Timerman sufre el método k: ninguneos y embajada paralela de Folonier

El canciller se enteró por los medios de la visita del presidente uruguayo José “Pepe” Mujica. “Para que quieren una Cancillería”, gritaba indignado por los pasillos del ministerio. “No lo vamos a dejar nombrar a nadie”, advertían desde la Casa Rosada. Sufre la diplomacia paralela de Rafael Folonier, el operador de Kirchner para la Unasur. El “efecto Sadous” y el plan para jubilar 70 diplomáticos. La sombra de Krekler.
Néstor Kirchner se ha especializado en vaciar de poder a sus funcionarios. Con los años perfeccionó el método que por estas horas sufre Héctor Timerman. Es curioso como se dan las cosas. De la boca para afuera, en Twitter o en los medios, el canciller ofrece una visión ultra de su militancia kirchnerista, que acaso erróneamente se asimila a su cercanía al centro del poder.

Nada más lejos de la realidad. Como buen peronista que es, Kirchner se divierte encumbrando personajes que se marean rápido con las mieles del poder, para recordarles cuando menos lo esperan, que están ahí de prestado, que la importancia que acaso le asignaban a su función es pura escenografía y de cartón.

“No entiendo para qué quieren una Cancillería si arreglan todo por afuera”, gritaba furioso ayer por la noche Timerman ante la socarrona mirada del personal del Ministerio de Relaciones Exteriores, que le metía el dedo en la llaga indagándolo sobre el imprevisto viaje de José “Pepe” Mujica, que cerró hoy con la Presidenta un acuerdo para realizar un monitoreo conjunto no solo de la ex Botnia, sino de los establecimientos instalados en ambas márgenes del río Uruguay.

Acaso Timerman, que venía llevando adelante las negociaciones, imaginaba que ese momento de gloria iba a quedar en sus manos, pero sobre el filo los Kirchner lo corrieron de escena de mala manera, reduciéndolo al rol de fastidiado vocero de lo que decidió la “diplomacia presidencial” en la Quinta de Olivos.

El verdugo del canciller no fue otro que el experimentado Rafael Follonier, canciller en las sombra de Kirchner para todo lo que sea Unasur, es decir para casi todo lo que le importa.

Follonier tiene una relación de amistad de hace años con “Pepe” Mujica y fue quien acordó el imprevisto viaje de hoy del presidente uruguayo. A Mujica, como a los Kirchner, le encanta puentear la burocracia formal del Estado y resolver en persona los conflictos políticos. “El viejito es genial, habla con “El Rafa” –por Follonier- y sin más trámite se sube al helicóptero y aterriza en Olivos”, explicó a La Política Online un experimentado diplomático que se divierte con las angustias de Timerman.

Ni un nombramiento

Pero el puenteo no es el único martirio que recibe el canciller por parte de sus jefes. Todavía no había reemplazado los cuadros del despacho que le dejó Jorge Taiana, que empezó a darse cuenta que su poder para designar a sus colaboradores iba a ser menos que cero. Ese es el método k.

Un poco naif, Timerman había desembarcado en la Cancillería con un organigrama muy preciso. En primer lugar, pretendía era designar a su amigo, el periodista Martín Granovsky, como embajador en Estados Unidos. Esa sede y el consulado en Nueva York, que ocupó antes de ser ascendido a Washington, Timerman las considera su coto privado. Tan es así que desde que dejó el consulado nunca se designó un verdadero reemplazante en la ciudad de la manzana, hoy a cargo de un muchacho que lleva los papeles y no mucho más.

Además, Timerman pretendía además designar como vicecanciller al experimentado Alfredo Chiaradía para que le administre “la casa”, como los diplomáticos llaman a la Cancillería. Doble fracaso. Pero los Kirchner tuvieron otra idea. Designaron a Chiaradía embajador en Estados Unidos y Timerman tuvo que conformarse con nombrar a Alberto Dalotto como número dos, un diplomático de carrera que integró el círculo áulico de Jorge Taiana y que hoy no es visto con mucho cariño por los ex colaboradores del renunciado canciller.

“No va a poner a nadie”, fue la frase escueta que llegó desde la Casa Rosada. Y hasta ahora se viene cumpliendo. Y en otra marca registrada de los Kirchner, le nombraron cerca, muy cerca, a un eventual reemplazante. El nuevo secretario de Relaciones Económicas es Luis Krekler, un hombre de acceso directo a la Presidenta y a Julio de Vido, que sonó como canciller en las horas posteriores a la renuncia de Taiana.

El efecto Sadous

En la Quinta de Olivos todavía no se les pasó la furia por el baile al que forzosamente los invitó el embajador Sadous, con su denuncia de la cancillería paralela y las coimas en Venezuela. Como era previsible, Kirchner le ordenó a Taiana que haga una “limpieza” profunda entre el cuerpo diplomático, que imagina es una cantera de incorregibles conspiradores.

El plan es simple: jubilar a todos los diplomáticos necesarios hasta llegar a Sadous. El régimen previsional que se aplica a estos funcionarios indica que los embajadores se jubilan a los 70 años, los ministros de primera a los 67 y los ministros de segunda a los 65. Fiel a si mismo, Kirchner ordenó que jubilen a absolutamente todos los que hayan superado la edad legal. Se trata de una interesante carnicería que alcanzará al menos a 70 diplomáticos.

Entre los habitantes del Palacio San Martín hay sensaciones contrapuestas, ya que no son pocos los que secretamente se imaginan accediendo a lugares más expectantes ante los vacíos que se producirían si se concretan las masivas jubilaciones. Pero claro, gente refinada, tampoco está muy cómoda con semejante blitzkrieg y preferirían una renovación por “etapas”.

El problema claro está, son los objetivos de la embestida, que ya empezaron a deslizar amenazas de juicios y protestas varias. Timerman no está nada cómodo con la idea de estrenar su cargo siendo el emblema del ajuste más salvaje que se recuerde en la Cancillería y retrasa la decisión, lo que no hace sino aumentar el fastidio del principal inquilino de la quinta de Quinta de Olivos.

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