Por Roberto García.Contrariando las evidencias, el ministro desmintió la existencia de la diplomacia paralela. Marcó del Pont, de ser Mercedes a ser “fitito”.
Debutó Timerman rectificándose en apenas 24 horas por el caso Sadous y, de paso, sostuvo que la diplomacia paralela atribuida a la Casa Rosada en su relación con Venezuela era una invención del periodismo. Tal vez el nuevo ministro nunca vio el video de Hugo Chávez cuando, en su visita a la Argentina en el primer tiempo de Cristina, en la Casa Rosada –y con Antonini Wilson como testigo de honor creyendo que lo de la valija con 800 mil dolares nunca llegaría a los diarios–agradeció los favores de la Presidenta, de Néstor, de Claudio Uberti y de Julio De Vido. Nunca inscribió a Taiana en ese recordatorio privilegiado que algún tenaz revisor de viejas copias podría sacar a la luz. Eran, hasta ese día, tiempos felices y prósperos entre los mandatarios
A nadie sorprendía esa doble vía de negocios por un lado y la diplomacia del cóctel, aislada, por el otro. ¿O acaso se olvidó la gestión previa, seguramente ajena a Relaciones Exteriores, por la cual la Argentina recibiría una dádiva china que le permitiría eliminar su deuda externa? Tal vez fue Ricardo Jaime quien, en su viaje a Oriente, entusiasmó a Néstor por esa posibilidad; poco y nada quedó de aquel periplo, de los contactos extraoficiales, apenas algún material rodante para los ferrocarriles y, quizá, una colaboración más estrecha con una empresa de motos en Córdoba, por la cual investigan hoy al ex funcionario del Transporte y con la que, se aclaró, el hijo de De Vido ya no tiene nada que ver. Aunque le haya vendido unidades a provincias kirchneristas y le permitieran difundir sus productos en el Fútbol para Todos cuando esa emisión no aceptaba publicidad privada. Nada que ver con lo paralelo.
Timerman sumó expresiones sobre el off the record y la preservación de las fuentes en sus clases de periodismo frente a las cámaras, todo en la inauguración del mandato, temas que considera incorporados a la profesión. En rigor, uno es fruto de la transacción, quizá del chantaje, y al otro más de un juez en el país debería averiguar si está protegido legalmente. En todo caso, son desvíos no deseados de la actividad, tratos que guste o no sólo sirven para que el lector sospeche razonablemente de la veracidad informativa. Una lástima que tambien esto lo ignore Timerman.
Tropezado entonces su comienzo, aunque el propio Néstor lo salvó con declaraciones aún menos aceptables, casi típicas. Primero, al eludir la hechura del fideicomiso y, luego, cuando impávido dijo que un buen canciller sucedía a otro buen canciller. ¿No lo echaron a Taiana por desleal –palabra que en el peronismo se expresa de otra manera– por suministrar información privilegiada a Clarín en más de una ocasión, dato que seguramente no hizo circular la Presidenta (lo que prueba la deslealtad), dama que tampoco podría explicar cómo se enteró de esos diálogos personales y secretos, sean telefónicos o vía e-mail? Tan mendaz el gracioso comentario del titular del Unasur como la avanzada oficialista que, para convencer al público virgen por cuanto medio periodístico hubiera, juraron que el embajador Sadous no iba al Congreso porque no quería ni se le antojaba, justo cuando se sabía del pedido de autorización de éste a Taiana para la concurrencia, venia y último acto del ministro al despedirse. Sorprende tanta manipulación del lenguaje en tan poco tiempo.
No es lo único: atónito debe haber quedado quien escuchó al vocero de Hugo Moyano decir que “los gremios con sueldos altos no necesitamos compensar el atraso” (por la firma de un porcentaje menor al de la inflación y mucho menor al de otros sindicatos). Hace tiempo que no se atiende una manifestación antiobrera tan pronunciada o, para decirlo de otro modo, tan insólitamente proempresaria, casi de la UIA o Adeba (o como si las empresas de camiones le pertenecieran al jefe gremial). Ni el poderoso Jimmy Hoffa se hubiera atrevido a ese esperpento, menos su ex jefe en Camioneros, Ricardo Pérez, quien para justificar su liderazgo siempre afirmaba: “Hay que volver de la paritaria con un buen aumento, nunca menos del alza del costo de vida”. Pensar que, desde Los 25 combativos, Pérez se quejaba de que “los gordos” son reversibles, flexibles, inservibles. Nunca lo podía imaginar de Moyano, su forzado descendiente. A pesar de esta moderación sindical, la situación empresaria sigue confusa: buenas señales de crecimiento, pero ninguna inversión, temor incluso por el retiro de ciertas compañías. Petrobras, por ejemplo, ya se desprendió de buena parte de sus estaciones de servicio y, en pocos días, completa la total realización. ¿Se va solamente de esa actividad del sector energético?
Pero en la Rosada se arguye que si unos se van, otros entran. Sobre todo, cercanos, como el caso del empresario cordobés Ferreyra (Electroingeniería). Este empresario tan aliado de Carlos Zanini, de la mano de De Vido, no sólo acecha Edesur (podría bajarse), también participa de un grupo para quedarse con Metrogas y, por si no alcanzara su voluntad expansiva, hasta avanzaría sobre un banco: ya negoció con García Córdoba la venta del Finansur, sólo le resta la autorización del Banco Central. Como el grupo Swiss Medical, de Claudio Velocopit, que se quedaría con el Banco de Formosa siempre. Por supuesto, también este empresario pesca en altura a cambio de expresar su vocación por el proyecto K. Del instituto de Marcó del Pont no se esperan novedades contrarias, ni exagerada revisión de antecedentes Ella, en cambio, más allá de cierto cariño que le profesa Cristina, tuvo algunos desencuentros –no debe ser agradable promover la política cambiaria contra la que se luchó tanto tiempo– con la cúpula política, parece difícil que le renueven el mandato en septiembre la han miniaturizado o devaluado: ya no es Mercedes, dicen, sino un Fiat 600. Los hombres no tienen piedad con el género femenino.







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