Mientras en la Argentina hay solamente 10 destilerías de alcohol en los ingenios, el país vecino cuenta con unas 500. En el Primer Mundo ya se avanza hacia la segunda generación de combustibles bio.
“De los 7,5 millones de hectáreas aptas para el cultivo de caña en el NOA, un tercio podría comenzar a producir en lo inmediato si se hicieran las inversiones necesarias”, advirtió el ingeniero Luis Jaimovich, docente universitario y ex secretario de Ciencia y Técnica. El experto considera que la reciente nacionalización de YPF es un hecho altamente positivo, pero que las inversiones necesarias para extraer hidrocarburos se estiman alrededor de 20 millones de dólares, se requiere alta tecnología y habrá un impacto ambiental importante. Paralelamente, no se destinan recursos para impulsar la incorporación del biocombustible a la matriz energética nacional. Hay un 80% repartido solamente entre gas y petróleo, con poca participación de hidroeléctrica y nuclear, y menos todavía de los biocombustibles. Hoy el biocombustible que más se produce en la Argentina es el biodiesel, con el aceite de soja, que es un subproducto de la actividad sojera.
“Lo que haría falta acá es comenzar a pensar como política de estado el desarrollo de un proyecto para la producción de energía a partir de los recursos renovables -propuso Jaimovich-. Eso no implica solamente la idea sencilla de la producción de etanol a partir de la caña”. Al respecto mencionó un trabajo de dos investigadoras del Conicet, presentado en un importante congreso de economistas en 2011, donde se ofrece un balance del contexto internacional y de la situación argentina respecto de los biocombustibles y la biotecnología. El informe completo se puede consultar en el siguiente link de internet: http://www.ceur-conicet.gov.ar/imagenes/biocombustibles2.pdf
Las autoras, Evelin Goldstein y Graciela Gutman, analizan las nuevas tecnologías disponibles y en desarrollo, y su importancia para el mediano y largo plazo. Señalan que existen biocombustibles de primera generación, que son los producidos comercialmente -llamados convencionales- y cuya materia prima puede ser azúcar, almidones o aceites, y que son obtenidos a partir de granos (como el maíz o la soja), la caña de azúcar, la colza, el trigo, el girasol, etc. El biocombustible más común es el bioetanol, que representa el 80 % de la producción mundial, y después el biodiesel, que nosotros obtenemos a partir de la soja.
Intensifican las investigaciones
Hoy se trabaja en el desarrollo de los biocombustibles de segunda generación, que se obtienen a partir de una materia prima no alimentaria. Incluye todos los desechos, como tallos de trigo, los rastrojos del maíz, madera, pasto, plantas celulósicas, y todos los residuos orgánicos municipales. Requieren procesos más complejos. Una tercera generación de biocombustibles se obtiene a partir de áreas cultivadas para generar biodiesel a partir del aceite de alga.
Si bien el bioetanol se puede obtener a partir del grano del maíz o del trigo, el proceso es más costoso y rinde menos ganancia que cuando se lo elabora a partir de la caña de azúcar. Rinde cinco veces más la caña. Por otro lado, en el resto del mundo se están haciendo grandes inversiones en investigación para avanzar hacia los biocombustibles de segunda generación. El trabajo con las algas es el que promete mejores resultados, pero todavía no hay avances importantes en la materia.
Hoy nuestra región puede aportar procesos de primera generación, poniendo destilerías a producir etanol en los ingenios. Pero eso se va a ver superado muy rápido en los próximos diez años, porque van a aparecer las segundas generaciones de biocombustibles y toda nuestra tecnología quedará rápidamente obsoleta. La mayoría de los esfuerzos en la búsqueda de esa segunda generación está puesta en el desarrollo de enzimas y levaduras adecuadas para usar en el proceso de producción. El costo de esas enzimas es clave. Lo que se busca es obtenerlas a bajo costo.
