Cientos de personas escucharon a fin de año, al menos, cuatro grandes estallidos en las localidades de Antillas, San Lorenzo y El Potrero, en Rosario de la Frontera.
El Tribuno viajó al lugar en busca de respuestas, pero hasta el momento nadie pude explicar con certeza qué fue lo que sucedió en el municipio sureño, en el límite con Santiago del Estero y Tucumán.
El misterio floreció en uno de los rincones más tradicionalistas de Salta. Para algunos “son macanas”. Para otros “cuentos populares” y “fantasías”.
Pero quienes escucharon las explosiones solo esperan que no se repitan, aunque nadie les pueda explicar de donde surgieron.
Desde el pico del cerro de La Calera no se aprecia ninguna explotación minera hasta donde llega la mirada del hombre.
Tampoco se ve a simple vista una falla geológica o socavón de gran dimensión por entre las numerosas quebradas de un lugar que es accesible a pie y a puro temperamento.
Otra hipótesis es la del factor geológico. En la zona, como en varios puntos de la provincia se registran antecedentes sísmicos. Imposible no mencionar la desaparición de la ciudad de Esteco y los terremotos en la estancia El Rey, aunque son muchos más los temblores registrados. También hay que mencionar que en el departamento se conocen varios puntos donde brotan aguas termales y no por nada a Rosario de la Frontera algunos comunicadores le dicen “la ciudad termal”.
En cuanto a la evidencia, hay que ubicar al cerro de La Calera a 26 grados, 9 minutos, 16 segundos al sur y 64 grados, 45 minutos y 24 segundos al oeste. Desde que se escucharon las primeras explosiones, el sismo registrado más cercano fue el del 29 de diciembre, de 2.7 grados en la escala de Richter. El epicentro fue cerca de la finca La Hoyada, a menos de 70 kilómetros en línea recta.
El 15 de diciembre fue señalado por la mayoría de los testigos con los que habló este medio como el día en el que se sintieron los primeros estallidos. El Inpress (Instituto Nacional de Prevención Sísmica) registró un temblor de 2,8 grados, pero el epicentro fue en la Quebrada del Toro.
El sismo más importante desde que se registraron las explosiones fue el 31 de diciembre y alcanzó los 5,2 grados en la escala de Richter. Pero el epicentro se ubicó a 10 kilómetros al suroeste de Pichanal y a 40 de Orán.
Todo parece indicar que las explosiones que se escucharon a mediados de diciembre no tienen vinculación con los sismos registrados.
Hay una hora y media en 4 x 4 hasta el pie del cerro La Calera, que enfrenta al Cerro Negro, donde habría una especie de falla geológica en actividad, según algunos relatos o explotaciones mineras, según otros.
Ahí vive Benito Balmaceda, puestero de la finca Ciervo Yaco, administrada por Carlos Adet. Su casa está hecha con fantásticos tablones que salieron de alguno de los dos importantes aserraderos que existieron en Antillas, retazos del paso del ferrocarril, que llegó al lugar en 1920, hasta su desaparición en los '90. “Queda un poco retirado donde estaría el pozo de aire, yo no lo vi nunca”, dijo el baqueano del puesto Santa Elena.
Tipas, nogales y laureles imponentes tapizan el paisaje. Abundan los helechos silvestres y flores del aire. Solo hay sendas de vacas orejanas, chúcaras, que se escaparon de los hombres. “Yo soy como el garabato /pura flor y pura espina /parece que nada valgo /pero doy perfume y vida”, decía el genio, Abel Mónico Saravia. Menos linda es la realidad de esa planta bárbara, porque en esta época hay que hacerse camino con el machete para procurar no ser víctima del implacable garabato, que rasga las ropas y la piel con sus espinas ponzoñosas. También hay que tener cuidado con las víboras y las incómodas garrapatas. Hay que caminar cuatro horas hasta el abra, generalmente, bajo un calor agobiante.
El principal Daniel Suárez, a cargo de los destacamentos locales de la Policía dijo: “Se hicieron unas derivaciones a la Justicia por una denuncia del municipio de El Potrero, por la supuesta presencia de minería clandestina. Algunos dicen que los ruidos son producto del viento y otros que hay una gran quebrada. Pero son versiones que pudimos recoger. Nuestra presencia es preventiva y también para llevar tranquilidad a los pobladores”, dijo.
El oficial Rafael Balmaceda es oriundo de la zona y conoce bien esos cerros, igual que Benito Balmaceda, el guía de la excursión. Desde el pico del cerro de La Calera explicó: “Estamos a tres quebradas del cerro de donde vendrían los ruidos, que pueden ser por el viento. Podemos ver en el lugar piedras muy grandes que se pueden desprender y amplificar el ruido por la quebrada. No se ve ningún pozo, ni tampoco explotación minera”, dijo.
Benito Balmaceda piensa lo mismo. “Pueden ser las piedras y el viento. No se ve desde este lado algún pozo”, dijo el lugareño. Algunos podrán decir que el cerro se enojó. La realidad es que en el momento en el que se alcanzó la cima se desató una tormenta, que obligó a la retirada. No había pozos ni explosiones de dinamita. Había unas grandes peñas, desmoronamientos en el cerro. Se puede presumir que un desprendimiento semejante puede ocasionar un gran ruido por las quebradas. Pero el misterio no está resuelto.
Por eso, el gaucho y docente, “Cacho” López ya organiza una revancha contra el cerro. “Para el invierno estamos planeando otra excursión desde otro lugar, pero a la misma zona. Invitamos a todos a participar y colaborar”, dijo. Las cuatro explosiones que sintieron cientos de salteños, por el momento, seguirán siendo uno de los Enigmas de Salta.
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