad que no se encuentra en el hogar, que no la encuentran realizándose socialmente. Pero después, el drogadicto queda totalmente vacío y más vacío aún de esa experiencia que lo llevó a la droga. Son canales de evasión. Pero lo triste es que se va perdiendo mucha vida joven. No sólo mata a la persona, sino que también va muriendo la cultura, la ciencia, la paz social. Es decir, un montón de factores con ello.
¿Fue reprochado por alguien por lo comentado en radio? ¿Hay una orden de alguien superior en la Iglesia para tomar cartas en estos temas o es una decisión personal de cada sacerdote?
-La Iglesia tiene sus instituciones. Pero si uno está al servicio del Evangelio, desde el Evangelio tiene que iluminar la vida de todos los cristianos. No es quedarse solamente dentro de las cuatro paredes, y dividir lo que es la fe, de la conducta cotidiana. Por ejemplo, de repente uno encuentra a políticos que fueron al mejor colegio católico pero resulta que en su accionar diario, dejan mucho que desear. Uno tiene que impregnar los conocimientos. A los catequistas siempre les digo: si con el evangelio no ayudamos a formar personas es un barniz que estamos poniendo. Es un barniz que con el tiempo se opaca, se sale. Los chicos deben ayudarnos a cuidar desde el banco, desde la silla, desde las cosas que es de todos en la Iglesia. Eso inculcamos en el Catecismo.
¿Hay una mirada evangélica, por así decirlo?
-Sí, del Evangelio, ya que se habla del bien común, del tema de justicia y la formación en valores. Entonces, creo que la Iglesia tiene la obligación de volver a recalcar en esos valores. Desde el Evangelio, desde el mandato mismo de Cristo.
¿Si estoy viendo que determinadas situaciones o estructuras sociales están atentando contra la vida? ¿Qué debo hacer? Tanto que la Iglesia nos pide que defendamos la vida desde su concepción hasta su término natural. Y si bien la droga no ataca en el comienzo de la vida, pero sí cuando comienzan a dar la vida en este mundo, ¿de qué contención, de qué respeto, de qué cuidado de la vida hablo?
Entonces como dice Aparecida, la Iglesia tiene esta tarea de la prevención. Y en esta línea va todo lo que tiene que ver con la Escuela de Padres, para ayudar a prevenir. El tema del acompañamiento, tanto a la familia como al que ha caído en la adicción. Acompañarlo a salir. Todos sabemos que si bien deja de drogarse va caminando por el límite y, como dijo el psiquiatra, si la familia no cambió la mente, cuando el chico vuelva a insertarse, va a caer nuevamente en las adicciones.
Y por otro lado, creo que hay que denunciar. Denunciar estructuras y sistemas que estén negociando -en su más baja expresión- con la vida humana, que en este caso es vender todo tipo de estupefacientes para que los niños y adolescentes se droguen.
Hoy, los chicos van drogados a las escuelas. No sé cuál es el miedo que se tiene de hablar sobre esto. Estoy hablando de varias escuelas ¿Por qué no hablar? ¿Por qué no mejor unirnos, para luchar contra eso?
¿A usted no le causa problemas decir esto?
Me preguntaron eso en radio. Y dije y hoy reitero: ¿a qué tengo que tenerle miedo? A mí me molestó mucho la respuesta de una persona que hoy está al frente de un área del tema de la prevención y la drogadicción en un diálogo personal, que me dijo: "Sí, uno tiene miedo de decir algunas cosas porque después puede aparecer tirado en una cuneta".
Yo digo: hoy te callás para que no te digan o hagan cosas, pero mañana cuando se meten con tu hijo, tu familia, ahí sí vas a pegar tu grito. Pero por qué esperar a esa instancia, cuando ves que el tema de la droga, como lo dice el doctor Charly Rodríguez, es un tsunami. Si no nos preparamos, el tsunami nos arrastra. Y ya nos está arrastrando mucho. Esto es grave. Tan grave que supimos de una abuela que utilizaba a los nietos para vender paco en la escuela. Son situaciones que se dan, y que se toma como normal. Nos parece normal ver los chicos drogándose. Entonces, todos estamos mal.
¿Qué otras cosas le preocupan?
