Por Mariano GrondonaDespués de sucesivas derrotas en las votaciones de los jueces y los abogados, Néstor Kirchner ha perdido el control del Consejo de la Magistratura. Como ya no podrá designar a su antojo a los futuros magistrados, aquí se ha iniciado para él una cuenta regresiva.
Al iniciar ahora una querella criminal contra los directivos de Papel Prensa, ¿no está lanzando Kirchner una maniobra similar a la que empleó en el Congreso, aprovechando esta vez el "poder judicial residual" que todavía le queda? Después de las fuertes discrepancias con la Suprema Corte a propósito de temas como la reposición del procurador general de Santa Cruz Eduardo Sosa y la extradición del terrorista Galvarino Apablaza, pedida por todo el arco político chileno para juzgarlo por los crímenes que cometió en los años noventa, ya en plena democracia, resulta evidente que el Poder Judicial residual del ex presidente se está debilitando. Sin embargo, lo mismo que intentó en el Congreso, Kirchner se aferra a los escuálidos batallones que aún le quedan en el Poder Judicial. Uno de ellos está bajo el mando del controvertido juez Norberto Oyarbide. ¿Estará otro a cargo del juez Arnaldo Corraza? La pregunta es pertinente porque es a él a quien Kirchner ha escogido para materializar el más ambicioso de sus sueños: tenerlo preso, aunque sea por un breve tiempo, a Héctor Magnetto. A la inversa que los demás directivos de Papel Prensa, Magnetto tiene menos de setenta años.
A pesar de que tendría una enorme repercusión interna e internacional, someter a Magnetto a la vejación de un arresto intempestivo satisfaría la sed de venganza de Kirchner pero también demostraría que, puesto contra las cuerdas, el ex presidente está dispuesto a exacerbar su lucha por el poder en todos los terrenos donde aún le queden algunas posibilidades, aunque éstas sean menguadas.
Maquiavelo escribió que el príncipe debe tener tres objetivos entrelazados entre sí: conquistar el poder si no lo tiene, retenerlo si lo tiene y recuperarlo si lo perdió. Pero estos son los objetivos de los gobernantes absolutos. Como lo señaló Natalio Botana en LA NACION, el objetivo de los gobernantes republicanos es ejercer el poder sólo dentro del plazo que les ha fijado la Constitución porque su rasgo característico es, al contrario que el de los déspotas, "la aceptabilidad de la derrota". Si no puede ganar, si tiene que perder, el objetivo de Kirchner será en cambio dejarles a sus atribulados sucesores una tierra arrasada en 2011, con la esperanza quizá vana pero seguramente destructiva de recuperar un día el poder, según pasen los años.



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