En Estados Unidos existe una enorme producción de maíz, que es menos rentable que la caña para la producción de alcohol. Pero si avanzan, como se prevé, hacia la segunda generación y producen biobutanol, mediante un proceso más eficiente, lo convertirán en un producto muy rentable, según advirtió Jaimovich. “En la Argentina también se están haciendo inversiones para la producción de alcohol de maíz y no se está poniendo plata para incrementar la producción de alcohol de caña, que es de alta calidad -dijo-. Brasil, en cambio, está invirtiendo para hacer más eficiente su producción de etanol de caña. Si hubiera una política energética abarcativa, la Argentina podría integrarse al Brasil para incorporar sus tecnologías generar un gran mercado azucarero-alcoholero, y además introducir importantes transformaciones en todo lo que hace a la cultura cañera de la región”.
En Brasil existen unos 80.000 pequeños productores, que conviven con gigantescos productores. Estos cuentan con medios industriales no sólo para producir azúcar y alcohol sino también energía eléctrica. Tienen plantas piloto donde utilizan absolutamente todos los residuos. Es algo similar a lo que hace el ingenio Tabacal, en Salta, donde cuentan con una central de generación eléctrica que se alimenta de bagazo. Pueden hacer toda la producción sin incorporar energía externa, e incluso con un remanente de energía para vender a la red.
Con respecto al uso del bioetanol, el más masivo -por ejemplo en Brasil- es en la mezcla con naftas para el transporte. Aunque los brasileños cuentan ya con motores que funcionan sólo con alcohol, todavía no está generalizado su uso. Lo más común es el motor que anda con mezcla al 20 %. En el futuro, el uso del alcohol puro permitirá disminuir la contaminación. Ya se está experimentando con un motor con generador eléctrico alimentado a etanol. “También la química del alcohol y sus derivados tiene innumerables aplicaciones, que se van a desarrollar durante las próximas décadas. Pero para ello hace falta inversiones que estimulen una mayor producción de etanol”, remarcó el experto.
Se puede aumentar 21 veces la producción
En la Argentina hay alrededor de 7,5 millones de hectáreas aptas para el cultivo de caña de azúcar (2,5 de las cuales son muy aptas), lo que permitiría incrementar en forma exponencial la producción de etanol y resguardar, al mismo tiempo, los bosques nativos, la biodiversidad y la seguridad alimentaria, según el INTA.
Actualmente en Argentina hay 350.000 ha y 10 destilerías para la producción de bioetanol de caña. Brasil, que es el principal productor mundial de etanol de caña de azúcar cuenta con ocho millones de hectáreas de caña y casi 500 destilerías.
Si bien en el país existen cada vez más iniciativas para producir bioetanol a base de maíz, lo cierto es que el cultivo de caña es mucho más eficiente en términos de producción de energía por hectárea, por lo que los investigadores del INTA recomiendan orientar la producción en ese sentido.
El ingeniero Luis Jaimovich explicó que, con las actuales tecnologías, la caña es cinco veces más eficiente para la producción de alcohol, que el maíz. “Por eso es que en Brasil, con muy buen criterio, en la década de 1970, a pesar de que el barril de petróleo estaba en 10 o 15 dólares en ese momento y era más barato que hacer alcohol a partir de la caña de azúcar, lo vieron como una inversión a futuro -contó-. Esa inversión les resultó enormemente redituable, porque hoy el 20% de su requerimiento energético está cubierto por combustibles de origen bio y con muchas posibilidades de ampliarse en los próximos años. A lo que se suma el hecho de que, después de esto, descubrieron petróleo”.
El desabastecimiento no se resolverá sin plan energético
El ex secretario de Energía, Daniel Montamat, aseguró que si no cambia la política energética, la nueva YPF no va a resolver el problema del autoabastecimiento. "Tiene que cambiar la película. Si es mala los resultados va a seguir siendo malos", señaló Montamat en el 29° Congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF). El consultor dijo que, en ese escenario, "YPF no va a resolver el problema del autoabastecimiento, ya que su peso específico en el mercado energético nacional es limitado". Por su parte, el titular de Energy Talent, Agustín Castaño, consideró que "la Argentina debe comparar su sector petrolero con el de Colombia, que consideró un modelo de políticas energéticas", y criticó la decisión de la Argentina de transferir los recursos hidrocarburíferos a las provincias.
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