-La pobreza, porque creo que esa es la base de todo deterioro, de toda promiscuidad, el que la gente no pueda ganar el sustento diario, que no tenga fuente de trabajo. Entonces empieza el tema de la delincuencia, y el adicto que necesita para drogarse tiene que robar, no le importa nada. Hace poco tuvimos el caso de dos jóvenes que tomaron a un niño y lo tiraron en Junín y Rioja para robarle a una madre. Ya ni tienen parámetros, le tiraron al bebé a la calle.
Las niñas-madres, también. A veces hay madres que tienen varios niños que no son del mismo padre. Solamente le interesa el hijo del cónyuge actual. Es muy común también escuchar abuso de los padrastros y el silencio cómplice de las madres. No denuncian porque les interesa más el hombre que cuidar a su hijo. Y de golpe, escuchamos el lenguaje y vemos un comportamiento no habitual en el niño. Una cosa trae la otra. Y es triste. ¿Y uno dice qué se hace? Es necesario que desde el Estado se haga prevención de este flagelo con campañas publicitarias que lleguen realmente.
¿Siente frustración por no poder con todas las demandas, por no tener el eco en las autoridades?
-No sé si frustración. La verdad que trato de dar lo mejor y crear el espacio para que la comunidad encuentre la contención. Y aun, el que no es creyente. Con el tema del comedor, del refugio. No puedo, desde un ambón, hablar de la dignidad humana y respeto a la persona; y pasar como si nada al lado de personas tiradas en la calle.
Pero también uno siente que en la parte institucional hay una incapacidad de diálogo articulado, entre sus distintas dependencias. Y me decía el otro día una funcionaria pública: "Pero padre, ¿por qué es tan duro?". Y le dije que tengo que ayudarles a que hagan lo mejor posible su trabajo. Porque eso hace a la calidad de una institución, a la calidad de gobierno y de una democracia.
Si no marco los errores estoy siendo cómplice de lo que está mal. Pero te estoy brindando la posibilidad de hacerlo juntos y mejor, le digo.
El padre Pini hace una pausa en su explicación. Por cosas de Dios o casualidad, una nueva campanada marca que debe preparase para dar la Misa. Faltaron muchas preguntas, pero todas las respuestas fueron sintetizadas en el siguiente concepto: "Lo que digo es que ojalá que desde la Iglesia y el Estado se vele por los que están más frágiles, más vulnerables, porque nadie puede hablar de dignidad cuando el que está al lado vive una situación indigna", sentenció.
EL LIBERTADOR sale de la entrevista con una imagen distinta con la que ingresó. No hubo solemnidad, más que la solemnidad de Cristo y los santos que son venerados en el atrio: un San Expedito, una Virgen de Itatí, entre otros. Y muchas personas "alegres" en los alrededores, señoras grandes, jóvenes, chicos…
Es casi paradójico: en un área tan temida de la ciudad, donde reina la oscuridad y los malos hábitos, hay una luz que resplandece; y llama… ¡sí! ¡Llama, convoca, atrae!… Está en calle Salta y avenida Teniente Ibáñez de Corrientes Capital: iglesia Virgen de Itatí, un lugar donde se encuentra contención y guía.
Padre Pini:
Nombre completo: Roberto Carlos Pini. Le dicen: Padre Pini.
Fecha de nacimiento y lugar: 3 de marzo de 1969 en Bella Vista, Corrientes.
Crianza: en el campo, zona de Isla Alta.
Estudios: Escuela 192 De Isla Alta. Colegio Nocturno Nacional con especialización en Administración de Empresa.
A los 20 años ingresó al seminario La Encarnación.
Hizo Pastoral en Pastoral en Resistencia (Nuestra Señora de la Misericordia), después en: lo que ahora es Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás de Molina Punta; Cristo Obrero; iglesia Catedral e iglesia La Cruz de los Milagros hasta el año 2006, cuando fue derivado a la iglesia Virgen de Itatí.
Obras conducidas: comedor que funciona de lunes a viernes para desayuno, almuerzo y merienda; refugio Madre Teresa de Calcuta, donde se alojan mujeres indefensas; talleres de peluquería, cosmetología (en días, se inaugura el de música, como espacio de contención para niños) que brindan conocimientos y una salida laboral a sus alumnos.
Funciona también un club de abuelos.
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